miércoles, 13 de octubre de 2010

Venezolanos buscan protección y salud en la montaña mágica de María Lionza


AFP

Un hombre expulsa sangre por la boca con los ojos vacíos. Entre convulsiones, se acerca a una mujer enferma y la besa, mientras la multitud que inunda la montaña de Sorte (norte de Venezuela), celebra ya la sanación y agradece a la "reina" María Lionza.

La semana del 12 de octubre, centenares de espiritistas, adeptos de la santería y ciudadanos en busca de salud, consuelo o protección se dan cita en esta montaña venezolana, donde según la tradición apareció María Lionza, deidad femenina y pilar de esta creencia.

"Es un lugar muy especial, con mucha fuerza y energía porque aquí se vio a la reina. Es tan poderosa Sorte que por la noche las raíces de los árboles desprenden luz", asegura la santera Meyra Peña.

Cada rincón de esta montaña selvática, sembrada de pequeños senderos y riachuelos, sirve de altar.

El ambiente es mágico y hasta onírico. Los gritos y gemidos de quienes reciben los espíritus resuenan en Sorte, el olor a puro, usado por los fieles para llamar a los "santos", llega a ser insoportable y los tambores y cánticos repetidos mecánicamente retumban sin pausa para empujar a los santeros al trance.

"Sin fe nada ocurre, con fe todo puede curarse. Yo ya he puesto de pie a seis inválidos. Tengo muchos pacientes en Sorte", explica Edson, santero de 53 años, exhausto tras una ceremonia de curación.

Las personas usadas por los espíritus, las llamadas "materias", tragan vidrio y escupen sangre, se perforan las mejillas con puñales sin mostrar dolor y transmiten fuerza y salud a personas echadas en el suelo, rodeadas de velas, flores, frutas y semillas.

Hace seis años, a Yaneida Vega le diagnosticaron un cáncer de útero que ya había afectado al colon. Devota de María Lionza, se sometió a numerosas curaciones de santería, paralelamente a su tratamiento de medicina tradicional.

"Los médicos me anunciaron que debían operarme de urgencia para sacarme el útero. Al despertar de la anestesia sólo habían extirpado un tumor porque todos los órganos habían sanado milagrosamente. Ellos no se lo explicaban pero yo sí: fue mi Reina", explica, sonriente.

Desde entonces, cada año acude a Sorte, puntual a su cita con María Lionza. "Soy feliz en esta montaña. La paz aquí es grande", afirma.

Para los creyentes, la energía de Sorte viene de los ríos, donde todos se bañan, y de la tierra, sobre la que caminan descalzos.

En todos los altares, María Lionza es representada como una Virgen bella y sonriente, rodeada de flores, frutas y perfumes y acompañada siempre del cacique indio Guaicaipuro y del Negro Felipe, luchador durante las guerras de independencia de Venezuela. En eslabones inferiores, la santería mezcla libertadores, médicos, curanderos, vikingos, esclavos y hasta ladrones famosos.

"Ya perdí la cuenta de los años que hace que vengo. Soy la abuela de la montaña. Me he quedado muchas veces solita aquí con mi reina y los espíritus. A ella le debo todo, hasta mi curación", afirma Nerbis Probasta, una anciana que fuma su habano ante uno de los altares, mientras recuerda que antes no podía levantarse de su silla de ruedas y ahora lo consigue.

Antes de retirarse de la montaña, Meyra Peña se retuerce, grita y tiembla hasta recibir el espíritu de Manuela Sáenz, compañera sentimental y de batallas del Libertador Simón Bolívar. Transfigurada, la santera rocía de arroz, maíz y humo de puro a más de 30 personas alienadas en el suelo para que reciban la prosperidad.

"Por encima de todo y de todos confiamos en María Lionza", afirman los fieles.

Pero los más viejos aseguran que Sorte ha cambiado mucho y que es difícil preservar el verdadero culto a María Lionza entre delincuentes, borrachos y aquellos que se dedican a negociar con el sufrimiento ajeno.

"La montaña se ha degradado bastante. Mucha gente viene a tomar alcohol y tiene falta de fe, pero tratamos de hacer lo posible por mantenerlo", concluye Edson.

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