domingo, 22 de noviembre de 2009

Brujería, una ‘religión’ con miles de fieles en Cali (El País, Colombia)


El 40% de los caleños cree en ella y el 34% la ha utilizado para deshacer maleficios. Los conjuros pueden costar entre $200.000 y $1’000.000. Chamanes que amarran el amor. Santeros tras el poder.

La vivienda blanca está ubicada en un barrio de estrato seis. En medio, enfrente, muy cerca de otras casas de familia, de un señor que tranquilo toma aire en el jardín de su propiedad. Las cortinas negras no la delatan, pasa desapercibida en el sector.

Una mano corta la oscuridad de la ventana y un hombre, de jean moderno y camisa de marca, se asoma para aprobar la entrada de un cliente más. Adentro todo está vacío, pero la nada resulta lúgubre, el teléfono retumba (hasta quince veces en el día) sobre el único accesorio decorativo: un escritorio con santos y papeles, con un cenicero utilizado insistentemente, con vasos, con una decena de objetos que no tienen otro lugar para estar.

Contradiciendo los estereotipos que pintan a las brujas como ancianas vestidas de negro y nariz verrugosa, él, joven y bien arreglado, dice ser un chamán que trabaja por el amor: para atraerlo, doblegarlo, ligarlo, humillarlo. Con vehemencia se declara creyente, manifiesta que “Dios es Dios” y por encima de Él no hay nada, sólo que hay cosas que no se le pueden pedir, como obligar a alguien a que te ame.

Para estos trabajos, según el chamanismo, hay que recurrir a jerarquías más bajas, lo que llaman la corte celestial, para invocar a los llamados espíritus de luz alta por el ‘bien’ del amor. Del amor subjetivo y egoísta, vale la pena aclarar, de ese que quiere ser retenido a costa de lo que sea, y de quien sea. De ese que se enamora de alguien comprometido, que es capaz de separar matrimonios, “pero al fin al cabo amor”, precisa.

En un pequeño cuarto se encuentra el altar. En lo más alto está ubicada la reina María Lionza; a su diestra, el Negro Felipe, y en la otra esquina, Guaicaipuro. Los tres cargan con la responsabilidad de ser reconocidos como la potencia del amor y permanecen alumbrados, día y noche, junto a una veintena de fotografías de personas a quienes, alguien que dice amarlos, anhela poder dominar. Entre las fotos sobresale la de una colegiala a quien su propia madre, también argumentando amor, mandó a alumbrar para que deje de ser tan “callejera”.

Los ritos son acompañados con muñecos (vudú) que son punzados en la cabeza, el corazón y en medio de las piernas para desesperar a la ‘víctima’; o de prendas íntimas de seres que quieren atrapar a la fuerza.

*Andrés no puede contar su propia historia. Un familiar lo hace por él, relata que de manera natural se enamoró de la hija de una mujer que practicaba la brujería. Hasta la hizo su esposa, pero aún cuando fue perdiendo la fuerza de sus sentimientos comenzó a pensarla con desespero, a atormentarse cuando estaba distanciado de ella. Fue visto más de una vez rasgándose las vestiduras, deprimiéndose profundamente, perdiendo la paz. Entonces, tomó la decisión de ir donde un brujo que le aseguró que había sido ‘trabajado’ y le dio una bebida para limpiar su cuerpo. “A los días lo vimos vomitar varios nudos de pelo y gritar que, tal cual se lo habían dicho, le habían dado los tres vellos (cabeza, axila y entrepierna)”.

De acuerdo con un sondeo realizado por El País, el 40% de los caleños cree en la brujería y un 34,5% de éstos acepta haber recurrido a ella para deshacer maleficios. Pero por sus más de 15 años de trayectoria en el mercado de la magia negra, el chamán insiste que el fenómeno es mayor.

De todas las ciudades donde ha trabajado (Bogotá, Medellín y Bucaramanga), en la capital del Valle es donde ha encontrado más adeptos. Revela que la mayoría de sus clientes, quién lo diría, son hombres que por lo general no soportan una infidelidad y quieren ver a su mujer arrepentida, humillada.

También insiste que en el 80% de los casos es consultado por alguien que se encuentra despechado. El resto de sus clientes llega para implorar por los negocios, el dinero, la suerte; mientras que las personas que buscan vengarse de alguien no son muy comunes. Pero como las brujas, que las hay las hay.

Sobreoferta

Intolerante ante esa vecina que siempre que barría le echaba la mugre a su acera, una señora acepta que pagó para cerrarle la estrella de la felicidad y obligarla a cambiar de casa. Encargos como éstos son los que desencadenan los llamados entierros en los cementerios, para encomendar a los espíritus abandonados maleficios; o recoger tierra de muerto en una bolsa negra, amarrada con el nombre y el muñeco que representa a la víctima, para arrojarlos sobre casas o negocios.

Las historias se escuchan por toda la ciudad, como la de un conocido local de la Avenida Sexta (donde actualmente funciona una cadena de comida), que durante mucho tiempo estuvo desalojado porque alguien supuestamente lo ‘saló’ para evitar que lo alquilaran. “Cuentan que cuando lo remodelaron encontraron toallas higiénicas en el techo y otra cantidad de cosas raras”, manifiesta una fuente que conoce del medio.

La oferta de conjuros y maleficios parece ser tan amplia como la de personas dedicadas a la brujería y los poderes de la adivinación en la ciudad. Diariamente en los periódicos se leen alrededor de 20 anuncios clasificados en lo que se ofrecen servicios variados. Lecturas del tarot, el tabaco y el iris del ojo. Lociones para el amor, la suerte o el dinero. Chamanes, videntes, mentalistas, o aquellos que prefieren hacer referencia a los estigmas de regiones conocidas por la magia negra: “Efectiva guajira” o “Chocoana”.

La brujería es un tema sensible del que pocos se atreven a hablar, pero al que muchos recurren a juzgar por lo amplio y lucrativo del mercado. Analistas atribuyen en buena parte al fenómeno del desplazamiento (que desde la década de los 80 ha traído a la ciudad desarraigados del Pacífico) el crecimiento de este tipo de prácticas.

Una fuente explica que detrás de la libre oferta de la lectura del destino, se encuentra el lado oscuro de la brujería. “Se ofrece leer el tarot o las cartas por $10.000 o $20.000, pero seguido viene una serie de rituales para solucionar los problemas, los cuales se cobran por separado”.

Por la realización de los conjuros, rezos, entierros y cuanto necesite el cliente para orientar el destino a su antojo, se cobran desde $200.000 hasta $1’000.000, dependiendo del brujo. En algunos clasificados garantizan el trabajo a tal punto, que dicen cobrar sólo cuando se vean los resultados.

Un reconocido tarotista de la ciudad dice que en el 20% de sus consultas personas desesperadas le piden una solución inmediata a sus problemas, lo que sea para cambiar eso que no les gustó al escuchar su futuro. “Me han dicho ‘cómo hago para que deje a su esposa’ o ‘para hacerle mal a un compañero del trabajo’. Yo les explico que lo único que ofrezco es una consejería a través del tarot, que nadie puede interferir o cambiar la vida de otro. Que las soluciones sólo están en uno mismo, pero eso no les gusta”.

El padre José González, párroco de la Iglesia San Fernando Rey, atribuye a la crisis económica y la debilidad de las personas la proliferación en las ofertas de adivinación y brujería en la ciudad. Denuncia que además de la publicidad que aparece, sin ninguna censura, en los medios, existen volantes entregados en las calles y universidades.

“Cuando hay situaciones difíciles, problemas económicos y afectivos, la gente se refugia en cosas que aparentemente les traen soluciones y terminan estafadas. Yo trabajo en El Calvario y siempre escucho: ‘Padre estoy enfermo, eso debe ser que me hicieron algo’. Entonces yo les respondo: ‘Usted lo que necesita es un médico, venga vamos a sacar el Sisbén’. No hay que buscar explicaciones externas”.

Jorge Quiñónez, coordinador de la Línea de Toxicología de la Secretaría de Salud de Cali, asegura que cada año en la ciudad se presentan entre 200 ó 300 intoxicaciones de menores de edad, de las cuales una decena tiene como causa de agravamiento los bebedizos de uso popular. “Existen muchas prácticas o creencias que la gente no le cuenta al médico y que pueden resultar más peligrosas que la misma enfermedad”.

Pero la magia negra no es exclusiva de las clases populares que confían su suerte a los riegos o le achacan sus problemas a los maleficios del más allá. En la ciudad existen alrededor de cien brujos que trabajan para caleños de todos los estratos.

Sugestión

*Augusto practicó durante 20 años la santería. Se inició por curiosidad cuando una mujer de su total confianza le leyó el iris de los ojos y de pronto se encontró asistiendo a reuniones cada ocho días para consultar a los muertos sobre su vida y ofrecer sacrificios a Changó, al Negro Felipe...

Todo le comenzó a parecer normal. Las ceremonias incluían ofrendas con frutas, tabacos y un santero consumiendo insaciablemente licor para permitir que tomaran posesión de su cuerpo. Es ahí cuando los asistentes entran a consultar uno a uno su suerte, piden solución a sus problemas o protección contra sus enemigos. Él tuvo que ver tantas veces cómo su santero transformaba la voz y, a pesar de beber intensamente, al terminar el ritual se paraba totalmente sobrio.

La santería, que es considerada casi una religión en Cuba, es un sistema de creencias y de ritos heredados de la tradición yoruba, que son los descendientes secuestrados en África y esclavizados en la isla. Y, según el testimonio de Augusto, en Cali no es nada difícil encontrar quien la practique. Es un movimiento tan fuerte, que supuestamente ha escalado la clase política de la ciudad y en su momento llegó a ser la mano derecha de un ex alcalde y su gabinete: “Detrás de la política de Cali se ha movido la magia negra, la brujería. En el Congreso hay senadores protegidos por los santeros y, desde que yo la practicaba, se escuchaba hablar de un actual presidente latinoamericano afecto a esas ptácticas”.

Detrás de estas creencias existen necesidades de poder. Es por eso que los ‘narcos’ se encuentran entre los adeptos de estas ceremonias. Fuentes que trabajan con la magia negra coinciden al afirmar que algunos narcotraficantes confían sus cargamentos de droga a los santeros para que éstos sean ‘rezados’ y esquiven los controles de las autoridades.

Dentro del chamanismo, los delincuentes también recurren a la llamada corte de luz media (espíritus que no diferencian entre el bien y el mal) para que les permita cometer el ilícito sin exponer su vida. “Las personas perseguidas por enemigos los utilizan para cerrar el cuerpo, es decir, los invocan para que les selle la materia, así nadie les puede hacer daño”. Pero como todo conjuro tiene su contra, el protegido puede caer presa de un verdugo que le dispare arrodillado, rezando por la efectividad de una bala certera.

Augusto dice que nunca usó la santería para hacer el mal y admite que muchos fueron los beneficios económicos que recibió de los santos. Pero hay una cosas que jamás logró encontrar: la tranquilidad. En las ceremonias todos escuchaban agradecidos cómo les revelaban que su mujer los engañaba, que la familia no los quería, que un conocido les quería hacer daño. Dice que las predicciones siempre se le cumplían y comenzó a crear dependencia para consultar cada paso en su vida.

Se volvió desconfiado e inseguro y eso acabó con su matrimonio. Entonces tomó la decisión de alejarse de la santería y acercarse a Dios.

A Andrés le ocurrió todo lo que el brujo le sentenció. Vomitó nudos de pelos, peleó con su mujer tras acusarla de haberlo trabajado, pero finalmente murió apuñalado por un desconocido. Un familiar asegura que fue la ‘bruja’ de su esposa que se enamoró de otro y, esta vez para alejarlo, le pareció más rápido recurrir a la mano del hombre.

Poder de sugestión o brujería, cada quien escoge en qué creer. A la casa blanca, de estrato seis, llega un nuevo cliente dispuesto a pagar en efectivo por lo que él llama felicidad. El teléfono no para de timbrar.

Orinando sanguijuelas

Depronto le comenzó a crecer el estómago. Sus compañeros dan fe de ello, cuentan que parecía una mujer embarazada, pero una de esas a las que la noticia no le sienta bien: “Se veía como demacrada, extraña”.

Las ecografías desmintieron los rumores, *María no tenía nada en su vientre, aunque éste crecía sin control hasta el punto de que cargarlo la desgastaba. En seis meses bajó 17 kilos de peso, pasó de 72 a 45, pero ante los exámenes médicos seguía siendo una persona saludable. El desespero la colmó el día en que empezó a orinar como sanguijuelas.

Una tarde una vendedora ambulante la paró y le advirtió: “Usted no está embarazada, eso es brujería”. Aún incrédula, María preparó el bebedizo de azufre y aguardiente que le recomendó y por la noche se retorció del dolor.

En una segunda ecografía le descubrieron unos supuestos tumores y ya en una cirugía le extrajeron varios nudos de pelo. Pero, según sus compañeros, la “barriga le seguía igual”.

“Entonces me tocó empezar a creer. Fui donde una señora en Pueblo Joven que me realizó un despojo por $80.000. Me hizo vestir de blanco, me sacudió con hierbas y me rezó”. También le aseguró que la responsable de su mal era una mujer, cuya descripción correspondía a su ex suegra.

Paralizando miembros. *Liliana vive en un barrio de estrato alto. Tiene una belleza que los hace “tropezar en las aceras”, pero no se considera con suerte en el amor. Desde la universidad le divertía saber sobre su futuro. Comenzó a ir donde una mujer de tez negra que leía el tabaco, por $10.000 le contaba sobre sus admiradores.

Tuvo un novio que, por mujeriego, la hizo sufrir más de la cuenta. Después de cada pelea, ella recurría a quien se convirtió en su bruja de cabecera para que la tranquilizara diciendo que pronto la llamaría. “Me leía el tabaco y me cobraba $50.000 más por seguir fumando durante varios días para que él me pensara con desespero”.

Así lo hizo varias veces, hasta que prefirió terminar con la relación, pero antes pagó $100.000 para que la mujer lo alumbrara. “Estaba cansada pero quería que me pidiera disculpas, que me rogara para decirle: ‘ya no quiero estar con vos’”.

El tiempo pasó y se volvió a enamorar aparentemente del correcto: un hombre que le propuso matrimonio. “Pero como todos son iguales”, también le salió mujeriego. Por eso la bruja, a la que nunca deja de consultar, le recomendó ‘trabajarlo’ para que no se pudiera acostar con otra mujer.

Según explica una mujer que ejerce la magia negra, en una ceremonia se invoca al Chaca Azul, que es un espíritu de la corte africana con la imagen de un falo grande.

Y se hace el conjuro: “Aquí te entrego a (nombre del dominado), su deseo sexual, su pasión, y a partir de hoy te suplico que no lo dejes tener relaciones sexuales con otra mujer, sólo conmigo”.

Liliana no dudó en pagar los $300.000, dice que los hombres son infieles, que no es suficiente con que te amen y a veces necesitan una ayuda.

Mandato constitucional

  • Las creencias tienen plena libertad de ejercicio y acceso. El abogado Víctor Hugo Vallejo explica que la brujería, así como la astrología o cualquier método de adivinación, hace parte de la libre personalidad y no está considerada en ninguna acción penal.

  • “El derecho no interviene en estas prácticas, que representan creencias subjetivas, a menos que ésto acarree daños materiales o violación de los derechos, pero carecen de material probatorio”.

  • De la farándula
  • l síquico Armando Martí se le descubrió un subcontrato establecido con la Fiscalía para realizar asesorías al ex fiscal Mario Iguarán. Dicen que coordinó el hallazgo de una supuesta muñeca de vudú enterrada en una matera del despacho de Zayda Mora, ex secretaria general.
  • l ex presidente Ernesto Samper confesó que llevó una vidente pereirana al Palacio de Nariño, después de que halló un amuleto con supuesta tierra de cementerio y las garras del diablo pintadas al respaldo de un cuadro de la Virgen en la entrada de la casa presidencial.
  • Creyente de los rituales indígenas, el ex mandatario Andrés Pastrana recibió una pulcera blanca de los Coguis cuando subió hasta la Sierra Nevada de Santa Marta para confiar el designio del país.
  • l mentalista José López Rega tenía fuerte influencia y hasta un sueldo durante el gobierno de la presidenta Isabel Martínez, viuda de Juan Domingo Perón.
  • FUENTE