miércoles, 25 de febrero de 2009

Ánimas de Venezuela...


ÁNIMAS DE GUASARE
(de Maribel Araez)

Las ánimas, según la religión católica, son las almas de los difuntos que se encuentran expiando sus pequeños pecados en el Purgatorio, hasta que logren la purificación que les permitirá acceder al lado del Señor Todopoderoso. En este proceso purificador pueden intervenir los mortales a través de la ejecución de rezos, colocación de velas, celebración de misas, etc.

Sin embargo, en la etnología venezolana, existe otro tipo de ánima que, sin estar reñida con las creencias de la religión dominante, tienen un origen muy particular. Casi siempre se trata de una muerte violenta o de la desaparición de una persona singular, pero de características muy humildes, rayanas con la pobreza.

En el Edo. Guárico, sobre la Carretera Nacional, entre Valle de la Pascua y Chaguaramas, existe un santuario al ÁNIMA DE PICA-PICA. Establece la leyenda que un arriero había extraviado su mula y en su búsqueda se encontró (bajo una mata de Pica-Pica) con los restos insepultos de un soldado de la guerra de independencia. Se cree que fue uno de los soldados que peleó en Jácome, lugar en donde el 15 de enero de 1.815 fue hecho prisionero el General José Félix Ribas, tío político de El Libertador. Llevado a Tucupido, sería ejecutado por las fuerzas realistas.

El arriero planteó, ante los restos del soldado, que si lo ayudaba a encontrar su mula antes del amanecer, él le daría cristiana sepultura a sus restos. La mula apareció, pero el arriero no cumplió su parte. El caso es, que al poco tiempo el arriero cayó enfermo. Antes de morir, le explicó a sus hijos sobre su encuentro con el ánima del soldado. Aunque los hijos le dieron sepultura a los restos del soldado, el arriero falleció.

Otra versión indica que el ÁNIMA DE PICA- PICA pertenece a José Zambrano, un campesino de la zona que fue vilmente asesinado junto a su mula. Animal este que permaneció al lado de su propietario aún después de su muerte. Sería sepultado al pie de un árbol de Pica-Pica, de ahí el nombre con que se conoce a esta ánima.

También en el Edo. Guárico, en la población de Santa María de Ipire, existe otra ánima: EL ÁNIMA DE TAGUAPIRE. En los pueblos rurales, carentes de los más indispensables servicios, hay lugares en los que para acceder a una medicatura o dispensario médico, hay que trasladarse a pie a través de trochas, pues hasta los caminos les son vedados a muchas poblaciones rurales del país. Cuando una persona enferma gravemente, es sacada de estos lugares “en hamaca”. Es decir, dos hombres buscan una vara gruesa y le amarran un chinchorro o cobija en sus extremos. Dentro de esta improvisada camilla, es colocada la persona enferma y traslada en hombros de los vecinos, los cuales se turnan en el trayecto hasta llegar a la medicatura. Este fue el caso de Francisca Duarte.

Desde lo profundo de un hato, fue sacada en hamaca hacia Santa María de Ipire. Sus cargadores se percatarían de que había fallecido en el camino, razón por la cual se detuvieron para darle vuelta a la cobija y exponer el color oscuro hacia fuera, dando a entender a los caminantes que la persona estaba muerta. Al reiniciar la tarea, los cargadores se encontraron con que la improvisada camilla se había puesto tan pesada, que les resultó imposible dar un paso más. Por tal razón, decidieron enterrarla allí mismo, al pie de un árbol de taguapire.

También existe otra variante sobre el surgimiento de esta ánima. Francisca Duarte habría muerto de paludismo y cuando era llevada a Santa María de Ipire para su entierro, los vecinos se habían visto impedidos de llegar por la crecida de un río en el camino. Esperaron hasta al siguiente día, cuando las aguas recuperaron su cauce normal. Al querer reiniciar el cortejo, se encontraron con que el cadáver se había puesto tan pesado que impedía su alzado. Por tal razón, optaron por enterrarla en ese mismo lugar al pie de un árbol de taguapire.

Y estas no son las únicas ánimas de Venezuela. En el propio Guárico, en Altagracia de Orituco, existe otra ánima de taguapire. En Apure está EL ÁNIMA DEL AJILERITO. En Falcón, LAS ÁNIMAS DEL GUASARE. En Valencia, EL ÁNIMA DE LA YAGUARA. Y hasta la Caracas de la esquinas con nombres, tiene su esquina de Ánimas. En dicho lugar, supuestamente de noche se podían escuchar voces monótonas rezando el rosario. Se decía que eran las ánimas del purgatorio.

Hasta en nuestra historia de independencia están presentes las ánimas. Se dice que, en su juventud, José Antonio Páez fue hecho preso por negarse a servir en las tropas del rey. Cae la noche y se empiezan a oír disparos y voces cerca de la prisión. El oficial a cargo mandó a un grupo de soldados a ver qué pasaba. Estos, al increpar: ¡Alto, ¿quién vive?!, recibirían por respuesta: ¡América libre, soldados de la muerte!. Los soldados huyeron despavoridos, permitiendo de esta forma que los prisioneros pudiesen escapar. Páez diría, que eran las ánimas del purgatorio que habían acudido en su auxilio.


FUENTE


Memoria de Betijoque: El ánima del cerro

Fuente: Rafael de J. Argüello G;Diario el Tiempo

Es costumbrismo del pueblo venezolano, engarzado en las profundas raíces de la nacionalidad, el culto religioso a las benditas ánimas de purgatorio. Así vemos en los antiguos caminos de la época colonial, que aún perduran. Y también en las modernas vías de comunicación vial, la permanencia de esta tradición, representada en cruce que seńalan que allí murió un cristiano, fuese cual fuese el motivo de su deceso. Eran y son predilectas de este culto popular, las ánimas de los cristianos que murieron en forma alevosa y también en su contraparte, los asesinos de toda índole, que en base a su innumerable violencia, crímenes y violaciones, fueron ajusticiados por sus crímenes.

Estas ánimas, son invocadas, con cierta preferencia por el pueblo, que en sus momentos de angustia o problemas o peligros personales inminentes, solicitan su intervención para la solución de sus problemas. De esta manera se va formando una devoción religiosa acrecentada por una especie de aureola de milagros y leyendas, más o menos ciertas o falsas que son propaladas por sus devotos.

En nuestro país son numerosos los ejemplos de esta devoción popular. Así tenemos el culto al ánima de Gregorio de La Rivera, caballero espańol que por allá por el siglo XVII, en la ciudad de Mérida, dio muerte en forma violenta al cura confesor de uno de los conventos de esta ciudad. Esta ánima se invoca con preferencia al don que tiene de encontrar los objetos perdidos. A pocos kilómetros de la ciudad de Coro y en la autopista que la une a la ciudad de Punto Fijo, en pleno istmo de la península, se encuentra una capilla levantada en memoria y devoción de las ánimas de Guasare; cuyo origen data de comienzos del siglo XIX; cuando un numeroso grupo de habitantes de las comunidades de la península de Paraguaná viajaban a pie hasta Coro, en solicitud de ayuda alimenticia, a causa de que por cambios climáticos se había desatado una hambruna que amenazaba con acabar con todos los habitantes de la región; estas personas no alcanzaron a llegar a su destino y murieron por inanición en este lugar de Guasare; allí fueron enterrados todos los hombres, mujeres y nińos y en el mismo sitio se levanta esta capilla que es visitada por los numerosos viajeros que circulan por esta carretera. Las Animas de Guasare son famosas en todo el país, a causa de la protección que otorgan a sus devotos.

Aquí en terrirtorio de nuestro municipio, también tenemos un ejemplo de este culto popular; identificado bajo el nombre del Anima del Cerro; nombre bajo el cual lo han identificado los pobladores de las comunidades vecinas como La Laja, Sabana Libre, El Alto, Escuque, San Juan, San Pedro y Sara Linda.

Su origen data desde el ańo 1956; cuando todas estas comunidades se vieron conmocionadas por una extrańa noticia, muy insólita para la época -por la circunstancia de que la policía política, o sea la Seguridad Nacional del régimen dictatorial del general Marcos Pérez Jiménez, ejercía un férreo control sobre el orden público-. Este suceso fue la denuncia que ante las autoridades hicieran un grupo de cazadores que, recorrían el Cerro de Ponemesa, al encontrar al pie de un árbol y en plena montańa, la osamenta de un ser humano, que conservaba restos de sus vestidos. Pese a los esfuerzos de las autoridades al tratar de identificar a estos restos entre los poblados vecinos, nada se pudo esclarecer y se tejieron muchas conjeturas sobre su identidad; en una de ellas se decía que estos restos pertenecían a un poblador del vecino Escuque, que se había refugiado en estos montes a causa de la desfiguración de su rostro. Por sufrir de un avanzado estado de la enfermedad de la lepra. Como no se llegó a ninguna noticia cierta sobre la identidad del sujeto, se ordenó que fuesen sepultados en el mismo lugar donde fueron hallados. Con el transcurrir del tiempo la creencia popular en las ánimas del Purgatorio, fue creando alrededor de estos restos, un culto, una devoción netamente popular; sus creyentes construyeron una especie de capilla rústica que cubre su sepultura, protegida de los animales salvajes por un montón de piedras, que sirven a la vez para sostener las innumerables velas encendidas que constantemente pueden verse. También se encuentran en este lugar, numerosos objetos ofrendados en seńal del pago de los favores y milagros que esta ánima otorga a sus creyentes. Objetos tales como: Enyesaduras, muletas, piezas de autos o de motocicletas, trajes de novia, etc., así como gran cantidad de pequeńas reliquias. Esta sepultura ostenta una pequeńa cruz donde se lee la siguiente inscripción: JUSTO B. Por las averiguaciones hechas entre los habitantes de La Laja, los más longevos dicen que ese no es el nombre de este muerto, sino de su enterrador. De todas maneras es un misterio el verdadero nombre del ánima del Cerro.

Esta atracción de índole religiosa, que podría catalogarse, pero en grado menor a las peregrinaciones que acuden al pueblo de Isnotú, se uniría a las del monumento a la Batalla de Betijoque; a las ruinas del pueblo extinguido de San Juan de Carambú y a la Piedra Pintada -el único petroglifo que existe en toda la región trujillana- con el consiguiente complemento de estar unidos estos centros de interés histórico-religioso y arqueológico por el antiguo Camino Real de los Espańoles, trazado y construido en el ańo de 1578. Si en realidad hubiera una verdadera y sincera política de la explotación del turismo, estos lugares serían un poderoso atractivo para el desarrollo de esta industria.

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