martes, 6 de octubre de 2015

Visión de María Lionza por un espiritista yaracuyano



Hoy transcribimos un relato compilado por Bruno Manara, en palabras de un espiritista del estado Yaracuy, la tierra de la Diosa María Lionza. 

Una de tantas historias sobre la entidad femenina que adoraron nuestros antepasados aborígenes en la Fila de Enjalma, hoy Monumento Natural, Cerro María Lionza. 

Todos y cada uno de los relatos aportan elementos interesantes para el estudio del mito que es trasmitido de forma oral por sus creyentes y que son transcritos por los que nos dedicamos a registrar todos los elementos que componen la tradición en torno a la Reina  venezolana. Dejamos entonces, el relato de Gregorio Camacho:



MARIA LAONZA Y MARIA LIONZA


En primer lugar, María Laonza es hermana menor de María Lionza. Gregorio Camacho la llamaba la Reina de las Tinieblas, porque concede riquezas y prosperidad por pacto, es decir, por venta del alma. Ella se aparece como hermosa joven rubia de ojos negros, todavía adolescente. En cambio María Lionza, su hermana mayor, es alta, de pelo negro y ojos garzos d mirada magnética. Se aparece llevando una corona y pulseras de oro y diamantes y viste un traje largo hasta los pies, con mangas anchas y una capa corta que pertenece al mismo vestido. Ella también concede riquezas, pero sin pacto, a las personas de buen corazón, para que ayuden a los que están en necesidad.

Contaba Camacho que hacia 1965, siete hombres subieron a la Montaña de Sorte a pedirle ayuda a María Lionza. Uno de ellos de San Felipe, era amigo de el y fue quien le echó el cuento. 

María Lionza se les presentó, pero solo uno la veía, los demás sintieron el fluído y el suave perfume que delata su presencia. ella les dijo: 

-Uds. vienen a pedirme que los ayude a solucionar sus problemas económicos, para eso aquí les tengo unas mazorcas de maíz. ¿Las quieren?

Los visitantes estuvieron conformes.

Entonces María Lionza fue desgranando las mazorcas una por una y le daba los granos al que la veía; este a su vez, se los iba pasando a cada uno de sus compañeros, que los guardaron en sus mochilas. Luego los despidió. 

  Bajaron resignados, pensando que echarían ese maíz a las gallinas, al marrano, al burro, a la cabra o a las palomas que tenían en su casa para fomentar la cría. Pero uno, cuando llegó abajo, dijo:

-¿Qué hago yo con este maíz?... Ya tengo mucho en mi casa -y botó al Yaracuy los granos que le había dado María Lionza.

Cuando llegaron a casa y cada uno fue a sacar el maíz para echárselo a los animales, en lugar de granos de maíz hallaron puras morocotas de oro. 

El que había botado los granos, cuando lo supo, regresó corriendo a la Montaña, pero no halló nada, porque el río se había llevado todo. En cambio, sus otros seis compañeros se volvieron ricos y además pudieron ayudar a otra gente, que estaba en necesidad. 


Tomado de "El mundo de Gregorio Camacho" Pág. 70-71