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miércoles, 9 de diciembre de 2020

Según el Vaticano "Un tercio de los venezolanos cree en María Lionza"


Los estudiosos han relevado que el culto del siglo XIX se ha hecho cada vez más popular con el crecimiento de la pobreza y de la criminalidad en el país

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Artículo publicado por una página católica, donde "explican" nuestro culto, bajo las etiquetas de hacerse popular entre "La pobreza y la criminalidad".________________________________________________


Por: MARCO TOSATTI 09 de dicembre 2011
Si es verdad, como sostienen algunos investigadores, que la tercera parte de la población venezolana se pone en manos, alguna vez en su vida, de los sacerdotes y de los ritos de ese particular y antiguo culto llamado María Lionza, se confirma la afirmación de G.K. Chesterton. Es decir, que cuando la gente deja de creer en Dios no es verdad que no cree en nada: cree en todo. Pero quizás la cuestión sea más complicada y fascinante, y demuestra la vitalidad de la fe además de la necesidad fisiológica de una creencia que resuelva los problemas concretos, como la pobreza y la enfermedad.

El culto actual, es una creación del siglo XIX, basada en la obra escrita por francés León Denizarth-Hippolyte Rivail, que escribía bajo el seudónimo de Allan Kardec. Según lo que ha dejado escrito, la gente podría llamar y hacer regresar las almas de los muertos que se alojarían en los cuerpos vivientes, y los seres queridos y otras personas podrían interrogarles y pedirles consejos y sugerencias para su vida cotidiana. Sus adeptos llevan a cabo numerosos ritos que, en parte, son católicos, en parte vudú y en parte encuentran su origen en el chamanismo. Generalmente, se agrupan en los alrededores de una montaña en Venezuela, la Montaña de Sorte, famosa por sus supuestos poderes sagrados.


Según una leyenda, María Lionza vivió en esa montaña, antes de que Cristóbal Colón descubriera América, alrededor de 1400. La leyenda dice que mientras contemplaba un río, fue atacada y devorada por una anaconda. Desde el interior del reptil, María Lionza estipuló un pacto: se casaría con la montaña si la montaña la salvaba. La montaña la salvó y desde entonces María Lionza y la montaña vivieron como una sola cosa. Pero también existe otra versión: María Lionza fue la hija de un jefe Yaracuy, que habría nacido alrededor de 1500, y se manifiesta cabalgando un tapir. Se dice que reinaba entre las bestias salvajes y sus adeptos la llaman "Reina".

El nombre de María Lionza (y este es seguramente uno de los motivos de interés para los estudiosos de las religiones y de la inculturación) proviene de Santa María de la Onza (o lo que es lo mismo, Santa María del Jaguar), que proviene de un nombre todavía más amplio: Santa María de la Onza del Prado de Talavera del Nivar; nombre que indica la intención de cristianizar un culto local.

Así nació la actual María Lionza, que desde hace algunas décadas goza de un enorme y excepcional éxito en el país.

Es impresionante el panteón jerárquico. María Lionza, la reina, es el personaje más elevado de las "tres potencias". La segunda potencia es Guaicapuro, un jefe indio asesinado por los españoles; la tercera es el Negro Felipe, un esclavo negro asesinado por los colonialistas. Esta trinidad encabeza numerosas "cortes": la corte india, compuesta por jefes indígenas; la corte médica, guiada por José Gregorio Hernández y por otros médicos famosos; la corte de los Don Juanes, compuesta por personajes del folclor venezolano; la corte de los maestros, guiada por Andrés Bello y otros escritores; la corte Negra y Africana, dirigida por figuras populares como la Negra Matea, que era la niñera de Simón Bolívar, y el Negro Primero, Pedro Camejo, llamado así porque era siempre el primero en entrar en combate; la corte celestial, compuesta por Santos Católicos; la corte política, a cuya cabeza se encuentra Simón Bolívar; la corte de los malandros, compuesta por criminales muertos; y para terminar, la corte vikinga, compuesta por varios importantes jefes vikingos.

Los fieles de todo el país se reúnen todos los años en octubre para celebrar los días más santos del culto. El 12 de octubre, día en el que se celebra la fiesta nacional de la Resistencia Indígena, es considerado el más sagrado de todos. Ese día, numerosos peregrinos se visten con indumentaria indígena y celebran un ritual conocido como "el baile de las brasas". Sostienen que los espíritus les protegen e impiden que sus pies se quemen mientras caminan sobre una alfombra de carbones ardientes.

La característica principal de su religión reside en que forman parte de ella ritos que prevén la llamada a los muertos. Generalmente son las almas de personas famosas, que se encuentran en el más allá. Se pide a las almas que entren en el cuerpo de personas vivas; los "posesos" murmuran y cantan, y las palabras de los espíritus guía son interpretadas por un sacerdote del culto. Cualquiera puede ser llamado, según los adeptos; no sólo personajes famosos del pasado, sino también personas comunes y naturalmente, las almas de los antepasados.

Los seguidores de María Lionza, en este punto de la ceremonia, pueden hacer preguntas a los espíritus y recibir consejos. Prácticamente no hay límites: todo, desde el amor hasta los negocios, pasando por otros asuntos personales, pueden ser el tema de las preguntas que se hacen a los espíritus. Generalmente, antes de tomar decisiones importantes, los fieles consultan o a los espíritus o a los sacerdotes de María Lionza.

Los estudiosos han relevado que el culto se ha hecho cada vez más popular con el crecimiento excesivo de la pobreza y la criminalidad en el país a causa de las grandes dificultades que atraviesa. Más de la tercera parte de la población vive en la pobreza y el nivel de educación es extremadamente bajo. Las instituciones, tanto estatales como de otro tipo, encuentran numerosas dificultades para afrontar y satisfacer las necesidades de la gente, y así, cuando las reivindicaciones fundamentales no encuentran respuestas efectivas, cada vez es más probable que se orienten hacia un culto religioso, y es ese culto lo que les ofrece soluciones.

Según un experto en antropología cultural que ha pasado cuatro años estudiando este fenómeno, la posibilidad de tener una relación personal con una entidad espiritual que podría resolver los problemas de cada uno, "es altamente terapéutica". Las personas hablan de sus problemas y se dirigen a los espíritus como si de "hermanos" se tratara, y sienten un fuerte vínculo personal con ellos. Hasta finales de los años 60, el ejercicio tradicional de la curación estaba prohibido. Ahora la legislación es muy permisiva con los cultos de este tipo. Aunque la mayor parte de sus fieles provengan de los sectores más pobres de la población y busquen protección, en uno de los países más inseguros de Sudamérica (donde el 37 por ciento vive en la pobreza), la influencia se está extendiendo a las clases más altas. Y hay quien dice que los que en Estados Unidos irían a un psicólogo, en Venezuela buscarían la ayuda de María Lionza.

FUENTE: LA STAMPA 

lunes, 24 de agosto de 2020

La ruta de Sorte (I) MARÍA LIONZA ¿FE O SUPERSTICIÓN?


La ruta de Sorte (I)
MARÍA LIONZA 
¿FE O SUPERSTICIÓN?


Carlos Grillet - ÉLITE 17/11/1972
Venga, tomado de la mano de ÉLITE a conocer las verdaderas intimidades del santuario de María Lionza y los encantos de la montaña mágica. ¿Qué buscan los creyentes en este culto autóctono? ¿Acaso algo que les niegan los ritos formalistas y académicos de las grandes religiones?


¿Qué es María Lionza? ¿Mito? ¿Leyenda? ¿Superstición? ¿Por qué miles de personas invaden diariamente la Montaña de Sorte en busca de felicidad?

Con este trabajo pretendemos descorrer el velo que cubre este misterio. Comenzaremos por decir qué, a nuestro juicio, y como conclusión inmediata de las investigaciones que hemos conducido a este respecto, el culto a María Lionza no es ni más ni menos que la expresión genuina y espontánea, libre e ingenua, humilde y sincera de la religiosidad de un pueblo que busca apoyo en la devoción de las fuerzas de la naturaleza, un asidero espiritual y material, porque, quizá, no lo encuentra en los ritos formalistas, a veces académicos y fríos, de las grandes religiones.

No se puede condenar, a la ligera, esta creencia popular, atacando su existencia a vulgares supersticiones de gente inculta, ya que tales prácticas parecen confortar moral y espiritualmente a los fieles. Las grandes religiones en Venezuela, por falta de recursos, y porqué no decirlo, de sacerdotes, fracasan en satisfacer ciertas necesidades que la gente busca y cree encontrar en este culto autóctono.

Antes de que usted, amigo lector, vaya tomado de nuestra mano, en un recorrido por la montaña mágica,  por la ruta de Sorte a los predios misteriosos de María Lionza, queremos advertirle que no es nuestra intención inducirlo a qué crea en este culto; tampoco intentamos destruir el culto presentándolo como una peste; simple, y llanamente, trataremos, con la mayor objetividad, con generosa imparcialidad, de exponer las diferentes facetas, los aspectos más resaltantes y llamativos, los detalles más curiosos e impactantes que rodean no sólo al culto sino al ritual con que se venera a esta deidad acuática, a quienes los creyentes llaman la Diosa bondadosa.

Para llegar al Santuario de María Lionza hay que estar asistido de una inmensa vocación de fe. Sorte, la montaña mágica, está enclavada en el corazón de las selvas de Yaracuy. Se trata de un templo, catedral de piedra donde tiene su asiento el llamado Reino de la Reina. Es un lugar de encantos y bellezas naturales que cautiva a primera vista al visitante y encanta al peregrino. A medida que se avanza hacia el santuario se van bailando, en esta maravillosa y tupida vegetación tropical, altares y portales, destinados a la adoración de esta deidad autóctona, cuyo origen es tan misterioso como la misma influencia que ejerce en la legión de creyentes.

También resulta misterioso el nombre de Sorte  (suerte) con que bautizaron esta hermosa Sierra, al lado del acogedor pueblo de Chivacoa.

Veamos, antes de poner pie en los dominios de la reina de las aguas, reina de los animales, y de los ríos de la montaña, Cómo es, a primera vista, este maravilloso escenario que sirve de trono a la Reina Maria Lionza. A decir de los entendidos, la Reina tiene en Sorte un palacio fabuloso, increíble, y está rodeada de todo cuanto de hermoso pueda soñar la más fértil imaginación humana: Inmenso e infinitos salones  el palacio lleno de riquezas incontables; pero todo está bajo permanente encantó, o sea que la vista del humano jamás podrá captarla. 

¿Y cómo saben ésto esos entendidos? 
Muy fácil, se nos dice. Muy fácil. Son los propios espíritus y la Reina misma, quienes nos han confiado estos secretos.  De tal suerte que lo que la mirada del profano ve como una vulgar roca montañosa, es quizás un trono de oro; los árboles, tronos de alabastro; los ríos, corrientes de gemas y piedras preciosas; los caminos y picas, grandes corredores ricamente alfombrados; en fin,  la imaginación Sin fronteras para ponerle nombre de fábula a todo cuando creamos posible, a todo cuando pensamos está más allá del horizonte o el infinito.

Riscos y ensenadas peligrosas separan el templo de María Lionza del sector poblado de Sorte, al sureste de Chivacoa, Distrito Bruzual del estado Yaracuy. Sus moradores transformaron la dependencia agrícola de su existencia, para vivir la mayoría a la luz o sombra del Mito presente en la región. Un mito con fuerza relativamente semejante al de una religión. En efecto como cualquier templo religioso vienen de todas partes del país devotos de María Lionza, la Diosa, Reina o Madre, como la nombran los creyentes.

Esta creencia se ha extendido tanto en Venezuela, que al correr del tiempo, por obra y arte de inescrupulosos,  tratando unos de derivar provecho y otros de desnaturalizar lo autóctono del Mito, al adulterado, o más bien desnaturalizado, sus prácticas rituales originales que como tales eran sencillas, con la introducción empírica del espiritismo, por un lado, y, por el otro, la brujería, la falsa clarividencia y, en general, toda suerte de superchería barata.

De figura hispana, envuelta en los mantos de la superstición indígena, o deformada su figura por detractores que le han endilgado terroríficos poderes o falsas aficciones ninfomanas, María Lionza se ha convertido,  es lo cierto, en un exponente de credulidad criolla quizás el más útil para la penetración estudiosa de altos elementos de nuestro folklore. 

María Lionza ha sido inspiración para los músicos,  pintores, arquitectos y literatos, estos últimos los más comprometidos en su afán de esclarecer acertijos insospechables, en el deshilar de las relaciones históricas o de tradición oral que han tejido de gigantesca estatura el culto de los adoradores de María Lionza. 

Porque hasta hace un par de décadas la leyenda de María lionza se diluyó en consejas que databan de principios de siglo, cuando era Popular en los centros agrícolas de la región y hasta occidente, la narración del pacto que hiciera Juan Barreto con la Diosa para proteger su fortuna que crecía cada día, lo cual podían verificar los aldeanos de la vecindad de Yaritagua en las mañanas soleadas, al exhibir el acaudalado devoto de la Reina, montones de morocotas sobre camas campechanas, construidas de cuero y rebozadas del brillo maravilloso de las monedas de oro.


En estos últimos 20 años, como en ningún otro tiempo de los dos siglos y medio de existencia de este mito venezolano, creció el culto y alcanzó elevados estratos sociales y culturales; degeneraron su raíz ingenua algunos para timar y enriquecerse; envejecieron Su contenido bucólico otros con sentido poético campestre; y los más se entregaron a la necesidad humana de confesar sus angustias, de revelar sus pecados y de ofrecer recompensas para limpiar las culpas acumuladas en el vivir de todos los días.

En este ambiente de encantamiento el visitante se deja llevar por los guías, que antes de atravesar el río piden permisos a los miembros de las Cortes de la Reina María Lionza,  algunos de ellos, (Juan del candado, por ejemplo) franquea el paso, mientras otro (Juan de Yaracuy ) "asegura" una excursión sin peligros.

En los días laborables, lógicamente, es menos nutrida la concurrencia en Sorte. Sábado y domingo son fechas propicias para encontrar repletos los estacionamientos y las ensenadas, cerca de los cañaverales, autos camiones y autobuses son parqueados mientras sus ocupante se internan en los dominios de la reina.

Antes de llegar a los primeros portales, el visitante ya habrá conocido parte del anecdotario de Sorte, así como los primeros avances del espiritismo, unido al culto de María Lionza por lazos muy sólidos, por medio del mediunnnismo es factor central en la mayoría de ritos y ofrendas.


En los dominios de María lionza predominan los verdes intensos y las aguas cristalinas donde los creyentes van a lavar sus almas en ritos de purificación. Montaña de elevada vegetación herida por el paso cotidiano de los seres que declararon la virginidad de la selva. A su paso se hallan los presuntos intermediarios de la Reina, los mismos piaches, bancos, médium, o sacerdotes que transmiten a los crédulos los deseos de la Diosa y sirven a la vez de receptáculo de las recompensas que estos devuelven por favores recibidos.

Uno de estos hombres, tal vez el más pintoresco, es José del Carmen Lloverá Garmendia. El "hermano José" conocido desde quibayo a rocabella desde la "Agüita de Dios" al Paso del diablo" en todos los altares y portales fuera y dentro de los pozos del reinado.


Barba cerrada y larga, bigotes empegostado de sucio y esperma, melena descuidada, vientre abultado, figura pícnica, rechoncho, con sus 140 kilos, parece que no tuviese fuerzas ni siquiera para cruzar el río Yaracuy en su remanso central Sortiano.  Allí los creyentes deben tres sorbos de agua en señal de permiso requerido antes de iniciar el ascenso hacia la catedral de rocas donde en micho natural está la imagen de María Lionza con su corte de potencias las tres potencias: Ella, Guaicaipuro a la derecha y el Negro Felipe al lado izquierdo.

El hermano José encierra en su humanidad todas las características de personajes fakirense y aunque en torno a él existen numerosas leyendas y evidencias acerca de su efectividad de curandero y médium no se esfuerza en aparentar poderes transmitidos por fuerzas especiales ultraterrenas.

-Con Dios o con mi Reina, hago el bien y curo a los enfermos. No receto medicinas. La naturaleza de Sorte me da los elementos necesarios para erradicar los males, para invocar la fortuna y brindarsela a quienes tienen fe.

Tras este tipo de sacerdote marchan en caravana los creyentes, ascenso increíble en la humanidad del gordo barbudo sostenido a veces, en las cuestas por uno de los asistentes, o recién iniciados al culto, quienes prestan sus manos a las espaldas del Hermano cuando da la impresión que su peso lo hará retroceder bruscamente entre los peñascos. 

A 500m del río está el portal del Negro Felipe,  uno de los más importantes en la creencia de los peregrinos. Poco antes el de la Reina Margarita, señalada como hermana de María Lionza, pero con menos adoradores.

En el portal del Negro Felipe está la imagen de Pedro Camejo, el Guerrero de Carabobo que hoy por hoy es el espíritu más solicitado por los clientes que recorren las montañas de sorte en busca de la transportación de su ser consciente a otros parajes para dar cabida en su materia a las inquietudes del ánima baquetona y lujuriosa del representante negro de la corte real sortiana.

Más arriba, más allá de 30 resbalones, el portal de Guaicaipuro iluminado de velones tricolores, representa al indio jefe de Los Teques,  rodeado de losas con leyendas de gratitud y adornado con flores y manzanas que llevan clavados pedazos de madera, horquillas, fósforos y coquetos alfileres.



Los portales "Puente de Luz", "Virgen de Coromoto", "Simón Bolívar", "José Gregorio Hernández", "Minas de la Reina" y otros se multiplican con el aumento de los adoradores, son preludio para el rito a escenificarse al pie de la escalerilla que en el templo de piedras permite llegar al seno mismo del Nicho de la Reina. En cada uno de estos descansos de la ruta de sorte está la ofrenda humilde, tabacos a medio encender, textos en hojas borroneadas por las aguas de la lluvia sortijas de fantasía, regalos de poco valor que son dejados allí por los sacerdotes.
Una vez ante el altar central bajo una inmensa laja de talla natural que parece frizada por manos de un gigante, los sacerdotes, sacerdotisas y creyentes se dejan absorber por la mágica atracción de una jungla hermosa donde los desperdicios dejados por los visitantes es lo único que rompe la armonía exquisita de una flor a prodigiosa subyugante como el ruido de las quebradas que bajan a alimentar los remansos en los iluminados balnearios improvisados por clientes e infiltrados, y algunos mercaderes del culto.

Aquí bajo el Templo mayor se oyen los alaridos histéricos de quienes vienen subiendo invocando espíritus con cantos tenebrosos y repletos de lamentos y paradójicamente de optimismo. Entonces el hermano José abre los brazos para formar una desproporcionada cruz con su cuerpo todos cierran los ojos menos él y una mujer que dice a gritos:
- Mi Reina, mi Diosa, mi madre, aquí estoy, cumpliendo mi promesa de amarte, porque me devolviste mi amor.

(Continuará)


miércoles, 19 de agosto de 2020

12 de octubre en Los Arroyos de Agua Blanca




Bien se sabe que el 12 de octubre, día de la Raza, representa una fecha de suma importancia para la historia de nuestro continente. De hecho para las costumbres folklóricas de nuestro país esta fecha es catalogada como una de las más importantes Ya que en el culto espiritista nacional recuerda el encuentro de la raza blanca española con las tribus indígenas de América, para luego sumarse a la presencia del negro esclavo africano.

Estas tres razas, la blanca, la India y la negra está perfectamente simbolizada en el culto Marialioncista por las 3 potencias venezolanas cuál trilogía Imperial al mundo de un reino majestuoso. 
María Lionza, como la suprema majestad, representa a la raza blanca, venida en otrora de lejanas tierras en Pos de la conquista de un mundo nuevo y hermoso, en donde reinaba la mano poderosa del cacique, quien representa la segunda raza de la trilogía secundando a la Diosa madre. Esta raza poderosa, verdadera dueña de estas tierras, está representada por un Heroico cacique: Guaicaipuro.
La tercera potencia es el Negro Felipe, esclavo y guerrero de gran corazón. Esta trilogía comanda las cortes espirituales de nuestro culto y a ellas se le rinde homenaje el 12 de octubre agradeciendo  los favores recibidos y admirado su presencia en nuestros hogares Y los templos naturales que pertenecen a la Reina María Lionza y a sus cortes espirituales.




Muchos templos tiene la reina Maria Lionza, siendo los más importantes los del estado Yaracuy como lo son Quibayo, Sorte, etc.  No obstante la revista "Africanias" decidió viajar a Los Arroyos de Agua Blanca dónde está la famosa Gruta de la Reina Maria Lionza, sitio digno de admiración por su belleza natural, además de ser un lugar que se puede aprovechar en un 100% para practicar la meditación. Lamentablemente este recinto sagrado en los últimos tiempos se ha venido utilizando como otros fines y la Reina ha manifestado que de seguir las cosas así Ella misma lo derrumbará.  La revista "Africanías" hace un llamado urgente a las personas que practican el culto a la Reina María Lionza para que recapaciten y piensen en el respeto que se merecen estos sitios,  ya que son como las iglesias del culto y nosotros suponemos, de que ustedes que son creyentes no hacen el amor en ninguna iglesia, por poner un ejemplo, o dicen groserías a gritos en una capilla mientras un cura los confiesa, etc.
Entonces, si son amantes del culto, respetan profundamente a la Reina y a su sitio, ya que ella es un enviado de Dios y tiene como misión ayudarnos y protegernos conjuntamente con los Espíritus que pertenecen a sus cortes, como lo son los próceres indígenas de esta tierra, nuestros Libertadores, los negros esclavos de otras épocas, los Chamarreros, los Don Juanes, además de los vikingos y los africanos, que a pesar de provenir de otros continentes, tienen mucho que ver con la mezcla racial que nos caracteriza actualmente. 

Este año el 12 de octubre representó un profundo ejemplo de que todos los Marialionceros deben seguir: El respeto y la práctica de culto según antiguas normas.
Cuando llegamos a Los Arroyos de Agua Blanca nos topamos primeramente con el pozo de la India Rosa, sitio este donde se debe pedir permiso para seguir, bien sea como un tabaco o a través de peticiones.
Luego llegamos al borde de uno de los arroyos principales, y allí apreciamos el pozo de Oshún, la diosa africana del amor y el dinero y hermana menor de Yemayá. Estas aguas fluyen del interior de la gruta de la Reina María Lionza, gracias a un manantial. 
Luego de pedir permiso a la reina para pasar por sus aguas, entramos a la gruta donde el agua nos daba por la cintura y estando dentro pudimos apreciar la belleza de su interior iluminado por la luz de 5 altares en donde se apreciaban imágenes de las principales deidades del culto: María Lionza,  Guaicaipuro, Negro Felipe, Dr. José Gregorio Hernández, la Virgen del Carmen Cacique Tiuna, etc. El interior de la gruta parece hecho por la mano humana, pero supimos que todo es natural. Este sitio ha sido muy respetado por personas inescrupulosas que se dicen Amantes del culto pero que en el fondo no lo son ya que no pasan de ser fanáticos. 

Esta gruta tiene sus leyes y hay que respetarlas para que sea concedido lo que se busca en ella. Como todo reino son leyes que implantan Su Majestad y este año la Reina María Lionza manifestó lo siguiente: "No habrán transportaciones ni despojos de ningún tipo dentro de la gruta, esto sólo se utilizará para hacer peticiones meditaciones y ofrendas con tabacos, flores y frutas".

Este deseo de la Reina era para cumplirlo el 12 de octubre durante 24 horas tratando de crear conciencia y para que estas leyes queden implementadas en forma permanente durante todo el año.
Dicha ordenanza facata durante 24 horas gracias a la colaboración de la caravana "Diosa de los Encantos" y de otras personas que siempre acuden a Los Arroyos de Agua Blanca a fin de enaltecer los principios básicos del culto a la Reina. 
Los médiums y bancos de la caravana "Diosa de los Encantos", custodió la gruta y el pozo de la Reina desde el mediodía del 11 de octubre hasta el mediodía del 12 de octubre. 
También recibieron una colaboración de suma importancia de parte de la caravana "Seguidores de Bolívar" quienes estuvieron siempre apoyando la custodia con cantos, rezos y toques de tambor. Durante las 24 horas llegaron muchos visitantes a la Gruta y la gran mayoría colaboró acatando y respetando las leyes impuestas por la Reina, pero también mucho que con personas que manifestaron su descontento con lo que se estaba haciendo sintiéndose como un derecho autoritario que sólo poseen los propietarios de algo. No obstante se debe analizar que ningún terrenal es dueño de estas tierras sagradas, ni de ninguna, la única que puede decidir sobre los templos del culto es la Reina María Lionza y ningún ser humano puede ni debe infringir su ley, bien sea con uso de razón o bajo los efectos del animismo.




El baile en brasas general no se efectuó por razones que aún desconocemos, sin embargo si hubo rituales en honor a la Reina y a sus cortes en diferentes portales. En algunos, como en el del cacique Caraipe, hubo baile en candela, también conocimos el portal de Santa Bárbara, donde se bailó sobre vidrio. Visitamos el portal de Simón Bolívar y también su pozo, que es el único de donde se puede tomar agua. Supimos Igualmente de la existencia del Palacio de la India Rosa y el de Don Toribio el Montañez, quien fue un personaje muy querido por los habitantes del pueblo de Agua Blanca.
Flores, frutas, bebidas se veían en todos los portales, ritos de distintas formas se vieron en el pozo de los Don Juanes, el de las Negras y en el del Cacique Caripe. El tambor También estuvo presente y la caravana que más se destacó en este sentido fue la de San Juan Bautista, la cual fue guiada por varios portales por una materia incorporada con la negra Francisca y detrás de ella un coro melodioso de muchas mujeres que acompañaban el incesante sonido del tambor, con cantos.

Esperamos que durante todo el año y por muchos más, crezca la conciencia en relación al culto espiritista venezolano y se hagan respetar ciertos principios para que así haya más preparación, más evolución y más respeto. Ésta es la única forma de ajustar las bases del culto para que las personas sientan mayor confianza y se acreciente la fe del pueblo que busca la verdad no sólo en Los Arroyos de Agua Blanca, sino también en Sorte, Quibayo, etcétera.

FUENTE: Africanías. Año 5 N. 53 (1987)


Puedes leer también:


  • El fuego en el culto a la Diosa María Lionza. Haciendo clic  AQUÍ

  • El baile en candela: narrativas históricas y memoria colectiva en el culto a María Lionza. Haciendo clic AQUÍ


martes, 5 de mayo de 2020

Rosa Soteldo: "Yo estuve en el trono de la Reina María Lionza"


"The Queen of the mountain" De Cristina García Rodero - 2004.

Crónicas del más allá
Abelardo Ramírez 09/10/ 2004

Vamos a emprender un viaje físico y espiritual, en tres pasos simbólicos, a las entrañas del mito y del culto a María Lionza, de la mano del único ser vivo que ha visitado las moradas y el trono mayor de la Reina en las montañas de Sorte: Rosa Emilia Soteldo, vigorosa anciana de cerca de 90 años de edad, nacida en El Ceibal y residente en Peguaima, Chivacoa, estado Yaracuy.

Paso I

Recorrido con Rosa Soteldo
Para comenzar el camino físico hacia las montañas de Sorte, tenemos que ubicarnos en el Yaracuy de la primera mitad del siglo pasado, cuando todo el estado era un emporio de riquezas, con minas, como las de Aroa, grandes hatos ganaderos, como los de Fermín Calderón, las inmensas plantaciones de caña del Central Matilde y las instalaciones industriales de la destilería.
Por los caminos que hacía el ganado para ir a beber al río y por el guardarraya de los cañaduzales, Rosa Soteldo y Lino Valle, primer apóstol de María Lionza, se desplazaban para internarse en las montañas de Sorte, atendiendo el llamado espiritual de la Reina. Una fuerza sobrenatural los atraía hacia la montaña para recibir los dones y la fuerza de la alta luz en Roca Bella, Copa de Oro y El Dique.

En presencia de María Lionza
En el año 1937, de la mano de Lino Valle, su padrino y maestro espiritual, Rosa Soteldo llegó hasta la Gruta en donde está el Comando Mayor de María Lionza y entró al Palacio del Encanto.
"Al estar en los aposentos sagrados de la Diosa sentí una gran paz espiritual, parecida a un dulce sueño. Todos mis sentidos y mis facultades se exaltaron, y mi alma quedó embargada de una quietud indescriptible y en medio del más profundo silencio, vi frente a mí a una hermosa joven brotando luz por todos los costados y su resplandor nos envolvió a Lino a mí y nos llenó de inspiración y fuerzas especiales que nos dieron poder de sanación corporal y espiritual y a partir de ese momento fueron muchas las curaciones y prodigios realizados por Lino, hasta su muerte", dice Rosa.
Muerte de Lino Valle
"Cuando Lino estaba siendo llamado a juicio de Dios, en 1952, yo tenía más de 30 años de edad y más de 15 viajando con él a la montaña", continúa diciendo Rosa Soteldo. "Un día antes de morir Lino, me llegó un espíritu que dijo:
-Rosa, tienes que irte a Roca Bella. En 12 horas morirá el Profesor. A partir de hoy deberás ayunar durante nueve días, mientras su espíritu descarna, para que te purifiques y recibas la fuerza y el poder de tu padrino y continúes la misión de curar a los enfermos y de abrir los caminos al templo de la Reina en la montaña. Así lo hice.
Subí hasta Roca Bella y permanecí 9 días en ayuno, hasta que me encontró el compadre Crispín Pérez, que había ido a buscarme", concluye Rosa Emilia. Y fiel a su misión, Rosa consagró toda su vida al servicio del culto a María Lionza.

Persecución implacable
En contraste con lo que sucede en nuestros días, cuando generales y hasta presidentes en persona han visitado las montañas de Sorte para recibir las gracias y las bienaventuranzas de la Reina María Lionza, en las épocas de Pérez Jiménez se desató una obsesiva e implacable persecución contra los practicantes del culto.
Personas como Rosa Soteldo y otros, a los que ya les había llegado la buena nueva del culto a una Diosa propia, con arraigo en los ancestros indígenas, tuvieron que entrar en la clandestinidad y a escondidas seguir haciendo la peregrinación a la montaña.

Asociación de practicantes
Eran tantos los adeptos que cada día se sumaban a la nueva corriente religiosa, que había desbordado los límites locales y nacionales, que con el tiempo y haciendo eco a un clamor general, las Montañas de Sorte fueron declaradas Monumento Nacional, se les asignó guardabosques y una precaria vigilancia.

Hoy en día, Rosa Soteldo, en uso de sus plenas facultades físicas y mentales, está prácticamente retirada del febril ajetreo en las montañas, pero son tantos los frutos de la semilla evangelizadora sobre el culto a María Lionza que por más de 70 años fue sembrando, que no hay hogar o negocio en Venezuela que no tenga una imagen de la reina o de alguien de sus cortes, que no use una vela, un riego, un sahumerio o un tabaco, o que no haya oído hablar del Negro Felipe, Guaicaipuro y las 7 Potencias Africanas, de Don Juan del Dinero, de Shangó Macho o Shangó Hembra.

En todos los pozos del río Yaracuy, al pie de la montaña y en los Portales, miles de practicantes de ritos afines, brujos, piaches, chamanes, candombleros, espiritistas, macumberos, curiosos, santeros, yerbateros y todo tipo de nigromantes y practicantes de magia, ejercen sus conocimientos y realizan sus prácticas al amparo del culto a María Lionza.
Estas agrupaciones además de identificar y carnetizar a sus afiliados, buscan la protección del medio ambiente y la seguridad de visitantes y peregrinos.

Para poner orden y controlar atentados contra la moral y las buenas costumbres en la zona, como sacrificio de animales o consumo excesivo de licor, Pablo Vásquez y Adolfo Hernández, crearon la Asociación Nacional Hijos de María Lionza, que dirige el primero, y la Asociación Filosófica Religiosa y Cultural Altar Fuerzas Unidas, que dirige el segundo, para agrupar a los jefes de caravanas y a los responsables de los grupos que llegan de todo el país y del exterior.

12 de Octubre, fiesta de María Lionza

Este viaje con Rosa Soteldo sólo culminará el próximo martes 12 de octubre en las Montañas de Sorte, con el cumplimiento de la promesa de invocar sus espíritus protectores y revelar los secretos y las profecías depositadas en ella por la Reina y su primer apóstol, Lino Valle, con la celebración del tradicional baile en candela al pie de la montaña. Todos los integrantes de Nuestro Místico Universo, reporteros, periodistas, profesionales de la parapsicología, síquicos y la Pitonisa María Guadalupe, estaremos cubriendo todas las incidencias de la celebración de la fiesta a María Lionza en las Montañas para llevar a todos los lectores de EL INFORMADOR el próximo domingo los pormenores de la efeméride.


Paso II

Accidente de la estatua de María Lionza
Este año, el 12 de Octubre, Día de la Raza, tendrá una connotación especial por la celebración de "El Día de la Resistencia Indígena" que tiene en el Cacique Guaicaipuro su máximo exponente. Homenaje especial le será rendido en el Panteón Nacional, como adalid de todos los indígenas de América que sacrificaron heroicamente la vida por defender su tierra y su libertad.
Por primera vez en toda la historia, este 12 de octubre, día de la Hispanidad, se celebrará la fiesta de María Lionza con la imponente escultura fuera de su pedestal, con múltiples fracturas, en cuidados intensivos, en peligro de muerte y varias entidades del Estado disputándose sus ruinas.

¿Será este el reflejo de la realidad del culto a María Lionza si no se reorienta por caminos más seguros y ciertos con el apoyo oficial?
¿Será una voz de alerta sobre la distracción y afán mercantilista de su culto?
Estudios técnicos y científicos efectuados por ingenieros y expertos restauradores indican que, si bien el revestimiento exterior de la estatua pudiera desmoronarse en mil pedazos, no así su estructura metálica trabajada con los mejores hierros, capaces de resistir tempestades y lo más inclementes fenómenos de la naturaleza.
¿Será un presagio sobre acontecimientos futuros en Venezuela?
¿Qué extraños augurios encierra el raro accidente de la obra de Alejandro Colina de la avenida Francisco Fajardo de Caracas, en la madrugada del domingo 6 de junio?
¿Accidente por fuerzas sobrenaturales?
¡Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán responder!
¿Fuerzas extrañas la derribaron? ¿Por qué se fracturó por la cintura y cayó de espaldas, con la mirada suplicante dirigida al cielo?

Paso III

Un sueño hecho realidad
Un inquieto y visionario hombre de Barquisimeto, abogado y poeta, ampliamente conocido por su labor en la Casa de las Letras «Antonio Arráiz», Freddy Castillo Castellanos, se dio a la quijotesca tarea de realizar un sueño y crear en Yaracuy una Universidad Experimental con programas y espacios académicos bien definidos, pero sin facultades ni decanaturas y lo consiguió con la fundación, en el año 99, de la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy -UNEY-, cuya Cátedra Internacional de Estudios Americanos Tradicionales "Gilberto Antolínez", está orientada al estudio e investigación sobre el Culto a María Lionza.

Desde sus inicios la UNEY, con otras personalidades de la Academia, del Arte, de las Ciencias y de las Letras, como la Dra. Deysi Barreto, el Lic. Santos López, Natividad Barroso García, los presidentes de las Asociaciones de Practicantes del Culto a María Lionza, devotos, seguidores y muchas personas más, abanderó la cruzada que busca conseguir que el Estado declare el Culto a María Lionza, patrimonio intangible de la nación.
María Lionza, depositaria de la cultura prehistórica venezolana, da fisonomía propia a la religiosidad de Venezuela, invade las expresiones de la inteligencia humana y está presente en todas las manifestaciones artísticas y culturales del país con canciones populares, obras sinfónicas, artesanías, pinturas, esculturas, poesías, novelas, teatro, cine y televisión.

Profundos y exhaustivos estudios sociológicos, folklóricos y an-tropológicos, demuestran que la tradición cultural de María Lionza reúne las condiciones para lograr su acreditación como Patrimonio Cultural de Venezuela. Sólo con su aprobación oficial se podrían obtener del Estado recursos económicos para proteger el culto y la tradición, que vienen siendo últimamente tergiversados, expoliados y contaminados por nuevas y foráneas tendencias seudoespirituales.
(...)
Por las raíces españolas y africanas mezcladas con la sangre indígena, el venezolano, como casi todos los pueblos con idéntico pasado, no puede sustraerse al mundo de lo desconocido con su carga de fe en fuerzas sobrenaturales y ocultas que lo llevan a incluir en sus compras diarias, velas, yerbas, tabacos, santos y oraciones y lo inducen a visitar al curioso, al brujo o a la pitonisa. Una hermosa y sentida copla venezolana, hace un retrato fiel de la forma de ser y de la idiosincrasia del pueblo venezolano:

Una mujer pendenciera,
señores, y qué les cuento,
se puso a hacer un invento
para volverme un cualquiera.
Y tenía la hechicera
un flux y unos zapatos,
un sombrero y un retrato,
todo eso poseía,
pero yo me defendía
con la oración del tabaco.


FUENTE: EL INFORMADOR- LARA

miércoles, 16 de octubre de 2019

El baile en candela: narrativas históricas y memoria colectiva en el culto a María Lionza


Foto: César Escalona 


El baile en candela: narrativas históricas y memoria colectiva 
en el culto a María Lionza


Fernández Quintana Anabel 
École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), París, Francia


Resumen 
La celebración pública con mayor proyección nacional e internacional del culto a María Lionza tiene lugar cada 12 de octubre en Quibayo (montaña de Sorte, estado Yaracuy). Se trata del denominado “baile en candela”, ritual colectivo en cuya ejecución participan médiums procedentes todo el país que, poseídos por los prestigiosos espíritus de la corte india, caminan sobre brasas ardientes. El presente artículo propone una mirada retrospectiva sobre los orígenes de ese curioso “baile” así como una descripción sintética del ritual bajo su forma contemporánea. Por último, se proponen algunas pistas de análisis sobre la consolidación del culto como un espacio para el florecimiento de una memoria colectiva densa que da lugar a múltiples lecturas, a menudo contestatarias, del pasado histórico. 

Palabras clave: Culto a María Lionza, ritual de posesión, baile en candela, memoria colectiva. 


Foto: César Escalona (2015)


Dancing on burning coals: historical narrative and collective memory in the cult of María Lionza 

Abstract 
Every year on the 12th of October at Quibayo (in the Sorte Mountains, Yaracuy State, Venezuela), a celebration takes place. This is part of the María Lionza cult, the most wellknown of its kind at home and abroad. The celebration centers around the barefoot treading upon burning coals called the baile en candela (“fire dance”), which is a collective ritual of possession. Mediums come from all over the country to invoke the prestigious spirits of the Indian “court” in order to walk on hot coals. This article examines the origins of the ritual “dance” and off ers a succinct description of the ceremony in its current form. It will conclude by proposing several areas for analysis in support of the concept that the cult fosters a dense collective memory which gives rise to multiple, often unorthodox, readings of the historic past. 
Key words: María Lionza cult, possession ritual, walking on coals, collective memory. 

Fecha de recepción: 26-02-2016 / Fecha de aceptación: 19-05-2016

Foto: César Escalona
para Marcos 

I. Introducción 

El sustrato más antiguo del mito y culto en torno a María Lionza echa sus raíces en las ricas cosmovisiones indígenas caquetías y jirajaras que dominaban la región centro-occidental antes de la conquista española (Barreto, 1989-1990: 9-21). Las transformaciones sociales y económicas suscitadas tras la consolidación de la industria petrolera, a comienzos del siglo XX, serán sin duda responsables de la expansión sostenida del culto que, a la vuelta de pocos años, encontrará un formidable refugio en los espacios urbanos. En efecto, las grandes urbes absorberán buena parte del flujo migratorio de origen campesino que, empujado por una crisis severa de la economía agrícola, comienza a abandonar masivamente las zonas rurales en busca de mejor fortuna. Desde entonces el culto se instala durablemente en las principales ciudades del país, donde sufrirá mutaciones y reacomodamientos múltiples, desde la eclosión de nuevas cortes o familias de espíritus en el panteón, hasta la aparición de diferentes estilos de trance, pasando por la asimilación de conocimientos y prácticas procedentes de otros sistemas religiosos análogos, como la santería cubana1. La estupenda popularidad de la devoción debe mucho a esa naturaleza aglutinante que le permite aceptar sin complejos las influencias más diversas, así como a la capacidad de sus centros de culto para abocarse a la resolución de toda suerte de contrariedades, si bien la dimensión terapéutica en particular parece ganar cada vez más terreno. 

Foto: César Escalona (2018)

El presente artículo explora el denominado “baile en candela” (o “baile de la candela”), ritual colectivo del culto a María Lionza con mayor proyección en la esfera pública. Se trata de una celebración ritual que tiene lugar cada 12 de octubre en Quibayo (montaña de Sorte, estado Yaracuy) y en cuya ejecución participan médiums o materias procedentes de diversas regiones del país, quienes se someten a un cuidadoso período de preparación previa2: llegado el apogeo de la ceremonia, los médiums en estado de trance caminan sobre brasas ardientes bajo la tutela de los espíritus que componen la popular “corte india” (Fernández Quintana, 2008), valga decir, los grandes caciques (como Guaicaipuro, Naiguatá, etc.) y las princesas guerreras (como la india Rosa o Tibisay). Ritual insignia del culto, el “baile” es objeto de un interés siempre renovado, tal como lo demuestra la asidua presencia, año tras año, de autoridades políticas locales y regionales, así como de creyentes, turistas, científicos de extracción diversa y, desde luego, numerosos medios de comunicación nacionales e internacionales. 
Si bien el ritual articula múltiples dimensiones, en este ensayo nos contentaremos con ofrecer una perspectiva histórica sucinta ‒producto de una investigación documental mucho más amplia sobre la consolidación del culto a María Lionza‒, así como una descripción etnográfica concisa que se inscribe en el marco de un trabajo de campo realizado de forma intermitente entre 1998 y 2006 en la montaña de Sorte. Ello nos permitirá, más adelante, abordar la existencia de múltiples interferencias y solapamientos entre las narrativas históricas vehiculadas por el Estado-nación y las representaciones del pasado construidas en el culto a María Lionza cuyas tramas, como lo sugieren algunos autores, entretejen una memoria colectiva fundamentalmente contestataria de los sectores populares (Salas, 1987, 1997, 1998; Ferrándiz, 2004a, 2004b). 

Foto: César Escalona (2014)


II. Sobre los orígenes del “Baile” 

Las primeras noticias escritas sobre el culto a María Lionza se remontan a principios del siglo XX, en pleno apogeo de los estudios folkloristas en Venezuela. En esa época se produce un auténtico movimiento intelectual cuya principal preocupación consistía en inventariar, promover y difundir las culturas tradicionales, cuyas expresiones abarcaban un espectro muy amplio de creencias y prácticas a lo largo y ancho del país, desde la música y las festividades locales, hasta las leyendas y supersticiones populares. Tal interés, que expresa una cierta inquietud frente a las profundas transformaciones que suponía el tránsito vertiginoso hacia un modelo económico petrolerorentista, cristalizó en una nutrida cantidad de textos en los que María Lionza fue objeto de una atención particular. Las referencias al respecto son numerosas, tal como lo demuestran los trabajos de Santos Erminy Arismendi (1952), Francisco Tamayo (1943), Felipe Ramón y Riviera (1958), Manuel Cárdenas (1951) y, sobre todo, de Gilberto Antolínez, cuya prolija labor de investigación ha sido parcialmente compilada en un tomo que data de 1995. Si bien esas y otras publicaciones dan cuenta de aspectos significativos del culto y, sobre todo, del mito, ellas no hacen mención alguna acerca del baile en candela por una razón sencilla: el ritual aún no existía, al menos no bajo la forma en que lo conocemos actualmente. La primera descripción disponible de esa celebración data, en cambio, de mediados de los años sesenta. Ella forma parte de una serie de reportajes sensacionalistas realizados por el periodista Óscar Yánez para el diario La Verdad (1966). En esa época, que se corresponde con la “fase urbana” del culto según el modelo histórico propuesto por Jacqueline Clarac (1983: 29), la devoción atravesaba un período sumamente curioso, caracterizado por una relación fundamentalmente ambivalente con las élites al poder. Por un lado, María Lionza era reivindicada como un símbolo de la identidad nacional, y la serranía de Sorte, que fi gura como el epicentro de una rica mitología y el principal lugar sagrado de la devoción, fue declarada monumento natural el 18 de marzo de 19603. Por el otro, la rápida expansión de los centros espiritistas en las áreas urbanas y la masifi cación de la práctica fueron objeto de una dura represión4, tal como lo demuestra la puesta en marcha de operativos policiales de alcance diverso (Ramírez, 1990: 104-105). 

 Foto: César Escalona (2015)

En este contexto marcado por profundas contradicciones, la curiosidad por María Lionza adquiere proporciones insospechadas y la prensa nacional dedica numerosos artículos y columnas al culto, al que describen a menudo como un conjunto de antiguas supersticiones ‒llamadas indistintamente hechicería, adivinación, brujería, espiritismo o curanderismo‒ practicadas por un puñado de estafadores. Situado a las antípodas de la naciente modernidad petrolera, el culto a María Lionza se había ganado una reputación poco envidiable: tanto la veracidad de sus prácticas como la fiabilidad de sus oficiantes eran constantemente puestos en entredicho. De un modo previsible la crónica de Óscar Yánez mantiene esa misma línea de argumentación: se trata de un conjunto de descripciones sesgadas y con un tono narrativo siempre inclinado por lo asombroso. No obstante lo anterior, el texto cuenta con la ventaja de transcribir varias conversaciones mantenidas por el autor con algunos adeptos que peregrinaban a Sorte, entre quienes despuntan la sacerdotisa Beatriz Veit-Tané o ‒de particular interés para los propósitos que animan el presente artículo‒ el prestigioso médium Rubén Darío Barrios. Este último es recordado como un verdadero líder por las viejas generaciones de adeptos, cuya formación espiritual y transcurso de vida han estado inextricablemente ligados al devenir de Quibayo: de acuerdo con la reconstrucción histórica que hiciéramos de la montaña5, el nombre de Rubén Darío Barrios permanece aún fresco en los testimonios de nuestros colaboradores, salpicando muy a menudo sus relatos. Figura emblemática de los años 1950 y 1960, espiritista a carta cabal, Barrios ejerció una influencia notable en la práctica contemporánea del culto. 

Cansado de las descalificaciones contra los marialionceros, Barrios intenta persuadir a Óscar Yánez (quien no duda en mostrar su escepticismo) sobre la autenticidad de los rituales de trance que, a juzgar por el tipo de publicaciones dominantes en la gran prensa, aparecen descritos como actos deliberadamente simulados por los médiums ‒vale decir, contactos fingidos con los espíritus‒ cuyo objeto sería engañar a los incautos. He aquí un breve fragmento del diálogo entre el médium y el periodista: 

“— [Rubén Darío] Hay mucha superchería y hay muchos farsantes (…) Ya no se discute si los espíritus vienen. Cuando un médium le diga a Usted que recibe comunicaciones del más allá invítelo a caminar sobre candela, cuando esté transportado. He visto muchos que se les pasa ‘el trance’ cuando le hacemos esa invitación. Nosotros caminamos sobre candela y no nos pasa nada — dice sonriendo. 
“— [Óscar Yánez] ¿Cuál es el objeto fundamental de esa prueba? 
“—[R.D.] Demostrar que gozamos del favor de la Reina y que estamos lo suficientemente desarrollados mentalmente para que no le ocurra absolutamente nada a nuestro cuerpo. “— [O.Y.] ¿Podemos verlo a usted caminar sobre candela? “— 
[R.D.] Quizás mañana en la noche.” (Yánez, 1966: 8). 

Barrios organizó efectivamente un baile en candela en el sector Quibayo que, según la reseña de Yánez, guarda una clara analogía con el ritual practicado hoy día6. Conocidos en aquel entonces como “embajadas en candela”, este tipo de ritual aparece justamente hacia los años cincuenta de la mano de los espíritus indios, aunque alcanza su popularidad hacia la década de los sesenta. En esta época el culto era objeto de debates públicos poco favorecedores, amén de sufrir una persecución abierta por parte de los organismos de seguridad del estado. Condenados a operar como organizaciones prácticamente clandestinas durante esos años difíciles, los centros de culto se convierten en verdaderos laboratorios espiritistas, donde toman forma nuevas corporalidades inspiradas sobre todo en la corte india, de reciente aparición7. En ese entonces se produjeron una serie de cambios en el ritual de posesión que, de acuerdo con las descripciones disponibles8 así como con los testimonios recopilados entre espiritistas experimentados9, pasan de ser prácticas muy discretas ‒en las que la incorporación de una entidad en el médium era casi imperceptible, valga decir, apenas delatado por un ligero cambio en el tono de voz o un breve temblor corporal‒ para convertirse en un ritual que va adquiriendo un mayor dramatismo e intensidad en su ejecución. Lo anterior puede interpretarse no solo como una consecuencia directa de las metamorfosis sufridas por el panteón de espíritus sino, más aún, de la rápida expansión del culto que, al cabo de algunos años, acaba por consolidarse como una devoción masiva cada vez más expuesta al ojo público, con todas las consecuencias que ello supone a nivel de la reelaboración de las prácticas rituales10. 

 Foto: César Escalona (2015)

Así pues, las “embajadas en candela” (como aún le llaman los adeptos más veteranos)11 forman parte de los dispositivos que surgen en plena efervescencia del espiritismo marialioncero y que, del mismo modo que otras prácticas hasta entonces inéditas ‒como las perforaciones y los cortes que se infligen los médiums en diversas partes del cuerpo durante el trance12‒, buscaban disipar toda duda sobre la fiabilidad de la posesión. Celebrados de manera independiente por algunos centros de culto como una prueba irrefutable de la capacidad de los médiums para entrar plenamente en estado de trance, los bailes comenzaron a organizarse de manera colectiva en Quibayo bajo la dirección de Rubén Darío Barrios. Tras la apertura de la carretera de granzón que aún hoy día da acceso al monumento natural cerro María Lionza13 y la movilización masiva de adeptos, el ritual adquiere un remarcable prestigio entre las organizaciones de culto de todo el país que empiezan a peregrinar regularmente a la montaña, algunas de las cuales participarán con sus médiums más experimentados en la ceremonia. No resulta en modo alguno sorprendente que, durante esos años de entusiasmo nacionalista14, el 12 de octubre se convierta en el día por excelencia de la celebración del baile en candela. Si bien en aquel entonces esa fecha era objeto de algunos rituales republicanos en su calidad de “Día de la raza”, ella adquirirá en el culto un sentido algo distinto, menos centrada en la condescendiente concepción oficial de “descubrimiento de América” o “encuentro de dos mundos” y más orientada a destacar la valentía y el arrojo de los indígenas locales, quienes habrían enfrentado con coraje al implacable invasor español. 

Esta percepción, pacientemente abonada por escritores y artistas de extracción muy diversa ‒desde Antonio Reyes con sus Caciques aborígenes Venezolanos (1953) hasta Pedro Centeno Vallenilla con su rica obra pictórica (1991)15‒, fue retomada por adeptos como Beatriz Veit-Tané, cuya estrecha cercanía con los círculos intelectuales y las élites políticas del momento la convertirían en la sacerdotisa de mayor notoriedad en la esfera pública. Las ideas de Veit-Tané, buena parte de las cuales fueron divulgadas por medios masivos, ejercieron una influencia decisiva ‒excepcional en cierto modo‒ en la heterogénea comunidad de creyentes. Así, pues, en ese período marcado por la rápida transformación del culto ‒de discreta creencia campesina a fenómeno de masas urbano‒ Veit-Tané insistirá justamente en la ascendencia india en el culto: “Para nosotros, el rendirle culto [a María Lionza] no significa otra cosa que aceptar respetuosa y dignamente la tradición de nuestra raza primitiva, de sus costumbres, su credo y sus leyes”. Esa reivindicación de lo indígena tan en boga en la década de los sesenta cristalizó de un modo formidable en el baile en candela. En el próximo apartado echaremos un vistazo al modo en que se desarrolla este ritual que, con el pasar de los años, se ha convertido en un auténtico emblema del culto a María Lionza dentro y fuera de Venezuela. 

Foto: César Escalona (2018)

III. Breve descripción etnográfica del Baile en Candela 

Pese a que los centros suelen funcionar de modo independiente y, por regla general, sin mantener relaciones con otras organizaciones análogas, existe sin embargo una serie de hilos conductores que, tal como sucede con la fi gura aglutinante de la diosa María Lionza, le otorgan a la devoción una cierta unicidad y coherencia. Ritual central del culto, el baile en candela constituye uno de esos ejes en torno a los cuales gira la heterogénea comunidad de adeptos. Se trata, en efecto, del ritual colectivo más prestigioso nacionalmente16, cuya organización actual se encuentra bajo la responsabilidad de la Asociación Nacional de Espiritistas Hijos de María Lionza (ANEHML) ‒dirigida por el médium Pablo Vásquez‒ aunque, tratándose de una festividad colectiva tan popular, los rigores logísticos exigen a menudo la participación de funcionarios de diversos organismos del estado como Inparques (Instituto Nacional de Parques), la Fundación Yaracuyana de Turismo, la Guardia Nacional o el cuerpo de Bomberos local.
En su forma contemporánea, el ritual tiene lugar en la víspera del 12 de octubre. Así pues, la ceremonia se inicia al atardecer del 11 de octubre y el baile como tal debe ejecutarse, al menos en teoría, hacia la medianoche. Desde muy temprano en la mañana, vehículos de todo tipo empiezan a desplazarse por la vieja carretera que conduce a Quibayo, a la sombra de los densos cañaverales. Entre los numerosos visitantes que se movilizan desde todos los rincones del país se cuentan diversos grupos de adeptos organizados en las llamadas “caravanas”17, amén de turistas, periodistas, autoridades políticas regionales y, no pocas veces, estudiosos de diversas disciplinas. El área dispuesta para la celebración se ubica en el sector Quibayo, en las cercanías del río Yaracuy, y ella es objeto de una rigurosa preparación en la que participan miembros y colaboradores de la Asociación Nacional de Espiritistas. Los preparativos comprenden actividades tan dispares como la limpieza y el cercado provisional del área de baile, la disposición de asientos para invitados especiales, la edificación y el ornamento del altar, la coordinación con los organismos del Estado, la recolección de ramas y troncos que darán forma a las grandes fogatas rituales sobre las que “bailarán” los médiums posteriormente, la instalación de la tarima, del sistema de sonido y de iluminación y un largo etcétera de tareas de complejidad variable. 

Si bien nosotros hemos asistido al menos a tres bailes en candela, celebrados en Quibayo en 1998, 2000 y 2005, tomaremos este último año como referencia para la descripción general que presentamos de modo sintético a continuación, puesto que ella exhibe a grosso modo la misma estructura general que las otras dos. Ahora bien, la apertura del ritual estuvo marcada por unas palabras de bienvenida pronunciadas por un anfitrión de la ANEHML en nombre de todos los actores directamente involucrados en la realización del evento. Inmediatamente después se inició el rezo del rosario, al tiempo que la Guardia Nacional intentaba mantener el orden frente a una muchedumbre que, agolpada en torno al área delimitada para la ejecución del baile, se encontraba cada vez más ansiosa por el comienzo del baile. De inmediato se dedicó un minuto de silencio a los “hermanos y hermanas caídos”, vale decir, aquellos espiritistas y cultores fallecidos durante el año anterior. Entonces se procedió a entonar el himno nacional y, acto seguido, el presidente de la ANEHML tomó brevemente el micrófono para expresar su agradecimiento al alcalde de Urachiche18 y al gobierno revolucionario no sólo por el apoyo logístico brindado en la organización del baile sino, más aún, por “enaltecer” públicamente a María Lionza a través de diversas acciones concretas. 
Valga abrir en este punto un breve paréntesis para recordar que, desde sus inicios, el gobierno chavista produjo una gran expectativa entre los marialionceros, quienes esperaban con impaciencia un giro en las políticas de Estado capaz de darle finalmente un estatus patrimonial al culto. El discurso reivindicativo de Hugo Chávez ‒que arropaba por igual a las culturas tradicionales (indígenas, campesinas y afrodescendientes) y al conjunto de manifestaciones propias de los sectores populares (como el culto)‒ se materializó, entre otras cosas, en la declaración del 12 de Octubre como el “Día de la Resistencia Indígena”19 en 2002. Tal anuncio fue recibido con verdadero entusiasmo por los creyentes que veían en el “baile en candela” la auténtica expresión de una antigua cultura india. Un poco más tarde, en 2004, los restos simbólicos del cacique Guaicaipuro fueron incorporados al Panteón Nacional, lo que fue percibido por los adeptos como un nuevo giro de tuerca en el reconocimiento de uno de los grandes símbolos del culto. A lo anterior se suma la instalación, el 18 de febrero de 2006, de una réplica de la emblemática escultura de Alejandro Colina, María Lionza sobre la Danta20, en la autopista centro-occidental Rafael Caldera, muy cerca de Chivacoa21. Además, las autoridades revolucionarias habrían prometido por aquel entonces el mejoramiento de los servicios públicos, la construcción de un templo y de un anfiteatro para la ejecución los rituales colectivos así como el relanzamiento turístico de la montaña. 

Ahora bien, volviendo a la descripción sucinta del baile, tras las palabras del presidente de la ANEHML, tuvieron lugar las llamadas “actividades culturales”. Se trata de una serie de representaciones teatralizadas o de intervenciones musicales inspiradas en los imaginarios que circulan en el culto, sobre todo en las diversas entidades que componen el panteón. A medio camino entre la interpretación histórica y la representación estética, las “actividades culturales” son concebidas en el seno de los centros de culto como un homenaje a las divinidades en cuyo diseño los creyentes se permiten ciertas licencias artísticas. Ello implica a menudo disciplina y trabajo colectivos, desde la elaboración de los vestuarios hasta la participación en los diversos ensayos y repeticiones previos a su estreno público el día del baile. En esta ocasión, varios grupos de culto procedentes de los estados Carabobo, Táchira y Zulia presentaron, una tras otra, sus creaciones: una danza inspirada en las cortes tradicionales de espíritus, una larga puesta en escena dramatizando los grandes caciques y las indias guerreras, la interpretación del Ave María o de algunas gaitas dedicadas a la divinidad central del culto, María Lionza. Entonces tuvo lugar una larga pausa, suerte de intermedio en el que los periodistas entrevistaron a los líderes de la ANEHML y a algunos adeptos.

Entretanto, reunidos frente a un altar específicamente instalado para la ocasión, una veintena de médiums, en su mayoría hombres, se preparaba para el baile. Vestidos con sus mejores galas ‒la parafernalia ritual incluye versiones libres de atuendos tradicionales indígenas, penachos y collares vistosos de estilos diversos‒ las materias22 fumaban tabaco escoltados por sus bancos23 desde el inicio de la ceremonia sin perder la concentración pese a los frecuentes gritos de los espectadores, cada vez más impacientes y menos intimidados por las amenazas de expulsión proferidas de cuando en cuando por los cuerpos de seguridad. Tras la llegada de un grupo de bomberos y de Protección Civil con una camilla y algunos equipos de primeros auxilios, comenzó a escucharse un toque de tambor. Dos miembros de la ANEHML entraron a la arena ritual portando ‒en una pequeña parihuela construida al efecto‒ una imagen de María Lionza no mayor de un metro de alto con manto y corona de color púrpura y llevando flores blancas frescas en las manos. Ellos recorrieron toda la arena ritual, moviéndose siempre al compás de los tambores por entre las hogueras, aún sin encender. Una repentina ovación colectiva celebró la aparición de la mítica sacerdotisa Juana de Dios Martínez, verdadera institución en el culto, alzando dos grandes antorchas encendidas mientras bailaba descalza por toda la arena ritual, al tiempo que las tres hogueras eran encendidas: se iniciaba así la etapa culminante de la celebración, el muy esperado del baile en candela. 

Sólo entonces los médiums, ya en estado de trance, se dispusieron a caminar alrededor de las fogatas para, poco antes de la medianoche, empezar a atravesarlas mostrando un entusiasmo que el público, pese a la prolongada espera, supo agradecer con largos aplausos y silbidos. Siempre escoltadas por sus bancos, las materias dejaban escapar uno que otro grito seco y mantenían un andar lento y entrecortado, con la espalda ligeramente encorvada hacia adelante, el abdomen tenso y el pecho hinchado, replicando el lenguaje corporal más extendido que exhiben los indios durante la posesión24. No obstante, ellos suelen impresionar a su público dando muestras de coraje y determinación particularmente convincentes. Aunque cada cual trata de hacer gala de un estilo propio que le permita destacarse a su manera, la mayor parte de los médiums penetran sin dudar entre las llamas, aplastando con los pies las brasas ardientes, tomándolas en ocasiones entre las manos para arrojarlas al aire o presionarlas contra el pecho, introduciendo tal vez un trozo humeante en sus bocas, etc. 
Repitiendo esas y otras acciones semejantes que desafían todos los límites de resistencia al dolor, los médiums logran mantener a su audiencia en suspenso hasta pasada la una de la madrugada cuando, poco a poco y luego de varios trayectos de ida y vuelta entre las fogatas, van saliendo, uno tras otro, del trance. Terminado el ritual, los miembros de la ANEHML proceden a entregar diplomas de reconocimiento a los médiums participantes en el baile, “pilares de mañana”, culminando así con la ceremonia. Aunque buena parte de los espectadores comienza lentamente a retirarse de la montaña, un nutrido grupo se resiste a partir y permanece en los alrededores de la arena ritual, discutiendo sobre el baile. De hecho, es común escucharles sostener conversaciones distendidas y animados debates al respecto y, aunque en términos estrictos no se trata de una competencia, no es raro en absoluto que cada quien se decante por algún médium en particular que a su juicio ejecutó de manera más límpida y convincente la auténtica “danza” indígena. Los visitantes más entusiastas se dirigen al Altar Mayor de Quibayo para entonar cantos y toques de tambor a María Lionza y, desde luego, a su bravía corte india hasta bien entrada la madrugada, en una celebración que escapa por completo al programa cuidadosamente estructurado por la ANEHML. En la próxima sección propondremos, para culminar, algunas pistas de análisis sobre de los horizontes de sentido que evoca el baile. 


Foto: César Escalona (2018)

IV. A modo de cierre: los caminos de la memoria colectiva 

El culto a María Lionza ofrece una vía de acceso particularmente fértil para el estudio de la memoria colectiva, entendida esta última como una representación construida del pasado cuya textura específica es inseparable del contexto en el cual brota, vale decir, del presente a partir del cual está irremediablemente condenada a operar (Foueré, 2010: 6; Nora 1984: XIX). 

Las primeras aproximaciones sistemáticas sobre esta cuestión están plasmadas en las refl exiones de Yolanda Salas, entre las que se cuentan textos brillantes como Bolívar y la historia en la conciencia popular (1987) o “Una biografía de los espíritus en la historia popular venezolana” (1997), por citar tan sólo dos de ellos. En esos trabajos Salas examina minuciosamente tanto las exégesis que circulan en torno algunas divinidades centrales del culto como los micro-universos narrativos de los que echan mano los propios espíritus durante el trance y que, al fi n y al cabo, les permiten crear tramas interpretativas sobre determinados períodos históricos: como el Bolívar que relata a pedazos sus sacrifi cios durante el paso de los Andes en plena gesta independentista (Salas, 1987: 102) o el espíritu guerrillero que se pronuncia sin complejos sobre el Caracazo (Salas, 1997: 171). Francisco Ferrándiz ha hecho lo propio con las cortes vikinga, africana y malandra, muy en boga a partir de los años ochenta, explorando las “memorias heridas” (Ferrándiz, 2004: 342) que recrean los jóvenes médiums de los sectores populares durante el trance de esos espíritus tan proclives a la violencia, cuyos destinos marcados por la adversidad, la exclusión y la tragedia guardan una estrecha afi nidad con los rigores de la vida cotidiana en las barriadas venezolanas. Estos aportes pioneros allanaron el camino para un análisis del culto a María Lionza como un espacio alternativo para la reconstrucción de eventos sumamente dispares que, como lo veremos en un instante, pueden tocar en algunos casos fi bras muy sensibles, casi traumáticas, del pasado. Como lo nota Emanuele Amodio, en ese proceso de reelaboración de la historia participan no sólo los héroes patrios sino también fi guras secundarias según el criterio más extendido en la historiografía ofi cial ‒como el Negro Primero o el propio Guaicaipuro‒ o aún personajes “menores”, completamente ausentes de la “gran historia” y tal vez por lo mismo mucho más próximos a los referentes culturales de los adeptos y a sus luchas cotidianas, como es el caso de los malandros (Amodio, 2009: 166). Aunque los contenidos históricos que circulan en el culto se encuentran directamente inspirados por el discurso erudito ‒el cual toma a menudo forma en los textos de divulgación masiva, en los grandes rituales republicanos, en las creaciones artísticas y literarias de todo tipo, etc.‒ tarde o temprano ellos sufren toda suerte de recomposiciones y reacomodos de acuerdo con el interlocutor25 y, desde luego, con el contexto26. En suma, y volviendo al texto de Francisco Ferrándiz, se trata de “una memoria popular, una historia ‘desde abajo’ (Hall, 1978) que opera en la periferia de la historia oficial, que se presenta imperfectamente elaborada, fragmentada y dispersa (…) y que permanece abierta en todo momento a interpretaciones múltiples, y coyunturales” (Ferrándiz, 2004b: 339). 



Foto: César Escalona (2018)

El baile en candela propone a su modo un retorno sobre el drama de la Conquista. Ya se trate de personajes reales o producto de la imaginación de los cronistas27, los caciques y las indias guerreras vuelven para enfrentar nuevamente la adversidad, mostrando la misma gallardía con la que desafiaron al invasor español y que, en fin de cuentas, acabó por conducirlos a un destino trágico. Su triunfo sobre la violencia de las llamas supone una inversión de la trama histórica, una suerte de revancha contra la visión del pasado impuesta “desde arriba”, esa que los reduce tan a menudo a su condición de víctimas. Gracias al análisis de los relatos de los fieles se puede avanzar que la posesión “dramatiza” (Salas, 2005) una memoria rebelde cuyo epicentro reside más bien en los conceptos de sacrificio e inmolación28 que, como lo muestra la propia evolución de los estilos corpóreos del trance desde los años sesenta hasta la actualidad (Ferrándiz, 2004a: 102-103; 2004b: 338), adquieren progresivamente una dimensión sagrada e incluso terapéutica dentro del culto.

De este modo, la figura del indio heroico que padeció los rigores de la época de contacto, aunque inspirada en la historiografía clásica dista mucho de ser un simple calco de esta. Como lo sugiere Gérard Genette en su estudio sobre la hipertextualidad, las relaciones “manifiestas o secretas” (1992: 7) entre una narración y todas aquellas que se desprenden directa o indirectamente de ella pueden dar lugar a modificaciones sustantivas del contenido de origen, sin que ello implique cambio alguno en las particularidades espacio–temporales del relato. Así, pues, esas operaciones de “derivación” pueden producir mutaciones significativas en los hilos narrativos que, aun siendo capaces de modificar intencionalmente el sentido de la historia, no tienen por qué afectar necesariamente la identidad de los personajes que la componen (1992: 440). Los caciques y las indias recogen muchos de los rasgos morales y estéticos que le atribuyeron las élites políticas, intelectuales y artísticas pero, a diferencia de esos registros, en el culto ellos adquieren una voz29 y un lenguaje corporal propios que, con cada puesta en escena del trance, les permite recrear otras versiones del pasado. En palabras de Yolanda Salas: “La simulación de unidad y sincretismo cultural leída por la nación y por una ideología del mestizaje consumado difiere sobre manera de la historia narrada y actuada por los espíritus que posesionan a los médiums en los rituales” (1997: 166). 

Foto: César Escalona (2015)

El baile en candela propone a su manera otra lectura de un día de fiesta nacional, originalmente concebido como la conmemoración republicana de un encuentro inevitable entre dos mundos; percepción que dará un giro hacia la noción de “resistencia” mucho más tarde, bajo la impronta de Hugo Chávez. La temprana reivindicación de una sensibilidad indígena en el culto constituye, así pues, una tentativa entre tantas otras por recuperar las voces de los oprimidos –con quienes en fin de cuentas se tiene tanto en común- y, junto con ellas, rescatar su experiencia, íntima y subjetiva, de otros tiempos. Ello constituye no sólo un desafío a los silencios impuestos por la historia lineal racionalizada desde la óptica de los vencedores sino, más aún, una reapropiación “táctica” (en el sentido propuesto por Michel De Certeau) que da lugar a otras interpretaciones del pasado, cuya trama narrativa y sentido desbordan por completo a aquellos originalmente propuestos por sus creadores (intelectuales, artistas, políticos, etc.) (1990: 57-63). De ello se trata, según De Certeau, el auténtico “arte de los débiles” (1990: 61) –tan caro a los grupos subalternos– que, a través de un sinfín de procedimientos cotidianos que operan a nivel capilar, son capaces de apropiarse y manipular con astucia los discursos, conocimientos y usos impuestos por el otro (las instituciones y sus élites en un sentido amplio) para generar significados y prácticas propias. 

Foto: César Escalona (2016)

Notas 
1  Sobre este particular consultar los estudios clásicos de Angelina Pollak-Eltz (1968, 1972, 1991, 1994), Jacqueline Clarac de Briceño (1970, 1983, 1992), Yolanda Salas (1987, 1997, 1998, 2005), Gustavo Martín (1983, 1985), Daisy Barreto (1987, 1989-1990, 1990, 1994, 1995, 1998), Nelly García Gavidia (1987, 1996), Dilia Flores (1988, 1991), Francisco Ferrándiz (1992, 1995, 1996, 1999, 2004a, 2004b, 2004c) y Bruno Manara (1995). 
2 Como en muchos otros aspectos, las condiciones exigidas a los médiums o materias para poder participar en el ritual varían de un centro de culto a otro. No obstante y pese a las diferencias de rigor, existe un cierto acuerdo en que, durante las semanas previas al baile (algunos adeptos hablan incluso de tres meses), los médiums tienen absolutamente proscrito el consumo de alcohol y de carnes rojas, así como toda suerte de contacto sexual. Además, ellos deben someterse a rituales de purificación y elevación de distinta naturaleza, sin olvidar intensas jornadas de ayuno y oración. 
3 Según la antropóloga Daisy Barreto, la sacerdotisa Beatriz Veit-Tané, quién mantenía lazos estrechos con la alta esfera política, jugó un rol central en el proceso de declaratoria (Barreto, 1998). 
4 Algunos ejemplos emblemáticos de ello pueden encontrarse en numerosos artículos de prensa que describen los allanamientos realizados por la policía en diversos centros de culto y la detención de adeptos generalmente acusados en el delito de estafa, violación del principio de la buena fe y ejercicio ilegal de la medicina (Anónimo, 1950; Febres Cordero, 1965; Adochiles, 1966; Conde, 1966; Perazzo, 1966; Pernía, 1966). 
5 Durante nuestro trabajo de campo, entre octubre 2005 y noviembre 2006, realizamos una meticulosa reconstrucción histórica de la montaña de Sorte basada en el arqueo intensivo de fuentes escritas (Biblioteca Nacional y biblioteca central de la Universidad Central de Venezuela-UCV), así como en una serie de entrevistas en profundidad con diferentes generaciones de adeptos del culto. En particular, trabajamos exhaustivamente en la recopilación de testimonios de tres médiums consagrados (quienes contaban para entonces con 74, 79 y 80 años de edad), cuya trayectoria en el mundo espiritista ha estado inextricablemente ligada al devenir de la montaña, especialmente de Quibayo. 
6 Ver apartado “Breve descripción etnográfica del baile en candela”. 7 Inspiradas en la ideología nacionalista enérgicamente promovida por la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, cortes como la india, la negra y la histórica (también llamada “bolivariana”) pasan a engrosar el panteón del culto a partir de los años 1950 (Pollak-Eltz, 2004: 42; Clarac de Briceño, 1983; Barreto, 1995, 1998), comenzando así a desplazar lentamente a los espíritus más antiguos como las reinas (como Guillermina, Carmelita o Margarita), las niñas (Flora o María) y los numerosos “Don Juanes” (Antolínez, 1995: 183). 8 Nos referimos aquí específicamente a la primera descripción conocida de una ceremonia de posesión –la cual tuvo lugar en San Felipe, estado Yaracuy– reseñada con todo detalle por Gilberto Antolínez para el periódico “El Heraldo” en 1950. 
9 Durante nuestra investigación realizamos una serie de entrevistas en profundidad a cinco adeptos mayores de 60 años (tres de los cuales han hecho buena parte de su vida entre Chivacoa y Quibayo, uno en San Felipe y uno en Caracas), cuyos testimonios confirman ampliamente la transformación progresiva en los estilos de trance, sobre todo con la aparición de la corte india, la negra y la histórica durante los años cincuenta o con los espíritus malandros, los vikingos y los africanos hacia finales de los setenta. Ello corrobora, por lo demás, los análisis propuestos por el antropólogo Francisco Ferrándiz (2004a) sobre las metamorfosis sufridas por el ritual de posesión. 
10 En efecto, la sobreexposición mediática del culto y, muy especialmente, de la posesión de espíritus, se traducirá no solamente en grandes debates públicos sobre la pertinencia de la devoción (a menudo descrita como un conjunto de creencias “atrasadas”), sino también en verdaderas polémicas entre los propios adeptos, que comienzan a exhibir posiciones abiertamente divergentes, sobre todo en lo que respecta a la mediumnidad. Aunque la multiplicación de centros de culto conllevará a la fragmentación de creencias y prácticas, dando a menudo lugar a toda suerte de bricolajes simbólicos, la mayoría de estas organizaciones se considerarán a sí mismas como garantes del auténtico espiritismo (descritos por adjetivos como puro, tradicional, científico, etc.) en contraste con otros grupos, reales o imaginarios, a los que acusarán de farsantes. 
11 Muy utilizado por los cultores en las áreas rurales, el vocablo “embajada” es una deformación del sustantivo “bajada” que, en el presente contexto, describe el descenso de los espíritus o entidades en los cuerpos de los médiums para la celebración del baile en candela. 
12 Según los testimonios de nuestros informantes clave, este tipo de praxis aparece entre los años cincuenta y sesenta de la mano de los espíritus de la corte india – especialmente de los grandes caciques–, levantando un sinnúmero de polémicas entre los adeptos y una enorme curiosidad en el seno de la opinión pública (ver, por ejemplo, Anónimo, 1966). No obstante, los cortes y las perforaciones dejan de ser elementos esporádicos para volverse recurrentes en la escena ritual con la aparición de las cortes malandra (o calé), africana y vikinga, las cuales adquieren una formidable popularidad a partir de los años ochenta (Ferrándiz, 1995, 1996, 1999). 
13 La primera vía de acceso a los tres sectores de la montaña (Sorte, El Oro y Quibayo) fue inicialmente construida como parte del Central Matilde, emblemático complejo azucarero del estado Yaracuy. Por tanto, hasta bien entrada la década de los sesenta los vehículos podían desplazarse tan sólo hasta ese lugar –donde se establecerán los primeros puntos de control de la Guardia Nacional– cuya frontera natural con la montaña es el río Yaracuy. 
14 Además de la aparición de espíritus inspirados en la historiografía ofi cial (indios refractarios a la conquista, negros que desafían el modelo esclavista, héroes independentistas, etc.), en este mismo período los grandes símbolos de la nación pasan a formar parte de la parafernalia ceremonial y la puesta en escena ritual (se decoran los altares con la bandera nacional y se entona el himno a la llegada de espíritus como el de Simón Bolívar, por ejemplo), y las principales fechas patrias (24 de junio, 5 de julio, 24 de julio, 12 de octubre, etc.) se convierten rápidamente en referentes temporales para los grandes peregrinajes a la montaña de Sorte donde tienen lugar celebraciones espiritistas masivas (cf. Salas, 1987: 95-119; Ferrándiz, 1992: 32-42). 
15 Por razones de espacio, nos limitamos aquí a mencionar apenas dos fi guras de un período particularmente prolijo, marcado por una profusa producción intelectual y artística que incluye las representaciones escultóricas de Alejandro Colina o la extensa obra de Gilberto Antolínez. La tesis doctoral de Daisy Barreto (1998) descifra y analiza in extenso los factores que hicieron posible la consolidación de una cierta percepción de los indígenas, en especial de los caciques, en esa época. 
16 En realidad, resultan escasos los rituales organizados y/o celebrados por múltiples organizaciones de culto. De acuerdo con los datos recopilados durante nuestra experiencia de campo, la Asociación Nacional de Espiritistas Hijos de María Lionza llegó a realizar junto con otras organizaciones varias procesiones y rezo del rosario en Quibayo durante la semana Santa. De igual modo, un grupo de jóvenes de diversos centros organizan un “Baile en vidrio” (modalidad en la que los médiums, generalmente poseídos por espíritus vikingos o africanos, bailan sobre cristales rotos) en Sorte para celebrar el 12 de octubre. No obstante, ninguna de esas ceremonias disfruta por el momento de la proyección pública ni la transcendencia ritual del “baile en candela”. 
17 Conjunto de peregrinos, generalmente conformado por los miembros de un centro así como por los pacientes y/o clientes vinculados con dicha organización, quienes acuden a cualquiera de los sitios naturales con valor sagrado en el culto, como Aguas Blancas (estado Portuguesa) o la propia montaña de Sorte. Muy a menudo los grupos así constituidos alquilan una unidad de transporte colectivo para facilitar el traslado de los participantes. Una vez llegada a su destino, la caravana establece un campamento en el que sus miembros pernoctan: la mayoría de las veces se trata de estancias cortas durante las cuales los participantes se someten a todo tipo de rituales planificados cuidadosamente antes del viaje 
18 Se trataba del alcalde Douglas Siónchez (PSUV), quien ejerció dicho cargo entre 2004 y 2013. 
19 Decreto presidencial N° 2028 del 10 octubre 2002, publicado en la Gaceta Oficial N° 5605. 
20 Ver, por ejemplo, el artículo de Larry Camacho (2006). 
21 Chivacoa se encuentra enclavada en el municipio Bruzual, a una treintena de kilómetros de la ciudad de San Felipe, capital del estado Yaracuy (en la región central de Venezuela). Se trata de un poblado con poco menos de 80.000 habitantes que, en virtud de su cercanía con la montaña de Sorte (apenas 15 minutos en auto) se ha convertido en una parada obligatoria para los numerosos peregrinos y visitantes que, muy a menudo, se detienen para comprar provisiones (alimentos y bebidas) o, sobre todo, para adquirir algunos de los elementos más comúnmente usados en la práctica ritual (tabaco, velas, velones, esencias, etc.). 
22 Los médiums o materias son los encargados de recibir en sus cuerpos a los espíritus durante las ceremonias de trance o posesión. 
23 El banco es el ayudante y protector del médium, a quien asiste durante todo el trance. 
24 Los espíritus de la dilatada corte india –entre los que se cuentan figuras reales o imaginarias como la India Rosa, Guaicaipuro, Paramaconi, Naiguatá, Mara, Yaracuy, Terepaima, Tamanaco o Yoraco– suelen evocar las representaciones de los grandes caciques tal como aparecen en la literatura popular y, sobre todo, en el arte monumental y nativista de los años cincuenta: así pues, la posesión están en buena medida inspirada en la figura del indio guerrero, de cuerpo musculoso y actitud altiva. 25 De modo pues que la edad y el tipo de formación del médium, su extracción social y sus preferencias por tal o cual corte de espíritus juegan sin duda un rol decisivo en la lectura de determinados procesos históricos. 26 Los nuevos paisajes políticos y sociales ejercen una influencia considerable en el proceso de construcción memorial. Un ejemplo emblemático de ello, específicamente relacionado con la fi gura de Hugo Chávez y la revolución bolivariana, lo ofrece el investigador Emanuel Amodio, quien afirma que: “en los últimos años, gracias a la prédica bolivariana con matices didácticos que cada Aló Presidente emite, han ido en aumento los datos históricos que las materias marialionceras incorporan en su performance, como es el caso de la descripción de las batallas de la independencia disputadas por Bolívar” (Amodio, 2009: 166). 27 Un ejemplo diáfano de ello puede encontrarse en la crítica historiográfica a la existencia del cacique Chacao propuesta por el antropólogo Rogelio Altez (1997). 
28 Durante nuestro trabajo de campo (septiembre 2005-octubre 2006) recopilamos un amplio corpus de entrevistas sobre esta cuestión en Quibayo. 
29 Durante la posesión, los espíritus indios suelen hablar en una mezcla de español y lengua indígena. 

Foto: César Escalona (2016)


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Fuente: 
Boletín Antropológico. Año 34, Nº 91, Enero–Junio, 2016. Fernández Quintana Anabel
El baile en candela: narrativas históricas y memoria colectiva en el culto a María Lionza... pp. 131-151.