martes, 29 de marzo de 2016

Las Negras Hipólita y Matea en la historia de Venezuela



La Negra Matea, hija y nieta de esclavos, nacida el 21 de septiembre del año de 1773, al sur de San José de Tiznado, estado Guarico; era un pequeño pueblo ubicado en pleno corazón de Venezuela, allí, donde se encontraba el Hato El Totumo, propiedad de Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte, padre de nuestro libertador.

Al igual que el resto de los esclavos, llevaba el apellido de su dueño. Matea se encargó de los quehaceres de la hacienda, de cuidar y encargarse de Simoncito, contarle cuentos, leyendas y divertirlo con algunos juegos de la época.

Matea Bolívar apenas era 10 años mayor que Simón.



La Negra Matea vivió entre la hacienda El Totumo y la residencia caraqueña de los Bolívar. Desde muy niña trabajó como aya de los Bolívar más pequeños. Fue ella quien lo llevó en sus brazos hasta la pila bautismal; y junto con la negra Hipólita, cuidó y dio amor al niño Simón. 


Cuando nació Bolívar, su madre no pudo amamantarlo por fuertes quebrantos de salud, por esto se vio en la obligación de buscarle una nodriza a su hijo. Primero recurrió a su amiga la cubana Inés María Mancebo de Miyares, y luego mandó a llamar a la Negra Hipólita, esclava de la hacienda El Ingenio, propiedad de los Bolívar ubicada en San Mateo.



Matea e Hipólita fueron muy queridas y recordadas por el Libertador en cartas posteriores: Desde el Cuzco, el 10 de julio de 1825, Bolívar envió a su hermana María Antonia una carta que revela el sentimiento de gratitud que el Libertador guardó por la Negra Hipólita: "...Te mando una carta de mi madre Hipólita, para que le des todo lo que ella quiere; para que hagas por ella como si fuera tu madre, su leche ha alimentado mi vida"…

Al morir Doña Maria Concepción Palacios, en 1792, Matea fue asignada a Maria Antonia Bolívar, hermana de Simón, de esta manera se encargó de las nuevas generaciones Bolívar.

“Duélmete mi niño/ Mi niño Simón/ que allá viene el coco/ con un carrerón/ Mira que tu mae/ con sus hermanitos/ Salió a San Mateo/ Salió tempranito/ Duélmete Simón/ de mi corazón/ Te doy mazamorra/ también papelón/ Tú sí eres inquieto/ Mi niño por Dios/ Arroró mi niño/ arroró mi sooó/ Duélmete mi niño/ mi niño Simón”. Se decía que así le cantaba a Simón Bolívar en su infancia la negra Matea.

Años después, cuando Simón regresó de Europa casado con Maria Teresa Rodríguez del Toro, se llevó a la Negra Matea de vuelta a San Mateo. En esa misma hacienda, lloraron juntos la muerte de Maria Teresa, quien fue victima de la fiebre amarilla.

Según ella misma relató, presenció en 1814  el ataque de José Tomás Boves y el sacrificio del Capitán Antonio Ricaurte en la hacienda de San Mateo.
  
Debido a las persecuciones de los españoles, tuvo que huir con María Antonia a la Habana, donde se quedaron hasta 1823.



El 28 de Octubre de 1876, Matea fue invitada a asistir al traslado de los restos de Bolívar desde la Catedral de Caracas hasta el Panteón Nacional. El mismo Antonio Guzmán Blanco, el presidente, en ese entonces, de Venezuela la llevó del brazo y al acercarse al monumento exclamó con dolor: “¡Hijo mió, hijo mió!”.

El 29 de Marzo de 1886, muere en Caracas y sus restos reposan en la cripta de los Bolívar, en la capilla de la Santísima Trinidad, en la Catedral de Caracas. 

Desde marzo de 2008, el Despacho del Viceministro para África del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores a cargo del profesor Reinaldo Bolívar viene desarrollando una campaña para que los restos de Matea e Hipólita sean trasladados al Panteón Nacional, junto a el Libertador, campaña que la Fundación Afroamiga respalda por considerar que estas dos mujeres desempeñaron un papel muy importante en la vida  Simón Bolívar.

A propósito de esta campaña durante una conferencia que dictó el Viceministro en Altagracia de Orituco, estado Guárico, en julio de 2008, refirió que “cuando yo les digo a ustedes que lo enseñaba a caminar, a hablar ¿quién hace eso? Una maestra de preescolar. Por eso nosotros sostenemos que Matea fue la primera maestra informal del Libertador  Simón  Bolívar. Hubo otros grandes, claro, Rodríguez, Bello, el Padre Sanz, todos los demás, pero Matea fue la primera, la que le enseñó sus primeros pasos  y dice la leyenda popular que Bolívar se refirió en 1827, cuando regresó a Caracas,  a sus negras porque las llamaba “mis negras”.  Pregunta por Hipólita: “¿Dónde está Hipólita que me dio de comer? ¿Dónde está Matea que me enseñó mis primeros pasos?” Y siempre estuvieron con Bolívar en las buenas y en las malas”.