viernes, 6 de octubre de 2017

UN DÍA COMO HOY, pero en 2016: Luisa Elena Betancourt: "Del Malandro al Culto Malandro"


La artista indaga a través de su obra en los orígenes de la violencia que devora Venezuela.
La palabra malandro, procede del  italiano “malandrina” designa a personas de mal vivir, salteadores, vagos. Pero también se asocia a un tipo de lepra o sarna. Enfermedad contagiosa y mutilante. Por tanto el leproso simboliza a seres estigmatizados. ¿Es acaso el malandraje una lepra  psíquica? En el diccionario crítico y etimológico de J. Corominas afirma estos orígenes, o del catalán antiguo bellaco, rufián, que parece haber significado primitivamente pordiosero, leproso, derivado del latín malandría especie de lepra, salteador de camino; y ellos se ven muchas veces atacado de lepra y otras enfermedades.

Este significado podría acercarnos a  este fenómeno,  al asociar el malandraje a una metafórica lepra moral o espiritual, al convertirse en religiosidad a través de la Corte Malandra. Y bandas armadas mutadas en cofradías    temidas, admiradas al grado de llegar a ser objeto de culto. Como ocurre con el Chamo Ismael y sus santos compañeros. Expresión de la descomposición moral, y cultural de un país. Se genera así una dialéctica donde el no creyente busca protección contra estas expresiones contemporáneas del mal, en el mal mismo a través del culto a sus representantes con oraciones, estampas, escapularios que le permiten sobrellevar al menos psíquicamente este terror de la urbe.



en la serie Identidades, recrea los diversos cultos que se están reinventado en el país,  algunas cortes. Así nos acerca a la dinámica de la mentalidad mágica del venezolano. Y uno de sus ejes conceptuales es la Corte Malandra. La artista nos lleva a través del arte contemporáneo a un acercamiento estético a este culto, como respuesta religiosa, y mágica de la psiquis del venezolano ante el desbordamiento de la violencia. Religiosidad que  está asociada a conflictos socio- culturales irresolubles en el presente, como son los homicidios, los enfrentamientos de banda, los secuestros, el sicariato, el pago de vacuna, las pobladas, el asalto en todas su formas… Los datos hablan por sí, el Observatorio Venezolano de Violencia  destaca que en el 2012 hubo más de 19.000 homicidios, aproximadamente 50 muertes violentas por día.  Y en el 2013 un estudio encontró que el 36% de los venezolanos considera “fácil” encargar un asesinato en su comunidad, según recoge la I Encuesta sobre Delito Organizado en Venezuela, presentada en Caracas y realizada por la asociación civil Paz Activa con apoyo de la Unión Europea.


Esta religiosidad se va reinventando día a día, con sus jerarquías como serían los oficiantes generadores y sustentadores   de rituales de  iniciación. Crear espacio de culto, fechas sacras, una simbología corporal a través del tatuaje, la indumentaria. Esto integra un cuerpo mitológico, y ritual que busca adentrar al neófito, a ser piel y alma de estos iconos del mal vivir.


De ahí que la artista Luisa Elena Betancourt, cree estas obras en capas cromáticas de fotografías,  dibujos,  y pinturas  para expresar lo complejo de esta realidad. Fusiona fondos de plantas y elementos usados en el culto, que acompañan los altares privados y públicos,  como: vasos de bebidas alcohólicas, velas, frutas, caramelos para buscar protección mágica de los malandros en sus acciones delictivas y protección del creyente contra el malandraje.


Esta realidad es producto del caos social y económico de nuestra historia y de la Venezuela del siglo XXI. Los contenidos conceptuales que incorpora la creadora, están plenos de ironía y humor, a través de las asociaciones que se crean en este contexto simbólico.  El espectador irá descubriéndose al adentrarse en las obras. Pues, la conversión de anti valores en  valores de respeto y culto,  parecieran  una broma del destino. La fuerza cromática de la propuesta, la espontaneidad de la pincelada y el dibujo expresan la revelación de esta dimensión de nuestra sociedad. Se establece una aproximación estética a lo caleidoscópico de este fenómeno por el uso  de técnicas estéticas clásicas y contemporáneas como son los programas para el tratamiento de fotografías, el plotteo, el collage visual, el graffiti urbano fusionado con  lo  pictórico y el dibujo  propio del lenguaje plástico de la artista; que se evidencia también en las sublimes pinturas de la selva nublada tropical y en las series de aves como son los Sorocuas o Miracielos, inspirada en su vivencia de la Colonia Tovar.


La pose agresiva e irreverente de Ismael es exorcizada al igual que su indumentaria, por destellos de colores tropicales,   reveladores de una luminosidad propia del Caribe. Él con su cachucha ladeada, tabaco en la boca, y pistolas al cinto se convierte en  icono urbano. Tanto la indumentaria como el lenguaje corporal, se transforma en  envestidura ritual. De este modo se sacraliza uno de los instrumentos que dan poder en la calle, en el barrio, en la cárcel: las armas de fuego.

La artista con su sensibilidad logró captar este hueco negro de nuestra alma colectiva, obra que se expuso por primera  en  el Ateneo de Maracaibo, 2009. Y se ha seguido exponiendo  a nivel regional. En una reciente muestra, le llamo a la artista la  actitud de un sacerdote ante la obra:
“Recuerdo las palabras del un sacerdote joven al contemplar  la exposición, cuando se presento en la Asunción Margarita.  Para él contrastaba la belleza de la presentación con la realidad que representa. Me dijo creía que lo llevaban a la celebración de un bautizo; y cuando comienza a bajar las escaleras y comienza a ver la temática se quedo sin palabras. Se agacho ante una de las imágenes no sé por qué motivo, y luego me dijo que él trabajaba en la cárcel con los malandros y en especial con el Pran de allá.”


Gusto al sacerdote la manera de presentar esa temática, pues consideraba que se le quitaba poder al presentarla con esa candidez y belleza. Pues de otra manera es casi tabú y misteriosa “. (Luisa Elena Betancourt, 2013)
Es importante la senda que asumió Luisa Elena Betancourt,  a través de la investigación de nuestra cotidianidad, y del trabajo de taller que le permitió este  acercamiento a La Corte Cale:
“La técnica experimental; es muy dinámica y emplea todas las herramientas contemporáneas que tienen que ver con la digitalización de la imagen sin perder lo tradicional de la pintura y el brochazo característico de mi trabajo. Considero esta manera de trabajar como un acontecimiento donde sucede lo inesperado y se pierde el orden tradicional del resultado final. En esta serie celebro el humor con alegría picaresca
Pero respetando las creencias y devociones del otro.” (Luisa Elena Betancourt, 2006)


Se hibridan de esta manera diversos momentos de la creación en capas, para crear una obra que a su vez son muchas, como lo evidencia cada una de estas piezas. No sólo se asume belleza, sino que se indaga, refleja y se provoca la reflexión sobre una realidad,  donde se esconden muchas de las claves de nuestra fragmentaria venezolanidad, de los caminos que estamos transitando y los códigos simbólicos para provocar en el otro la comprensión de las causas de ese presente y de sus posibles futuros, sino se actúa ante esta realidad.

Cada una de estas obras, como Rezos a la Corte Malandra, 2009 nos adentran en las múltiples capas de nuestras creencias, y de un imaginario dinámico donde se integran arcaísmos, junto a expresiones de nuestro devenir histórico- político contemporáneo. Se está ante el poder de fuerzas irracionales, como es la banalidad del mal y se evade la comprensión y solución de esta problemática a través de lo mágico-religiosas  al convertirlo en una fe. Creación colectiva, que direcciona las pulsiones del inconsciente y ancla al venezolano en una realidad que le permita aceptar pasivamente la conflictividad de  esta  realidad histórica. Impidiendo  la reacción moral y activa.  Así, el  malandro Ismael, y su corte es percibido   por fuerzas psíquicas  ante las cuales, la conciencia y la racionalidad se ciegan,  se actúa dejándose llevar por lo irracional y lo emocional, proceso común   a las corrientes que han dominado  nuestra  historia contemporánea. El arte se transforma así en algo más que la búsqueda de la belleza, al asumir problemáticas actuales que son necesarias repensar, y comprender  para salir del laberinto histórico en que nos encontramos.


Oración al Chamo Ismael:
Con el Poder del Santísimo Creador y las Cortes Espirituales, / ya con el Poder concebido de las Cortes entre una de ellas, /como la Corte Baja, ya nombrada Malandro. / Aquella persona que tenga, / su fe puesta en mí y obtenga esta estampa, / será protegida de toda brujería, hechizos, /y toda maldad que esté relacionada con mi corte.
Amén.

Tres Padrenuestros y un Avemaría.

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