miércoles, 18 de febrero de 2009

Lugares de Culto a María Lionza (Caracas)


La Mariposa embrujada


Sorte se mudó a La Mariposa Las orillas del río que surte de agua al principal embalse de Caracas son el nuevo escenario del culto a María Lionza.

Espiritistas, santeros y paleros hacen sus ritos día y noche con velas, animales y hasta cadáveres

Es viernes. Son las 4:00 de la tarde y La Mariposa, ese gran remanso de agua que abastece a la capital, es silencio y soledad. Pero río arriba hay ruido, movimiento y color. María Lionza y todas sus cortes reinan en esta montaña, que está a punto de sustituir la cuna de la diosa en el estado Yaracuy. Sorte se está mudando a las afueras de Caracas.

Espiritistas, santeros y paleros plantaron sus altares a las orillas del cauce de agua que nutre al embalse. Ahora las rocas, las aves y los árboles, propios de la zona protectora, tienen nuevos vecinos. Sembradas con cemento, agrupadas en monumentos, están las imágenes de Santa Bárbara y el Indio Paramaconi; de José Gregorio Hernández, Eleguá, la Negra Matea y del malandro Ismael; de Simón Bolívar, Don Juan del Tabaco, San Benito y el doctor José María Vargas. Y como centro, la trinidad formada por la reina María Lionza, Guaicaipuro y el Negro Felipe: las Tres Potencias. Todos tienen cabida en ese territorio del sincretismo religioso, de esa fe basada en las fuerzas de la naturaleza y la conjunción de creencias católicas, personajes históricos y diversos mitos venezolanos y extranjeros.

Arbeliz Pascual Scott, mejor conocido como el Pájaro, hace una sopa en un caldero a la leña. Es moreno, de barba canosa y lleva 10 collares de colores, de los que usan en santería.

“No vuelo”, aclara, divirtiéndose con su sobrenombre. Es el encargado de cuidar un “portal” muy cercano a la carretera, en el sector conocido como el Puente de los Hechiceros.

Los portales (altares) crecen cada día más en la montaña, hay quienes calculan que son más de 200, pero en realidad nadie lo sabe con certeza. Lo que aseguran es que cada día hay más “brujos” en La Mariposa.

El portal del Pájaro no es el más llamativo. La humedad, el calor y el polvo han ido desgastando a las figuras: hay vírgenes sin manos, un Niño Jesús de Atocha sin pies e indígenas de narices mutiladas.

Igual, siempre alguien se acerca y hace allí su ensalmo.

Hay quienes construyen su propio portal, y lo cuidan; otros utilizan altares de otras personas, de manera gratuita o alquilándolos. El Pájaro vive de las propinas que le dan los espiritistas, santeros y paleros.

“A veces busco un animal del monte para sacrificio, y me lo pagan”. Asegura que hace cualquier servicio relacionado con el más allá.

El Pájaro repite lo que dicen todos: en La Mariposa no hay distingo de clases, ni de sexo, ni de posición política. “Llegan policías uniformados, también militares y artistas de la televisión. Aquí viene más gente del Gobierno que civil a hacer brujería. Muchas personas no van a Sorte porque se puso peligroso.

Por eso se mudaron para acá”. Este viernes hay poca gente, se cuentan sólo nueve buenos carros estacionados en la carretera; pero los fines de semana el volumen se incrementa. El negocio da para mucho.

Hasta hay parqueros para cuidar los vehículos y que protegen la identidad de los famosos que allí concurren.

Si es día de fiesta, el gentío se aglomera. El Día de las Madres se lo celebraron a María Lionza con cestas de cambures, lechosas, ocumos y flores. El próximo 24 de junio, fiesta de San Juan, los espiritistas dejarán la puerta abierta para que todos los espíritus bajen a sus cuerpos y se diviertan.

II Son las 5:30 de la tarde y Joseline está llegando a la montaña junto con su esposo, William, y sus dos pequeños hijos. Viven en El Valle y a diario van a La Mariposa. Ella no tiene trabajo, por lo que dispone de más tiempo libre. Su marido maneja una camioneta de pasajeros y cree necesario limpiarse de la carga negativa.

Joseline viste capa y shorts rojos de tela de satén. Es su traje para comunicarse con sus santos. El rojo es el color de María Lionza y de Santa Bárbara guerrera, para protegerse de sus enemigos.

William anda en pantalones cortos, sin camisa, y revisa el mensaje de texto de uno de los cuatro celulares que ha puesto sobre una piedra, donde también hay refrescos y galletas, como si fuera un día de picnic. Los niños corretean, divertidos, y se desvisten para entrar al río. Para ellos es un juego cada tarde que van con sus papás y no les parece raro que mami fume un tabaco, encienda fuego y le escupa caña blanca a los santitos. “Vengo aquí a limpiarme, a desarrollar la materia, a evolucionar”, explica Joseline. Y está orgullosa de eso. Ella construyó su portal hace un año. Lo ofreció a María Lionza y fue llevando las imágenes. Algunas se las robaron, por lo que tuvo que reforzar la estadía de sus santos en el cerro, pegándolos con cemento.

La familia antes iba a Sorte, pero tuvo una mala experiencia y no ha vuelto: “Nos robaron con escopetas, no me quedaron ganas de ir más nunca. En este río me quedo hasta la noche, tranquila. La Reina (María Lionza) se nos manifiesta como una mariposa”.

En el portal de Joseline habitan más de 30 figuras: combina miembros de la corte india, de la corte negra, de la corte de los Juanes y de la corte celestial. Tiene a María Francia, que ayuda a sus hijos en los estudios; también a mister Vikingo y al doctor José Gregorio Hernández. Y allí, entre todos, está la figura en anime de Winnie the Pooh, el osito de Disney.

“Él acompaña al nené Eleguá, o el Santo Niño de Atocha”, explica. En el centro de su altar está María Lionza: “Mi cabeza, mi mamá”.

Inicia su ritual pintando en el piso una flecha con talco y pólvora. Se llama “reventado” y es para sacar todo lo negativo que tiene el portal, porque “a veces lo invaden los espíritus bajos”. Reza el credo mientras fuma tabaco. Dibuja símbolos en la tierra. Toma una botella de caña clara, introduce el líquido en su boca, pero no se lo bebe, sino que se lo escupe sobre las figuras. Coloca unos papeles con nombres dentro de unas velas con pólvora, para quitarse el daño que le han echado otras personas. William explica que ellos son espiritistas. “Los santeros trabajan con animales y los paleros trabajan con muertos de los cementerios”. Cuenta que todas estas manifestaciones conviven en la montaña, sin molestarse. Pero no todos piensan igual. María tiene un portal que mantiene enrejado y con un letrero que indica que no se alquila. Se queja de que los santeros “tiran pollos y chivos muertos por aquí y luego culpan a todos de la contaminación del río”.

Sin embargo, uno de los parqueros asegura que los que están contaminando el agua que va para Caracas no son ellos, sino una cochinera de Potrerito.

A un kilómetro del puente de Los Hechiceros está el portal de La Maracucha, una casita con tres paredes y un techo.

Yulitza va allí a fumar un tabaco y orar. “La montaña se presta. Vengo a pedir por la salud, por el progreso, por el estudio de mis hijos”. Junto a ella, un militar, vestido de civil, espera –intranquilo– a ser atendido.

III Son las 7:00 de la noche y va llegando más gente. Hay muchas mujeres, con las cabezas tapadas con pañoletas. Cada una fuma un tabaco en un altar. El ritual es prender velas blancas alrededor de una botella de malta. Nadie quiere decir por qué; cada quién está concentrado en lo suyo.

En una loma está la señora Teresa, una de las curanderas más visitadas. Está sentada sobre una cajita de madera y, frente a ella, su “secretaria” anota a los pacientes. Las dos mujeres llevan gorros desechables de color azul, de los que usan médicos y enfermeras en las emergencias. Parece un consultorio a la intemperie.

Dos parejas esperan paradas para ser atendidas. “No puede hablar con nadie, está en consulta”, indica seria la secretaria, mientras anota en un cuadernito la novedad.

Douglas, de 32 años, es técnico superior en Recursos Humanos. Trabaja en una oficina de día, pero desde hace 3 años, todas las tardes y fines de semana, está allí, con pantalón blanco, gorrito tejido, collar de cuentas rojas y sin camisa, para trabajar con los espíritus. “Tengo abogados y jueces como pacientes”, explica. Es uno de los miembros del portal de Francisca Duarte, el ánima de Taguapire, que está casi pegado al río. La bandera de Venezuela preside este altar sobrepoblado por imágenes de indios y cimarrones.

Douglas es “materia”: su cuerpo puede alojar temporalmente a alguno de los miembros de las cortes de María Lionza que requiera contacto a tierra.

“Aquí viene gente todos los días y a cada hora, por salud, malestares, amor, empleo”. Advierte que si no se está con cuidado, se puede ser víctima de un “platanero”: brujos que estafan a los desprevenidos.

Las fuerzas del mal y del bien comparten el monte; los mismos santos que a unos ayudan a conseguir trabajo, a otros les sirven para lanzar un daño. De noche, las velas iluminan y le dan textura a las siluetas, como si se hubiese plantado una urbanización de seres de otro mundo. Una virgen sin cuello observa al borde de la carretera, dueña y señora de la montaña.

(Publicado en el diario “El Nacional”, Caracas/Venezuela, primera plana del día 01 05 2008)