lunes, 23 de noviembre de 2009

De como el Che Guevara llegó a los altares de los espiritistas


Desde siempre tuvo Ernesto Guevara de la Serna El Che, una dimensión sobre humana. Estando en vida y desde su mas temprana juventud enfrentando la hora de cada una de las definiciones que fueron moldeando su destino. Siempre hubo en el la pureza y rectitud propia de un ser superior que vino al mundo para enseñar la importancia de tener coherencia y unidad entre lo que se piensa, se habla y se hace. Che Guevara fue un hombre incomodo para el común de los mortales por esa coherencia es algo difícil de aceptar por un mundo que practica las verdades en la medida de su conveniencia. Nosotros los estudiantes de Ifa sabemos que el carácter de un ser humano no solo se define por la crianza y educación que recibe en un contexto familiar, social, cultural y económico. En esto influye también en forma decisiva quien ha sido ese ser humano en vidas anteriores.

Nuestra riqueza espiritual, de valores metas e inclinaciones se nutre también de lo que nos ha tocado ser en otros tiempos y ese era el caso del Che, un espíritu que encarnó en este piano proveniente de múltiples existencias a través de los cuales fue creciendo en su monumental elevación. Una de las características de las almas superiores se verifica en su adhesión total e in-condicional a las causa de los olvidados, los oprimidos, los que sufren, los que claman por la libertad. Por ejemplo como Jesús de Naza­reth quien planta bandera en un mundo des-humanizado instando a todos a retomar el amor como sentimiento rector de la vida del ser humano o como Bolívar que renuncia a todo y deja la vida regada a pedazos por los caminos de cinco naciones que renacieron de su visión y voluntad, o como el Che que renuncio a los privilegios de una vida acomodada de clase media alta y los beneficios de un titulo de medico para recorrer el mundo persiguiendo un sueño político y el cambio de paradigmas.


Con el Che no se trata en este articulo si estamos de acuerdo o no con su ideario político es sobre la forma y el estilo que tuvo para hacer las cosas las cuales le ganaron el respeto de un mundo carente de verdades. Ídolos capaces del sacrificio por la humanidad y por los desposeídos. Y esta condición y las historias y anécdotas que sobre el se cuentan lo que le permitió a este personaje ser adoptado por los venezolanos en una situación marcada por diferentes etapas . La primera con un Che vivo que ingresa en la escena continental como comandante triunfante de la revolución cubana. La segunda marcada por sus esfuerzos en altos cargos de la administración publica luchando con las duras condiciones impuestas por el bloqueo.

La tercera con su peregrinar por África y su llegada a Bolivia donde al frente de una debilitada guerri­lla finalmente encuentra la muerte y compra su boleto a la eternidad. Pero una eternidad muy movida no solo por todo lo que como símbolo del continente heroico significa para muchos, sino también como icono de la religiosidad popular. La cual siempre se empefia sin el permiso de nadie en deidificar a todo aquel cuya vida transcurre solidaria al lado de la causa de los pueblos.

Así las cosas un buen día por los lejanos anos setenta en los altares del Guarataro, el 23 de Enero, de Petare, Maracay, Valencia y Barquisimeto, comenzaron a aparecer fotografías del Che, al principio aparentemente esas fotos anduvieron en la sala de la casa, en el cuarto de los muchachos que hablaban del Che en el Liceo y todo eso. Como un tributo a quien rindió la vida en una lucha por el pueblo, pero después Ernesto se fue haciendo leyenda y mito. Y esa frontera difusa que establece la fe popular. Entre un hombre de vida excepcional y un alma milagrosa sujeta a adoración entonces Ernesto (su foto) un buen día se vio con una vela al frente, un tabaco de los que tanto le gustaban ofrecido para el, un traguito de cualquier licor y un llamado desesperado de cual­quier creyente en medio de una oración para que le arreglara tal o cual problema. Y como sucede en estos casos, la gente le empezó a atribuirle milagros mas que todo en asuntos de empleo, estudios e hijos descarrilados.

Hoy en día seguimos viendo al Che en los altares de los espiritistas del culto a Maria Lionza , muchos de los cuales afirman entre ellos el licenciado Jose Figueras que este espíritu baja en las materias mostrando en su trato hacia la gente humilde la misma disposición y dándoles el buen trato de cuando estaba vivo.

En definitiva estos tiempos de revolución han avivado la presencia de la figura del Che entre nosotros, no solo en lo político, si no también como icono religioso dentro del contexto del culto a Maria Lionza. Que tan amplio es en sus fronteras, siempre ha sido abriéndole la puerta de sus altares a quien la fe popular de­cide que debe estar allí.

Por: Gonzalo Báez - Revista Los Orichas N. 57. Pág. 60