lunes, 27 de abril de 2009

Rómulo Peña. ¡Líbranos de todo mal!

JUAN ANTONIO GONZÁLEZ
laindividualdellunes@gmail.com

Mientras en otras sociedades la fe en Dios, en cualquier Dios, compite con el escepticismo que sobreviene a la decepción ante una realidad que cada día es más desesperanzadora, en Venezuela el acto de creer en una corte celestial a la que se encomienda la protección y la buenaventura se expresa en infinidad de formas.

Unidades de transporte público y privado; comercios, desde kioscos hasta restaurantes de carretera; y la piel humana; cualquier soporte parece válido cuando se trata de manifestar una creencia religiosa.

La serie ¡Líbranos de todo mal! del falconiano Rómulo Peña, ingeniero mecánico y fotógrafo autodidacta, registra desde una perspectiva documental un fenómeno que es una seña de identidad de éste y muchos otros países de esa América Latina que surgió del proceso colonial de evangelización.

"Pero el hecho de contar con una religión oficial ­el catolicismo­ no es una limitante para que las creencias populares aborígenes y africanas se confundieran en un mestizaje espiritual ahora inseparable.

Jesucristo y el Negro Felipe, la Santísima Trinidad y la santería, el rezo y las prácticas adivinatorias comparten el mismo altar.

"¡Líbranos de todo mal! es apenas un bosquejo de las diversas maneras en que los venezolanos demuestran su devoción, siempre en busca de protección para sus vidas, para las cosas banales y perentorias ­un carro, un comercio­ o en agradecimiento por los favores que sus deidades les han concedido", concluye Peña.

FUENTE: El Nacional. Cuerpo Escenas, Cultura - Pág. 4