viernes, 6 de octubre de 2017

UN DÍA COMO HOY, pero en 2016: Luisa Elena Betancourt: "Del Malandro al Culto Malandro"


La artista indaga a través de su obra en los orígenes de la violencia que devora Venezuela.
La palabra malandro, procede del  italiano “malandrina” designa a personas de mal vivir, salteadores, vagos. Pero también se asocia a un tipo de lepra o sarna. Enfermedad contagiosa y mutilante. Por tanto el leproso simboliza a seres estigmatizados. ¿Es acaso el malandraje una lepra  psíquica? En el diccionario crítico y etimológico de J. Corominas afirma estos orígenes, o del catalán antiguo bellaco, rufián, que parece haber significado primitivamente pordiosero, leproso, derivado del latín malandría especie de lepra, salteador de camino; y ellos se ven muchas veces atacado de lepra y otras enfermedades.

Este significado podría acercarnos a  este fenómeno,  al asociar el malandraje a una metafórica lepra moral o espiritual, al convertirse en religiosidad a través de la Corte Malandra. Y bandas armadas mutadas en cofradías    temidas, admiradas al grado de llegar a ser objeto de culto. Como ocurre con el Chamo Ismael y sus santos compañeros. Expresión de la descomposición moral, y cultural de un país. Se genera así una dialéctica donde el no creyente busca protección contra estas expresiones contemporáneas del mal, en el mal mismo a través del culto a sus representantes con oraciones, estampas, escapularios que le permiten sobrellevar al menos psíquicamente este terror de la urbe.



en la serie Identidades, recrea los diversos cultos que se están reinventado en el país,  algunas cortes. Así nos acerca a la dinámica de la mentalidad mágica del venezolano. Y uno de sus ejes conceptuales es la Corte Malandra. La artista nos lleva a través del arte contemporáneo a un acercamiento estético a este culto, como respuesta religiosa, y mágica de la psiquis del venezolano ante el desbordamiento de la violencia. Religiosidad que  está asociada a conflictos socio- culturales irresolubles en el presente, como son los homicidios, los enfrentamientos de banda, los secuestros, el sicariato, el pago de vacuna, las pobladas, el asalto en todas su formas… Los datos hablan por sí, el Observatorio Venezolano de Violencia  destaca que en el 2012 hubo más de 19.000 homicidios, aproximadamente 50 muertes violentas por día.  Y en el 2013 un estudio encontró que el 36% de los venezolanos considera “fácil” encargar un asesinato en su comunidad, según recoge la I Encuesta sobre Delito Organizado en Venezuela, presentada en Caracas y realizada por la asociación civil Paz Activa con apoyo de la Unión Europea.


Esta religiosidad se va reinventando día a día, con sus jerarquías como serían los oficiantes generadores y sustentadores   de rituales de  iniciación. Crear espacio de culto, fechas sacras, una simbología corporal a través del tatuaje, la indumentaria. Esto integra un cuerpo mitológico, y ritual que busca adentrar al neófito, a ser piel y alma de estos iconos del mal vivir.


De ahí que la artista Luisa Elena Betancourt, cree estas obras en capas cromáticas de fotografías,  dibujos,  y pinturas  para expresar lo complejo de esta realidad. Fusiona fondos de plantas y elementos usados en el culto, que acompañan los altares privados y públicos,  como: vasos de bebidas alcohólicas, velas, frutas, caramelos para buscar protección mágica de los malandros en sus acciones delictivas y protección del creyente contra el malandraje.


Esta realidad es producto del caos social y económico de nuestra historia y de la Venezuela del siglo XXI. Los contenidos conceptuales que incorpora la creadora, están plenos de ironía y humor, a través de las asociaciones que se crean en este contexto simbólico.  El espectador irá descubriéndose al adentrarse en las obras. Pues, la conversión de anti valores en  valores de respeto y culto,  parecieran  una broma del destino. La fuerza cromática de la propuesta, la espontaneidad de la pincelada y el dibujo expresan la revelación de esta dimensión de nuestra sociedad. Se establece una aproximación estética a lo caleidoscópico de este fenómeno por el uso  de técnicas estéticas clásicas y contemporáneas como son los programas para el tratamiento de fotografías, el plotteo, el collage visual, el graffiti urbano fusionado con  lo  pictórico y el dibujo  propio del lenguaje plástico de la artista; que se evidencia también en las sublimes pinturas de la selva nublada tropical y en las series de aves como son los Sorocuas o Miracielos, inspirada en su vivencia de la Colonia Tovar.


La pose agresiva e irreverente de Ismael es exorcizada al igual que su indumentaria, por destellos de colores tropicales,   reveladores de una luminosidad propia del Caribe. Él con su cachucha ladeada, tabaco en la boca, y pistolas al cinto se convierte en  icono urbano. Tanto la indumentaria como el lenguaje corporal, se transforma en  envestidura ritual. De este modo se sacraliza uno de los instrumentos que dan poder en la calle, en el barrio, en la cárcel: las armas de fuego.

La artista con su sensibilidad logró captar este hueco negro de nuestra alma colectiva, obra que se expuso por primera  en  el Ateneo de Maracaibo, 2009. Y se ha seguido exponiendo  a nivel regional. En una reciente muestra, le llamo a la artista la  actitud de un sacerdote ante la obra:
“Recuerdo las palabras del un sacerdote joven al contemplar  la exposición, cuando se presento en la Asunción Margarita.  Para él contrastaba la belleza de la presentación con la realidad que representa. Me dijo creía que lo llevaban a la celebración de un bautizo; y cuando comienza a bajar las escaleras y comienza a ver la temática se quedo sin palabras. Se agacho ante una de las imágenes no sé por qué motivo, y luego me dijo que él trabajaba en la cárcel con los malandros y en especial con el Pran de allá.”


Gusto al sacerdote la manera de presentar esa temática, pues consideraba que se le quitaba poder al presentarla con esa candidez y belleza. Pues de otra manera es casi tabú y misteriosa “. (Luisa Elena Betancourt, 2013)
Es importante la senda que asumió Luisa Elena Betancourt,  a través de la investigación de nuestra cotidianidad, y del trabajo de taller que le permitió este  acercamiento a La Corte Cale:
“La técnica experimental; es muy dinámica y emplea todas las herramientas contemporáneas que tienen que ver con la digitalización de la imagen sin perder lo tradicional de la pintura y el brochazo característico de mi trabajo. Considero esta manera de trabajar como un acontecimiento donde sucede lo inesperado y se pierde el orden tradicional del resultado final. En esta serie celebro el humor con alegría picaresca
Pero respetando las creencias y devociones del otro.” (Luisa Elena Betancourt, 2006)


Se hibridan de esta manera diversos momentos de la creación en capas, para crear una obra que a su vez son muchas, como lo evidencia cada una de estas piezas. No sólo se asume belleza, sino que se indaga, refleja y se provoca la reflexión sobre una realidad,  donde se esconden muchas de las claves de nuestra fragmentaria venezolanidad, de los caminos que estamos transitando y los códigos simbólicos para provocar en el otro la comprensión de las causas de ese presente y de sus posibles futuros, sino se actúa ante esta realidad.

Cada una de estas obras, como Rezos a la Corte Malandra, 2009 nos adentran en las múltiples capas de nuestras creencias, y de un imaginario dinámico donde se integran arcaísmos, junto a expresiones de nuestro devenir histórico- político contemporáneo. Se está ante el poder de fuerzas irracionales, como es la banalidad del mal y se evade la comprensión y solución de esta problemática a través de lo mágico-religiosas  al convertirlo en una fe. Creación colectiva, que direcciona las pulsiones del inconsciente y ancla al venezolano en una realidad que le permita aceptar pasivamente la conflictividad de  esta  realidad histórica. Impidiendo  la reacción moral y activa.  Así, el  malandro Ismael, y su corte es percibido   por fuerzas psíquicas  ante las cuales, la conciencia y la racionalidad se ciegan,  se actúa dejándose llevar por lo irracional y lo emocional, proceso común   a las corrientes que han dominado  nuestra  historia contemporánea. El arte se transforma así en algo más que la búsqueda de la belleza, al asumir problemáticas actuales que son necesarias repensar, y comprender  para salir del laberinto histórico en que nos encontramos.


Oración al Chamo Ismael:
Con el Poder del Santísimo Creador y las Cortes Espirituales, / ya con el Poder concebido de las Cortes entre una de ellas, /como la Corte Baja, ya nombrada Malandro. / Aquella persona que tenga, / su fe puesta en mí y obtenga esta estampa, / será protegida de toda brujería, hechizos, /y toda maldad que esté relacionada con mi corte.
Amén.

Tres Padrenuestros y un Avemaría.

UN DÍA COMO HOY, pero en 2006: UCV se compromete a mantener estatua de María Lionza


Fieles sugieren retornar la efigie a la autopista y hacer un templo con la réplica

Mirelis Morales Tovar 

La Diosa de Sorte recuperará a un benefactor... Por lo visto, la Universidad Central de Venezuela retomará la responsabilidad de mantener la estatua de María Lionza, una vez que culminen las trabajos de restauración que efectúa el personal del Consejo de Preservación y Desarollo de la UCV (Copred).

El rector de esa casa de estudio, Antonio París, comentó que tomarán fondos de la universidad para hacerle mantenimiento a la estructura, a fin de evitar el deterioro que produjo su fractura en junio de 2004.

"Hasta ahora, la universidad no había hecho el mantenimiento adecuado. Tan sólo se limitaba a recoger las ofrendas florales y a desmalezar. Pero ahora vamos a asumir esa responsabilidad, aunque sabemos que la conservación de las obras es costosa".



Consejos de una chamán 

Aun cuando el destino de la estatua restaurada de María Lionza no se ha definido, los fieles recomiendan que el monumento a la Diosa de Sorte debe permanecer en la autopista Francisco Fajardo, porque allí se formó un campo magnético que no se puede ignorar.

"Ese campo magnético que se hizo hace 50 años forma parte de lo intangible del mito de María Lionza... Además a la Diosa no la pueden sacar de la autopista, porque sería un irrespeto llevar a María Lionza a un sitio que no sea de ella".

Beatriz Veit-tane se siente con propiedad de opinar sobre ese tema, porque tiene 50 años rindiéndole culto a la Diosa de Sorte. A esta mujer se le conoce como la sacerdotisa de María Lionza y es ella quien intenta convencer a las autoridades sobre la necesidad de construir un templo con la réplica de la obra de Alejandro Colina.

"No puede ser que aquí tengamos una mezquita y todavía no dispongamos de un templo para María Lionza... un culto que es autóctono y nacionalista. Nosotros, los fieles, queremos que nos concedan la réplica para poder rendir honores a la Diosa en un lugar más accesible".

A su juicio, el templo de María Lionza debería estar en una zona popular y contar con un espacio para divulgar el culto a la Reina de Sorte.

"La idea no debe ser plagar a Venezuela de réplicas. Sino crear un templo para ella, donde se puedan dictar charlas y conferencias... Hay que recordar que se trata de un culto doméstico y cotidiano... y la idea es que se haga accesible a la gente".


miércoles, 20 de septiembre de 2017

“No hay jerarquía eclesiástica que pueda decirle al pueblo a quién adorar o no adorar”

"Maria Lionza" by| Denis Faneites



Elízabeth Pérez Madriz
La sincronía entre la Virgen de Coromoto, la Divina Pastora y María Lionza fue uno de los temas abordados en el taller Tradiciones musicales venezolanas en las advocaciones marianas


Las Tres Marías

__________________________________________________________________

Continuando con las jornadas de intercambio de saberes denominada Tradiciones musicales venezolanas en la veneración a la Virgen María, ayer se efectuó el taller referido a la festividad de la Virgen de Coromoto, la Divina Pastora y la sincronía que existe entre estas advocaciones marianas y María Lionza.

En el evento celebrado en la sede del Instituto de las Artes Escénicas y Musicales (IAEM), ubicado en la torre Norte del Centro Simón Bolívar, uno de los ponentes, el musicólogo y profesor de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte) Nelson Hurtado, explicó que las advocaciones marianas se celebran con música popular, por lo cual la música va a depender de la región donde se celebre cada advocación.

Dijo que hay una relación muy directa entre la virgen y la madre de uno, por lo cual el culto a la virgen en sus diferentes advocaciones es algo que ha entrado muy profundo en el alma del pueblo, “ha tenido un arraigo extraordinario en el alma del pueblo, y el pueblo la ofrenda con su mejor regalo que es su creación”.

Foto: forosdelavirgen.org

A la de Coromoto se le ofrenda con el joropo llanero, con arpa, cuatro y maracas, y aunque fue declarada por el Papa XII como patrona de Venezuela, porque se le apareció al indio Coromoto, esta expresión mariana no despierta el mayor fervor en el pueblo.

Foto: Desde La Plaza

En tal sentido señaló que la procesión más grande que se hace en Latinoamérica es la de la Virgen la Divina Pastora, después de la de Guadalupe, en México. Comentó que la Virgen de Coromoto es venerada con joropo, pajarillo, zumba que zumba, con letras alusivas a su festividad y a su aparición”, destacó.

En cuanto a la virgen de la Divina Pastora precisó que “se le canta sobre todo con música larense y música del occidente con salves, tonos, golpes y merengues larenses y gaitas”. Acompañan los cantos con los cuatros del tamunangue, el cinco, el doble cinco, el requinto y el cuatro tamunanguero, las maracas y el tambor cumaco.

Foto: Ciudad CCS

El conversatorio contó con interpretaciones musicales ejecutadas por músicos de la Unearte, quienes mostraron la música con la cual festejan a la Virgen del Valle, como décimas acompañadas por galerones, la jota, malagueñas, gaita margariteña y el punto y llanto. Los cantos a las vírgenes siempre se refieren a la maternidad, la protección, súplicas y el lugar de su aparición, dijo Hurtado.


Los musicólogos Nelson Hurtado y José Ángel Viña fueron los ponentes del taller
F/ Roberto Gil

 José Ángel Viña, musicólogo y director ejecutivo de la Compañía Nacional de Música, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, destacó que el propósito de estos talleres es ver cuáles son las particularidades de esa música dedicada a la advocación mariana para entender la relación de lo musical y las culturas locales.

En tal sentido explicó que aun cuando la advocación de Coromoto por ser patrona nacional tiene la particularidad de congregar todas las manifestaciones musicales del país, y la festejan con música de todas las regiones, incluso hasta baladas le han compuesto y le cantan también al ritmo de tambor.

Destacó que al hacer el ejercicio de comparar el fervor del pueblo y el número de feligreses que se movilizan en las procesiones de las distintas advocaciones marianas “uno observa que no es La Coromoro, la virgen más popular en Venezuela, lo cual obedece a que la declaración del patronato se da en 1950 por parte del Papa Pío XII y ocurre que no siempre coinciden las decisiones de la jerarquía eclesiástica con lo que son las manifestaciones de la devoción popular”.

_______________________________________________________________________

El fervor religioso no se decreta

Considera que tanto la Virgen Divina Pastora, como Nuestra Señora del Valle tienen más devotos que la de Coormoto y se pregunta por qué y responde que “es porque esa declaratoria de patronato nacional llegó tardío, porque ya el pueblo tenía su corazón puesto en otra forma de religiosidad y el fervor religioso no se decreta, no hay jerarquía eclesiástica que pueda decirle al pueblo a quien adorar o no adorar”.

Argumentó que en los llanos venezolanos ya había una figura de adoración de los pueblos originarios y el proceso que da con la virgen de Coromoto es más un proceso de sustitución, que de inserción de la adoración mariana. Dijo que ya existía antes de la aparición de Coromoto el fervor hacia la figura de un personaje femenino María Lionza, un personaje que tiene poder sobre la naturaleza, creadora y ejerce el rol de madre de la naturaleza, de espíritu y entes metafísicos y está sembrada en lo más profundo del pueblo.

Dijo que Coromoto, cuya aparición se da en la región llanera, está relacionada con el inicio de la fe, similar a la Virgen de Guadalupe en México, “y es que en el momento de la conquista la iglesia generó apariciones a través de retablos, de estampitas para presentar la imagen de la Virgen María”.

Citó que en el siglo XVI Fray Fernando Teresa de la Niel insinuó que era falsa la aparición de la virgen de Guadalupe al indio y que se trató de una estrategia de la iglesia para captar feligreses. Comentó que historias como estas se repitieron en muchas regiones de América Latina y de Niel fue perseguido por emitir tal juicio.

Foto: María Lionza la Madre

Mantiene arraigo el culto a María Lionza

Viña detalló que el culto a María Lionza sigue siendo extremadamente extendido en Venezuela, “y se dice que el 50% de la población de Venezuela al menos una vez ha participado en un rito a María Lionza”.

Afirmó que en el imaginario colectivo por imposición de la fe católica al sustituir la figura de una madre por otra, “sigue siendo una figura femenina que no es María Lionza, sino María en la advocación de la Coromoto y a partir de 1950 casualmente coincide también en Venezuela un proceso de la aceptación popular de la figura de María Lionza porque Alejandro Colina construye la estatua donde María Lionza, que cabalga sobre una danta, esa imagen ya está en el imaginario colectivo, no es inventada”, aclaró.

Sobre la simbología de las imágenes, Viña destacó que María Lionza es considerada la reina, tiene una corona, al igual que la virgen de Coromoto y representa a una reina. Dijo que la imagen de la Divina Pastora guarda relación con María Lionza, “como pastora está alrededor de unas ovejas y tiene el poder de alejar y ahuyentar a los lobos, lo explica que la simbología de la danta fue sustituida por la figura del lobo para reacomodar la figura femenina de María Lionza sin que haya una alteración de la imagen”, puntualizó.

Del país profundo: La sacerdotisa Juana de Dios Martínez en Yaracuy



Juana de Dios Martínez, sacerdotisa de María Lionza. Sorte, municipio Bruzual, Edo. Yaracuy. 2006
Credito: Rafael Salvatore




Por: Benito Irady

Cuando el fotógrafo Rafael Salvatore le preguntó por su nombre completo, ella le respondió: “Juana de Dios Martínez, Sacerdotisa de la Reina María Lionza y de sus Cortes”, refiriéndose a la Diosa que entró a las montañas por Nirgua, se instaló en Sorte y empezó a hacer milagros con una suma de guerreros eternos a su alrededor. Debió venir de la transparencia de las aguas y tiene innumerables leyendas que se reproducen en todos los confines de la tierra.

María Lionza manda junto a sus panteones espirituales entre las corrientes del Sorte y del Yaracuy que toman camino al mar. Un conjunto de montañas del Caribe divide a los ríos desde sus lugares de nacimiento, así, cuando el río Cojedes llega al Orinoco ya trae aguas del Charay, del Chorro, del Buría, del Turbio. Se conocen esas montañas con sus ríos como monumento natural Cerro María Lionza o simplemente montaña de Sorte, declarado patrimonio por el gobierno venezolano desde el año 1960, para destacar y proteger la belleza de su paisaje. Allí habita la Reina María Lionza, un espíritu mediador que descifra el futuro en asombrosas procesiones nocturnas. Uno de los sectores de mayor renombre por el culto a esa Reina Madre se conoce como Quibayo, donde acuden ricos y pobres, hombres y mujeres, ancianos y niños procedentes de distintos lugares del país y del mundo buscando sanación y paz. Allí se planificó un encuentro con Juana de Dios Martínez, la Sacerdotisa de la Reina María Lionza y de sus Cortes, próxima a cumplir noventa años. Nació un 8 de marzo de 1928 en San Pablo, muy cerca de Chivacoa, estado Yaracuy y tiene la facultad de sacar a los espíritus de sus retenes.

“Después que los espíritus pagan sus penitencias en los retenes pueden venir acá para ayudar y se hace contacto con ellos para que bajen, pero hay que conocer sus costumbres. Si Nicanor Ochoa en vida comió chimó el baja comiendo chimó, o si bebió aguardiente en vida hay que darle aguardiente al bajar, al Doctor José Gregorio Hernández que le gustaba el café amargo hay que darle su café a amargo y a Simón Bolívar se le pone su copa de brandy, así es esto.”

Es un oficio que obliga a reconocer las particularidades de las viejas piedras y lo que se expresa, la mezcla de lamentos de esos cuerpos tirados en la arena o sobre tierra de lombrices. Las manos cortadas llegan a sangrar y sacuden todos sus males. Es un oficio de interpretación del mundo a través del humo del tabaco y de las pisadas discontinuas de añejos seres que aparecen en medio de las hogueras con discursos estallantes en los labios de otros. Se ponen flores, muchas flores para recibir la bendición. Arriba están los santos que son los celestiales, abajo van los indios y las cortes chamarreras y las cortes médicas, y otras cortes, así se van forjando los altares. “Aquí viene toda clase de gente, vienen personas enfermas, vienen de hogares que están para desunirse, vienen comerciantes que están mal en sus ganancias, vienen estudiantes que han empeorado en sus estudios, vienen agricultores que han perdido sus cosechas y son recibidos en nombre de la fe. Entonces aquella Diosa sin raza, sin colores, sin edades, demuestra con pruebas el significado de la fe, concediéndoles lo que han venido a pedir y haciendo curaciones que no han logrado los médicos terrenales, porque aquí se cura con las aguas de las montañas en un lugar sagrado...”

Juana de Dios reza y hace sus ensalmes con plantas, con licor, con velas, con tabacos. Nunca estudió, “lo que tengo lo tengo de nacimiento” y puede cambiar el curso de la vida en otros seres sometidos a la prueba total. La puso en ese sitio de Sorte la Reina María Lionza para que llegara con sus bienaventuranzas hasta la salvación de los demás y penetrara en el corazón de la gente en el nombre de Dios Todopoderoso, porque “con Dios todo y sin Dios nada”. Entonces decide qué hacer, si una charla, si un ensalme, si una velación, lo que ha aprendido en la vida.

Empezó a saber de esto a los siete años cuando soñó con la muerte de Juan Vicente Gómez y le dijo a su mamá ordeñando una cabra, que a partir de esa fecha iban a comer mucha carne, porque todo el ganado que estaba sin herrar debía ser de ellos y que iba a venir mucha gente con sombreros y escopetas y aquel sueño se dio. Su madre que vivía trabajando en una de las tantas haciendas de Juan Vicente Gómez, en sus tierras, pensó en un momento que la niña estaba enloqueciendo, pero no era así, se trataba de una revelación muy fuerte. Otra revelación dolorosa la tuvo con uno de sus hijos. Soñó que había muerto y vio la urna y desde aquel tiempo empezó a sufrir porque tras el sueño, perdió al hijo “Dios lo necesitaba porque era el indicado de Dios”. En una revelación anterior sintió una voz que le dijo ¡Ponte de rodillas que voy a dar un mensaje! cuando ella estaba frente al altar mayor. Era un espíritu que no se había certificado y volvió de nuevo con su voz, ¡Recen, para que la desgracia de Caracas no sea tan grande! y a las pocas horas se supo del terremoto y de los muertos de Caracas, pero ella estaba despierta cuando se le pegó al cuerpo esa voz. Otro sueño entre tantos lo recibió para que hiciera vigilia, rosarios, peticiones, elevara plegarias, porque venía otro desastre hacia Caracas, el mensajero bajó a través de la materia y le comunicó que llovería incansablemente y que sucedería lo que llegó a suceder, el deslave de Vargas. Debía rezar mucho y pedirle a la Virgen del Carmen para que no fuera peor lo que Dios ya tenía destinado. “La materia se pone vieja, pero el espíritu sigue joven” dice entre bromas refiriéndose a su edad, pero ella sigue cumpliendo su misión, conociendo los designios de Dios y dedicándose a la montaña.


La primera vez que se casó tuvo un fracaso en su matrimonio y dos hijos, la segunda vez que se casó y pasaría a vivir a Chivacoa, a orillas de la quebrada Carmiña, tuvo cinco hijos más, fue cuando llegó a ver un espacio sonando en candela en la montaña, se metió al fuego, caminó sobre las brasas y no se quemó, allí tuvo una prueba fidelísima de sus facultades y le fue tomando tanto amor a la montaña que decidió separarse de su esposo para estar más cerca de los espíritus que se posesionaron en su materia, entraban y se manifestaban y ella reza cuando va a cumplir esa misión cuando va a transportarse a través de los espíritus. Baja la Reina, baja Guaicaipuro. Puede montarse en sus espaldas a un hombre que pesa ciento cuarenta kilos y hacer sus embajadas en la candela. Baja el Negro Felipe y la Negra Francisca que toman ron y puro brandy. Bajan los indios, suenan los tambores y ella sigue en la verdadera concentración procesional sintiendo los fluidos entre las doce de la noche y las cinco de la mañana, por eso se separó de su esposo desde que tenía treinta y cinco años de edad y no quiso saber más de fiesta, ni de sexo ni de nada que la distrajera de su misión. “Seré sacerdotisa hasta la tumba y si el gobierno da permiso que me entierren aquí en la montaña”, terminaría diciendo antes de transportarse nuevamente.

sábado, 9 de septiembre de 2017

UN DÍA COMO HOY, pero en 2008: Ruddy Rodríguez es "María Lionza"



Hace nueve años, el canal RCTV transmitió en exclusiva un unitario dedicado a la Diosa venezolana, nuestra Reina María Lionza, protagonizado por la ex Miss y gran actriz Ruddy Rodríguez, al lado de Luis José Santander, quien trabajara en otro similar, pero en el canal Venevisión hacían más de 10 años, pero junto a la actriz Tatiana Capote. Dejamos la reseña que el canal de Quinta Crespo dejó en medios de comunicación para entonces:




RCTV Internacional se viste de gala para presentar, esta noche a las 7, una producción única para la televisión. Se trata de la película de "María Lionza", protagonizada por Ruddy Rodríguez y Luis José Santander. "Maria Lionza" cuenta la historia de Yara, una mujer que tiene una hija llamada Bárbara que no pronuncia una sola palabra desde hace ocho años y una amiga llamada Marta, quien la estimula a buscar una pareja. También la invita a una sesión espiritista para investigar las causas no naturales del problema de la niña. Por su parte, Justo despide a Alejandro, su hijo quien decide estudiar en el exterior. 

Después él frente a un río pide poder encontrar un camino al amor. También lo invitan a una sesión. Yara y Marta deciden ir al culto espiritual. Justo también asiste y ante el altar de María Lionza, le recuerda a la Reina su plegaria frente al río. 



Cuando voltea hacia la puerta ve a Yara, hay un cruce de miradas y ocurre un milagro inesperado. Los más bellos parajes de montaña, abundante vegetación y agua: Ríos, cascadas, lagunas y animales salvajes, además de una historia original y un elenco de primera son solamente algunos de los ingredientes de esta producción. ¡No te pierdas "María Lionza".


Acá dejamos el enlace para que puedas disfrutarla desde YouTube




miércoles, 23 de agosto de 2017

Natalicio de Gilberto Antolínez: El primero en dejar escrita la tradición sobre el mito de María Lionza




Gilberto Antolínez marcó el rumbo del estudio indigenista en América
...sus letras siguen siendo historias que se pueden relatar como si fueran cuentos

Raúl Freytez / Foto: Omar Yépez

El 23 de Agosto de 1908 nació Félix Gilberto Antolínez Ayestarán, en la antigua hacienda “Comunivare” de San Felipe. Quién diría que aquel muchacho diestro en las faenas del campo, con el correr del tiempo se haría reconocer a través del universo de la literatura como el precursor del estudio de las etnias americanas. De la extensa obra de Antolínez es justo reconocer que fue el precursor del estudio e historia de María Lionza, a través de la versión más antigua del mito en la revista Guarura, hacia el año de 1939.



Gilberto Antolínez asesoró al escultor venezolano Alejandro Colina, para realizar la figura hecha en piedra que muestra a la Reina a lomo de su danta 
(Foto: Omar Yépez)

Se cumplen ciento nueve años del nacimiento de este ilustre paisano, meritorio no sólo por haber puesto en alto el nombre de Yaracuy a nivel internacional producto de sus estudios e investigaciones indigenistas, sino también por su aporte al acervo literario nacional que aún hoy en día actualiza los conocimientos sobre interesantes temas que reflejó en sus obras “Hacia el indio y su mundo”, “Retratos y figuras”, “El agujero de la serpiente” y “La Diosa y la danta”, tan sólo por nombrar parte del invaluable tributo a las letras sudamericanas. Un hombre cuyo valor más sobresaliente fue el de servir a su lar nativo con la misma pasión con que amó a su eterno amor Pálmenes Yarza, poeta también de fina pluma hija del picacho de Nirgua, con quien contraería matrimonio sentimental y profesional, pues ambos eran amantes del estudio indígena nacional. De Pálmenes escribió: “Sus ojos son castaños y pequeños, pero cambian de viso como la labradorita o las alas crepusculares de la mariposa Morpho. Ora relampaguean y cabrilean, son juguetones delfines oceánicos. Ora son picarescos y garduños. Ora si aman, húmedos tersos, vívidos, implorantes, aguamiel ocelada de trapiche.”


De las armas a la artillería de la historia
Antes de su paso por las añosas hojas del tiempo, obtuvo su primer logro estudiantil en la Escuela Federal “Padre Delgado” -sólo hasta el 3er. Grado- para luego graduarse de bachiller en el Colegio de Montesinos con el apoyo de Trinidad Figueira y Federico Quiroz, hasta espigarse en sus casi 1.90 de estatura como subteniente de artillería de la Escuela Militar, en 1930. Sin embargo no fue esa en verdad su pasión, pues bien pronto, a su paso por la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación Nacional en su condición de Comisionado de Investigaciones Indigenistas fue cuando verdaderamente alcanzó interesarse en el estudio de las etnias americanas, incluso logrando la fundación del movimiento indigenista venezolano junto a Julio Febres Cordero y Tulio López Ramírez, en acciones que finalmente lo llevaría a formar parte del grupo de arqueólogos que realizarían las primeras excavaciones estratigráficas en el oriente del país, junto al equipo que enviara la Universidad de Harvard. De ahí sus pasos siempre se enrumbarían hacia el estudio de las sociedades indígenas americanas con el valioso aporte literario de sus obras ejerciendo el periodismo, la crítica y la crónica, experiencias que conjugaría con su buena fama de pintor, dibujante, poeta, ilustrador y grabador.

Gilberto Antolínez bordó con plumas de guacamaya los adornos del indígena americano; lloró con las angustias del hambre ajena y brindó con los chamanes el elíxir de las cosechas

Su leyenda dio origen al mito
Antolínez fue el precursor del estudio e historia de María Lionza, a través de la versión más antigua del mito en la revista Guarura, hacia el año de 1939. La transcripción de Antolínez cuenta en su primer párrafo que “Los indios Jirajara-Nívar, en una fiesta de fin de cosecha, recibieron de su gran Piache un doloroso presagio. Decía el mismo que “viniendo los tiempos nacería una doncella, hija de cacique, con los ojos de tan extraño color que, de mirarse en las aguas de la laguna, jamás podría distinguirse las pupilas. Tan pronto como esta mujer de ojos de agua se viese espejada en alguna parte, por el doble hueco vacío de las niñas de la imagen, iría saliendo una serpiente monstruosa, genio de las aguas, la cual causaría la ruina perpetua y extinción de los Nívar. Grande fue la aflicción de aquella altiva tribu. Pero pasó el tiempo, y todos los caciques, cada vez que nacía una niña, pasaban temores sin cuento hasta que se les anunciaba que, como siempre, la recién nacida tenía los ojos negros”. Al parecer esta es la leyenda que da origen al culto a María Lionza en Venezuela.
Incluso su obra literaria traspasó los límites del tiempo hacia el hecho cultural, tal como se constató en la Sala Coordinación de Teatro en San Felipe, bajo la dirección de Lusvio Ramírez, con la presentación de la Obra Eemarü estelarizada por Elsy Loyo, la cual versa precisamente sobre el mito de la india de ojos de agua.
Ya se notaba el afán del escritor por enrumbar sus letras hacia el recóndito universo de la leyenda, que luego con el devenir de los años sería devorado por el mito, en una ambientación que dista mucho del cansancio sino más bien del acoso visual hacia el influjo de una lectura amena en cada una de sus hojas, donde casi en prosa lírica refleja la azarosa existencia de la mujer indígena que habría de convertirse en mito.
En la autopista del Este en Caracas, se yergue todopoderosa la escultura incomparable del escultor venezolano Alejandro Colina, quien fuera asesorado por el escritor Gilberto Antolinez para realizar la figura hecha en piedra con la fuerza impresionante y el calor férvido del mito universal, que muestra a la Reina a lomo de su danta. María Lionza es un símbolo de la raza, la clara característica del mestizaje hispano-indígena y africano.
Casi podríamos decir que Antolínez bordó con plumas de guacamaya los adornos del indígena americano; lloró con las angustias del hambre ajena, brindó con los chamanes el elíxir de las cosechas; pintó los atardeceres sobre el rumor de los ríos, y no sería extraño concebir también que dibujó los lunares del jaguar, ese animal “dotado de altos poderes” relacionados con las creencias del ciclo andino-forestal-amazónico, asociado también a la luna, las estrellas, el sol, el rayo y las lluvias.



Su obra literaria
Aunque sabemos que Antolínez publicó un solo libro: “Hacia el Indio y su Mundo” en 1946, cuyo texto ha sido material de obligatoria referencia en varias universidades venezolanas y del exterior, la Fundación Casa de las Letras que lleva su nombre conjuntamente con el Centro Experimental de Talleres Artísticos (CETA) publicaron valiosas obras en los títulos “Retratos y Figuras”, “Los Ciclos de los Dioses” y “El Agujero de la Serpiente”, a través de la compilación de trabajos dispersos e inéditos, cuya responsabilidad recayó en las manos de Orlando Barreto. Por otra parte, el Centro de Historia de Yaracuy, a cargo de Adriana Cardozo, guarda con celo algunos datos biográficos de Antolínez, aunque no con la profusión deseada, sobre todo en aspectos gráficos, hecho que en nada desmerita la excelente labor desplegada por el personal que labora en esa importante institución que alienta la memoria de los hechos y acciones de carácter histórico de mayor relevancia para el uso, disfrute, estudio y conocimiento de sus múltiples usuarios.


Diplomado para la Formación de Cronistas “Gilberto Antolínez”
Hacia el rescate de este valor regional, la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy, UNEY, en ofrecimiento del poeta trujillano Antonio Trujillo, Cronista de San Antonio de los Altos, supo vender la idea a través del convenio de cooperación académica suscrito entre el doctor Freddy Castillo Castellanos, quien fuera Rector de la UNEY, y Luis Alberto Crespo, Presidente de la Casa de las Letras Andrés Bello, para formular la propuesta en la concepción del diplomado para la formación de cronistas, teniendo como epónimo a Gilberto Antolínez, en homenaje al centenario de su nacimiento, valorando de este modo su condición de cronista e investigador de las culturas aborígenes de Venezuela y de Latinoamérica.
En este sentido, Freddy Castillo Castellanos describió a Gilberto Antolínez como “uno de los yaracuyanos más universales, responsable de abrir el camino para la cultura indígena y el estudio de María Lionza como mito, por lo que la universidad venezolana está en deuda con él. A Antolínez, dijo, no basta con citarlo, hay que valorarlo y estudiarlo, darle cabida a los conocimientos que manejó, que no se gestan en los cubículos universitarios”.
Por su parte, Luis Alberto Crespo destacó la importancia del papel de los cronistas como conciencias de las regiones para preservar la memoria de las comunidades, mientras que Antonio Trujillo manifestó su complacencia porque su oficio tendrá mayores espacios y mejores herramientas en las regiones. Finalmente Anselmo Castillo, quien fuera presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales de Venezuela, aseguró que “los cronistas son los defensores del patrimonio cultural y natural del país, por lo que tienen la responsabilidad de buscar la verdad y registrarla, ya que de lo contrario nos condenarán nuestras generaciones”.
De modo que se honró el nombre de Gilberto Antolínez, uno de los yaracuyanos más insignes del siglo XX, al tiempo de abrir caminos hacia el rescate de los valores culturales de las comunidades venezolanas, con la promoción de dos cohortes de Cronistas y otra más en curso, retomada por las autoridades de la UNEY, encabezados por la rectora Yanira López, el vicerrector Manuel Milla y Lyle Rodríguez, Secretaria General; junto a la vicerrectora académica de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (Unerg), Evelín Fernández; Gladys Ortiz, Directora de Postgrado y Alba González, Coordinadora de Extensión de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy.



Su obra navega en el mar del olvido
¿Qué o cual influencia impulsaba a Gilberto Antolínez a escribir con tanta pasión sobre nuestros abuelos indígenas? Las letras de Antolínez son historias que se pueden contar como si fueran cuentos, y aquí obliga la palabra del buen amigo Orlando Barreto, Cronista Oficial del municipio Independencia, amante también de las letras y aplicado estudioso de la obra de Antolínez, en prólogo que redactara abriendo las páginas del libro “El agujero de la serpiente”, del mismo autor, donde describe que “la obra de Antolínez entraña una gran vigencia en el terreno de las investigaciones de la culturas aborígenes”.
Barreto indicó que aunque muchas culturas sostienen una visión del indígena en aspectos exógenos, “sin trascender meramente lo objetual” la obra de Antolínez se encuentra absorbida “por una pasión lúcida” que rechaza toda actitud prepotente y objetual, precisamente lo que otorga al autor “un carácter de perdurabilidad que lo salva de cierta efímera actualidad que va de una literatura anecdotista hasta aquella ciencia antropológica que muchas veces no pasa más allá de las demarcaciones del manual y de la estrechez académica”.
Aquí surge un aspecto inocultable por su condición de realismo pertinente, y es que muchos coterráneos desconocen el inmenso valor de Antolínez como autor yaracuyano y el aporte que le dio, no sólo a las letras de la región, sino a Venezuela y al Continente Americano, aunque hay un hecho que llama poderosamente la atención, y es que aún a esta fecha mucho de su material bibliográfico se encuentra en el olvido,“asombrosamente obviados, ignorados, menospreciados o deliberadamente puestos a un lado”, despreciando el invalorable aporte a las letras americanas de este gran autor yaracuyano, por lo que desde las páginas de Bitácora del Cronista de San Felipe,hacemos un llamado a la reflexión, hacia el rescate y profundización del estudio de sus obras, sobre todo por la gratificación que nos ofrece el conocimiento de los personajes de mayor relevancia en el Yaracuy del siglo pasado y principios del antepasado regional tal como lo ilustra en su libro “Retratos y Figuras”, (1997) donde describe en prosas del alma, la vida de aquilatados personajes del San Felipe que ya no será: Leonor Bernabó, Federico Quiroz, Ramón Urbano, Elisio Jiménez Sierra, Pálmenes Yarza y Manuel Rodríguez Cárdenas, todos coterráneos de su generación, sin menospreciar el hecho cierto de la gran cantidad de vecinos, escritores, autores, artistas, profesionales, en fin, mujeres y hombres cuyo valioso aporte reconocemos por la inestimable contribución enriquecedora de nuestro patrimonio cultural.


Hacia el rescate del acervo cultural yaracuyano
So pena de pecar de insolentes, casi se podría asegurar que muchos desconocen la vida y obra de estos paisanos de nacimiento y corazón, y es aquí donde entra la figura (¿?) de alguna entidad que ofrezca sus servicios que permitan la reedición de las obras de nuestro coterráneo, o por lo menos reactivar la “Casa de las letras Gilberto Antolínez”, que en alguna ocasión auspiciara la Secretaría de Cultura de la Gobernación del estado Yaracuy, como un medio para apoyar en sumo grado la labor tesonera de Orlando Barreto, Freddy Castillo Castellanos, William Ojeda, José Luis Ochoa, Lázaro Álvarez, Domingo Aponte Barrios, Jorge Melo, Horacio Elorza y tantos vecinos empeñados en hacer justicia al auténtico sentido de la yaracuyanidad, a cuyo cordón umbilical me encuentro unido invariablemente para apuntalar el desarrollo de las raíces de nuestra cultura regional.
En el libro “El agujero de la serpiente”, con su palpitante, oficiosa y erudita narración prosística resume, podría decirse, el choque de las evoluciones indígenas con acentos de racionalidad ante el irreconciliable conocimiento de su mundo. Orlando Barreto y su equipo en el CETA hicieron un excelente trabajo al recopilar tan importante tributo al estudio de las etnias americanas, que Antolínez dibujó con admirable sencillez revelando las tradiciones, costumbres, oscurantismo, mitos y leyendas de ese mundo inolvidable destinado a desaparecer, rescatados para el enamorado de las letras en esas páginas de grata lectura.


Mensaje a los maestros de escuela
En 1946 escribió Landínez: “La leyenda es un símbolo de la fusión de lenguas, de sangres, de culturas sobre nuestro anchuroso suelo. Y tiene una dimensión pedagógica que no debe ser desperdiciada. Siempre sueño que nuestra leyenda caiga en manos de los maestros de escuela.”
Sabia reflexión la del maestro, y si alguna vez nos topamos en la fascinación de la lectura de hechos cosmogónicos, sobre todo por las explicaciones que los hombres se han inventado respecto al origen de las cosas del mundo, en este particular es importante destacar que Yaracuy y Venezuela tienen un manto de leyendas inocultables que deberían ser sacadas del ostracismo con el afán de mantenerlas tan vivas como pervive el mito férvido de María Lionza, comprometidos como deberíamos estar con la misión de apoyar el desarrollo de los pueblos y la sostenibilidad de sus valores culturales. La reflexión nos involucra a todos. Aún es tiempo.


Nuestro pasado nos debe interesar intensamente
Gilberto Antolínez fue un ser solitario, culto, meditabundo; poeta al fin, sumergido en un mundo de apreciaciones culturales, arañando papeles con signos del pasado y presente. La realidad es que Antolínez preservó el recuerdo indígena de los pueblos que quizás nacieron para el olvido, en el entendido de que nuestro pasado nos debe interesar intensamente, pues, como cita de Cicerón el historiador Martín Rubio: “Si ignoras lo que ocurrió antes de que tú nacieras, siempre serás un niño”.
A nuestro Antolínez indigenista, escritor, amante de la sencillez y de las letras, hoy rendimos un justo homenaje, no con flores que se marchitan, ni comentarios fatuos que rápidamente devorará la brisa, sino con la admiración de un pueblo que honra al paisano que, aunque ausente, pervive en el alma de los poetas; el tiempo se ha encargado de devolverle el reconocimiento y la admiración de sus conciudadanos, sobre todo del pueblo yaracuyano que agradece y honra su ejemplo.
Gilberto Antolínez, anciano y abrigado de soledad y recuerdos, falleció el 5 de mayo de 1998 a la edad de 90 años, en Caracas en su residencia de la urbanización Carlos Delgado Chalboud, en la vereda 63 de Coche. Sólo sucumbió su cuerpo, pues su memoria sigue intacta en el corazón de sus coterráneos.