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martes, 19 de noviembre de 2024

Las advocaciones de la Reina



 ILUSTRACIÓN PELI


Por: FRANKLIN BARAZARTE/ ADRIANA AZZI SEDES 


La reina María Lionza, diosa del amor y la fortuna, es una de las figuras más controversiales de la espiritualidad venezolana. Patrona del culto espiritista y sincrético más popular del país, es motivo de grandes pug- nas entre sus seguidores. Desde los que la veneran como La Doña, aspecto sombrío y degradado que representa el lado oscuro de la diosa; hasta los que ven en ella a una Madre Cósmica y la elevan a una dimensión trascendental y celestial en la que es entendida como la potencia creado- ra del mundo y sus múltiples manifestaciones: una especie de Shakti oriental, aspecto femenino de la divinidad. Todos reflejan en la reina sus propias visiones y vuelos mentales. Además de esto, podríamos decir que en ella convergen tres momentos o manifestaciones históricas: mito, leyenda y realidad.


EL MITO. Como mito, María Lionza se manifiesta en Yara, la antigua diosa de los indios arawacos, especie de Ochún africana, diosa de las aguas dulces, de la fertilidad, de la provisión. Es la llamada princesa de las aguas.


LA LEYENDA. De este modo la encontramos como María de la Onza, completamente desnuda, mostrando sus atributos divinos tal como se expresa la madre naturaleza en señal de pureza e inocencia. Está montada en una danta, animal sagrado para los indios del Sur, tótem de evolución y símbolo del poder de la voluntad. En lo alto, sostiene con sus manos un hueso sacro en señal de fertilidad. Es hija del gran cacique Caquetío, pero también se dice hija de dos razas, la india y la blanca. Sus ca- bellos sueltos y enmarañados representan, como en la Kali Hindú, la fuerza desatada de lo femenino, su anticonvencionalismo y sensualidad.


LA REALIDAD. Estudios recientes revelan que en el Yaracuy de la época colonial, vivió una hacen- dada rica y temida, una especie de Chica Da Silva, Protectora de los indios, que tenía poderes sobre naturales, un gran carisma y una resolución poco común para las mujeres de su época. Estamos ha blando de María de Alonso, descendiente de españoles y dueña de las serranías de Sorte. Figura que el tiempo inclemente borraría de la historia pero que quedaría como arquetipo espiritual de la mujer venezolana. Otros sostienen que este personaje engendró a la María Lionza que hoy conocemos, cuyo padre fue el cacique Yaracuy,, que luchó por el pueblo indigena, que nació con grandes dones espirituales y que finalmente se manifestó en el imaginario de aquellos caquetios expropiados de sus creencias chamánicas, por una religión extranjera. En resumen, una reina-espíritu (crisol de razas) que contiene en si cinco misterios doña, madre cósmica, mito, leyenda y realidad, o quizás, una diosa sincrética y pagana que la historia (el hombre) moldea a su imagen y semejanza.


Fuente

Todo en Domingo  (Revista de El Nacional)

17 DE FEBRERO DE 2002




jueves, 18 de julio de 2024

Daisy Barreto defiende el culto a María Lionza y su derecho a ser respetado como religión

La sala Delta Amacuro de la 20ª Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) acogió un conversatorio sobre la religiosidad a partir del libro “María Lionza, divinidad sin fronteras. Genealogía del mito y el culto”, de la antropóloga Daisy Barreto, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y publicado por primera vez por Ediciones Dabánatà en 2020. 

17 julio, 2024 • Texto: Filven.


Acompañada por Gaudí Márquez, también antropólogo y profesor universitario, Barreto abrió el conversatorio con una interrogante: “¿Sabes a cuál fecha se remontan los primeros registros sobre el culto a María Lionza?”. A partir de este momento, mantuvo un diálogo diáfano con el público asistente a través de una dinámica de preguntas y respuestas.

Barreto destacó la necesidad de despojarse de los patrones etnofóbicos que han mantenido a la divinidad indígena relegada a la subestimación cultural o, incluso, a la apropiación cultural indebida y el usufructo de su culto, hecho a través de personas inescrupulosas y embaucadoras que se aprovechan de los creyentes de distintas maneras, especialmente la monetaria.

Barreto define el culto a María Lionza como una religión originaria y propia del pueblo venezolano, una devoción de resistencia ante el dominio colonial y una espiritualidad que nos permite vivir una relación auténtica de contacto con la naturaleza, tanto en su contexto cosmogónico como el de la práctica ritual. De esta manera, se preserva la ancestralidad de la devoción a deidades protectoras de la naturaleza, propia de los pueblos originarios de esta tierra antes de la llegada de los españoles, en un culto que se mezcla con diversos elementos, incluidos los del conquistador, para transformarse en la manifestación actual que conocemos hoy, y que, según relata la autora, “ha trascendido las fronteras, incluso hay devotos de la Reina en Italia y Suiza”.

“Hay que ser realmente humildes y no estar prejuiciados, quitar toda esa cosa sucia y horrible con la cual utilizan a María Lionza para aquí y para allá, para lo comercial, para esto y para lo otro, para poder entrar en una espiritualidad que se acerca, se aproxima, y tiene que serlo porque viene de esa filiación a la espiritualidad indígena”, relató la antropóloga.

En ese sentido, aclaró que “esa espiritualidad indígena es la que nosotros (los antropólogos) valoramos en esta religiosidad en Venezuela, que se consigue desde el Apure, en el sur, hasta el norte y de este a oeste. En toda esta extensión conseguimos a los devotos de María Lionza por todas las familias populares de Venezuela”.

Barreto aseguró que el Ministerio del Poder Popular para la Cultura está trabajando para elevar el estatus del culto a María Lionza e introducir el debate para que sea de una vez aceptada como una religión con su culto y practicantes. Asimismo, aseguró que la Fundación Editorial El perro y la rana se encuentra trabajando para lograr una edición en físico de esta importante investigación, una buena noticia para todos los creyentes de esta imagen.


Fuente


domingo, 18 de febrero de 2024

Mito Caribe: KANAIMA

 


"El Espíritu de Kanaima" por Wilmer Zabala 

(Óleo sobre Lienzo 70 × 50 cm)


Kanaima es el Espíritu vengador de la sangre de los indios amazónicos derramada durante los distintos combates. Para el pueblo Pemón, Kanaime o también llamado Canaima / Kanaima, es un Dios teogámico que, según las creencias, se transformaba en jaguar cuando se proponía castigar a los malvados. Según la cosmogonía de los Achaguas provenían del jaguar, y los Guaraúnos, aún hoy día, piensan que tienen el poder de transformarse en tigres o jaguares y cuando son atacados en la selva por esta fiera creen que hay un indígena oculto bajo su piel.



KANAIMA 


Los hombres habían sido creados por los espíritus del bien y poseían el fruto de los árboles, la sombra de las montañas sagradas y los productos de la caza y de la pesca. Y el maíz y la yuca germinaban tras la estación de las lluvias bajo la tierra de sus conucos.


Pero cada año, cuando descendían las aguas del gran Orinoco, sobre él y sus afluentes aparecían las piraguas caribes, que atacaban a las tribus asentadas en los valles regados por el viejo padre de los ríos.


Las gentes consideraban a los caribes como a espíritus del mal, con sus rojas cabelleras teñidas de onoto y manteca de tortuga, sobre las que a la luz del sol brillaban vistosas coronas de plumas. Sus cuerpos eran ágiles y esbeltos e iban adornados con collares y brazaletes de hueso. Orgullosos conquistadores, atacaban los poblados y golpeaban a sus habitantes con la maza de guerra, la pesada macana que tenía incrustada una piedra cortante.


 -¡Ana cariná róte! -gritaban los caribes-. Sólo nosotros somos gente. Los demás son nuestros esclavos. Y ante su presencia todos se preparaban a defenderse, llenos de terror, y tensaban rápidamente sus arcos.


 Silbaban las flechas y se elevaban las plegarias para invocar a los espíritus protectores de cada tribu; pero casi siempre triunfaban los caribes en aquellas terribles batallas, en las que se lanzaban fieramente sobre los atacados, bebían la sangre de los moribundos y arrancaban el corazón de los que aún estaban vivos.


Después del combate remataban a los niños, a los ancianos y a los bravos guerreros que se les habían enfrentado, cuyas cabezas conservaban como trofeos de su victoria y cuyos miembros eran devorados en festines rituales, al final de cada guerra, para que su valor no se perdiese y fuese a aumentar el de los vencedores.


Sólo salvaban la vida las mujeres y los muchachos de la tribu derrotada, los cuales eran conducidos a las piraguas, que remontaban luego el río cargadas de esclavos. Aquellas eran repartidas entre los más valerosos caciques, que poseían muchas mujeres, según las hazañas que habían realizado en la guerra. Los jóvenes servían como esclavos al vencedor eran regalados a los vecinos más poderosos, como prenda de amistad y alianza.


¿Cuál era el origen de estos crueles caribes que todo lo destruían a su paso, que mataban y esclavizaban a los pue- blos, que flechaban a los prisioneros vivos y hacían flautas con los huesos de sus víctimas?


El prestigio fabuloso y terrible de su poder y de su fuerza, su sistema ritual de venganza, que era practicada siempre por el pariente más cercano a la víctima, hizo que los demás pueblos les atribuyesen extrañas procedencias.


Los sálivas decían que el espíritu Puru, compadecido en cierta ocasión de que las gentes que vivían en las márgenes del Orinoco fuesen continuamente atacadas por una enorme serpiente, envió a su hijo a la tierra para que la matase.


El hijo de Puru se enfrentó con la serpiente, logró esquivar sus acometidas y, después de un duro y terrible combate, la mató.


Entonces, el buen espíritu maldijo al animal, diciéndole: -Habitarás para siempre en un sitio lleno de tinieblas y jamás entrarás en mis dominios.


La serpiente muerta quedó tendida y olvidada en un apar- tado lugar; pero cuando se fue descomponiendo empezaron a nacer gusanos en sus entrañas y los gusanos se transfor- maron luego en hombres y en mujeres y salieron del cuerpo de la serpiente convertidos en parejas caribes, que se exten- dieron por el mundo y fueron los ascendientes de aquella raza devastadora.


Este era para los sálivas el origen de los caribes, aunque los achaguas creían que provenían directamente del jaguar, y los guaraúnos, aún hoy día, piensan que tienen el poder de transformarse en tigres, y cuando son atacados en la selva por esta fiera creen que hay un caribe oculto bajo su piel.


En sus incursiones por las tierras que invadian, los cari- bes difundieron también sus mitos, y con el paso del tiempo quedó entre los descendientes de aquellos bravos guerreros: arekunas, kamarakotos, taurepanes, maquiritare, el mito de Kanaima, vengador de las tribus vencidas.


¿Quién es Kanaima?


Por toda la geografía de la tierra venezolana, extendidos desde el Coquivacoa al Río Negro, entre el mar Caribe y la sierra Pacarima, los espíritus de la fiebre, de las convulsio- nes y del dolor de cabeza, los que llegan con el agua de los inviernos o la sequía de los veranos, son invocados en los sonoros lenguajes primarios con nombres diversos; son conju- rados y temidos; se los exorciza y se los ve salir entre la espuma del Orinoco o reír con espantable risa que suena como los truenos por detrás del Auyan-tepui o del gigantesco Roraima.


Pero independiente de todos ellos, como una gran nube oscura, está Kanaima, el espíritu de la venganza, que no es la fiebre, pero que puede ocasionarla; que no es el dolor, pero que puede provocarlo; que es para los indios, en la montaña, en el llano o en el río, en cada tribu y según el momento, siempre distinto, aterrador y difuso, algo que ame- naza a todas las gentes y a cada individuo, pues una tribu entera o cualquiera de sus miembros debe pagar la deuda de sangre contraída por sus antepasados.


Kanaima se distorsiona, se agranda o se empequeñece, se limita a un árbol o a una piedra o se extiende a representar al espíritu ofendido de toda una raza vencida hace innume- rables lunas, cuyos muertos, tendidos bajo el fango, piden venganza sobre los descendientes de sus matadores.


Y allá en lo más profundo de la selva, adonde aún no ha llegado nadie, aislados seres que provienen de las razas de- rrotadas, acechan el momento del desquite, envidiosos de los conucos y de las flechas de los arekunas, de los kamarakotos, de los taurepanes, de los maquiritare, de todas las gentes de sangre caribe...


Por eso, cuando los indios se internan en la selva o se extravian por alguna trocha, cuando la oscuridad se va ce rrando sobre el ramaje y los árboles parecen fantasmas del bosque, Kanaima está esperando oculto tras un tronco y co- loca al paso del hombre perdido los bejucos enredados que lo hacen tropezar y caer.


Ya en el suelo siente el indio cómo Kanaima le golpea todo el cuerpo y le infunde luego su mágico soplido en la cabeza y en los pies para que se enferme, dejándolo aletarga- do y moribundo.


El que ha visto a Kanaima y ha escuchado su grito de sové, sové, va luego a morir a su chinchorro sin decir a su familia ni a las gentes de su tribu por quién ha sido atacado.


Sólo cuenta que sufrió la acometida de un tigre en la selva, pues si dijese la verdad, la venganza de Kanaima podría ser aún más terrible.


Este Kanaima, vengador de las tribus vencidas, se trans- forma a veces en zorra, en tigre, en venado o en cualquier otro animal, en virtud de las plantas mágicas mu rán, y después de matar a su víctima enloquece y vaga por el bosque durante algún tiempo, como una especie de mons- truo separado de las gentes y de las bestias.


En su locura, el animal Kanaima sigue el rastro del muer- to y lo busca bajo las piedras, entre los viejos troncos o allí donde esté enterrado, pues cree que el cadáver es su camaza de kachirí.


Por eso, muchas veces las sepulturas de los indios son rondadas por las zorras y los tigres o por el espantoso aouineripué, de enormes ojos brillantes, que escarba con una varita los sepulcros y bebe el líquido de la muerte como si fuera el jugo fermentado del maíz.


Algunos indios que se han atrevido a dormir en la choza abandonada de sus parientes muertos, han podido ver en las noches sin luna el resplandor de los ojos del aouineripué y han escuchado su silbato llamando a sus compañeros, los otros animales Kanaima, y han contemplado luego con horror la danza de los Kanaimaton alrededor de las tumbas, tan semejante a los bailes rituales de los indios en sus fiestas sagradas.


Kanaima es otras veces un hombre que, según la tradición, debe vengar la muerte de un miembro de su tribu.


En cuanto queda encargado de ello, sufre una extraña transformación. Es abandonado por su propia sombra y en su lugar encarna el espíritu del muerto. Poseído por él, siente el indio una fuerza desconocida que le enciende la mirada, le endurece los músculos y lo convierte, aun por encima de su deseo, en el mismo Kanaima, la venganza, haciéndole huir de las gentes de su tribu, a las cuales abandona para internarse en la selva como una fiera irritada cuya presencia todos deben evitar, pues quien lo viera podría convertirse también en Kanaima o ser alcanzado por la venganza del muerto, el cual se apodera de la mente y de los sentidos del vengador, dirigiendo sus pasos a través del bosque y haciéndolo penetrar incluso en las ciudades de los civilizados para hallar a su víctima.


Ningún obstáculo detiene al hombre Kanaima en su obsesiva búsqueda. Finalmente, cuando descubre al deudor de sangre, lo ataca con armas envenenadas o se abalanza sobre él, destrozándolo y descuartizándolo aún vivo..


Después de tres soles de haber cumplido su espantosa misión, el vengador es abandonado por la sombra del muerto, que desde ese instante reposará tranquila en el lugar donde habitan las de sus antepasados. El indio vuelve a su cuerpo, recuperando su propio espíritu; siente su corazón liberado de odio y desea de nuevo la compañía de los demás, el brillo del fuego y la presencia de la mujer.


Entonces arroja lejos de sí la venganza, para lo cual dis- para una flecha y lame la punta de su lanza, a fin de que no siga cometiendo muertes, que ahora serían injustificadas. Ya es en este momento un hombre como los otros y puede regresar entre los suyos.


Existe otro Kanaima cuya venganza se solicita y se paga. Kanaima que suele haber en casi todas las tribus y que es un indio que conoce el nombre, el color y los terribles efectos de las plantas que produce la selva. Sabe cuáles son las que matan en el acto, las que envenenan poco a poco, las que hacen adelgazar lentamente hasta dejar sólo la piel sobre de las mujeres, esparciendo oscuras manchas por su cuello, sus pier- nas y sus manos, como si el onoto o achiote se hubiera des- teñido y derramado por todo el cuerpo. Conoce también el uso de los venenos que provocan llagas, tumores, verrugas, y los que hacen caer el cabello, las cejas y las pestañas. Y guarda oculta como un tesoro su terrible sabiduría, dejándola a veces como herencia a sus propios hijos.


Cuando alguien es ultrajado por un miembro de su misma tribu o de un poblado vecino, para vengar la ofensa por me- dios extraordinarios y destruir a su enemigo acude a este Kanaima de oficio, que entre algunas tribus se llama camajayero.


Prepara, pues, cuidadosamente los regalos que ha de ofrecerle, y en secreto, sin que su propia familia sospeche su intención, atraviesa la selva por extraviados caminos y va a buscar al Kanaima de un poblado diferente al suyo, con el cual concierta la venganza.


Kanaima, entonces, elige un compañero y se embarca en su curiara, llevando una bolsa llena de plantas venenosas y unas pequeñas cerbatanas hechas de tibias de ave. Sólo viaja de noche, cuando los ríos se pierden en un túnel de boscaje y el canalete se desliza por la negrura del agua como un rumor más entre los ruidos de la selva. Durante el día esconde su embarcación, ocultándola entre la maleza y los bejucos de la orilla. Y así cada jornada, hasta que llega la última noche de su recorrido y distingue un resplandor de fogatas en el poblado en donde vive la victima.


Mientras todos duermen, Kanaima sale de su canoa y pisa la tierra solamente con el talón o la punta del pie para que su rumbo no sea conocido. Seguido por su acompañante se acerca luego con sigilo a los ranchos y lanza su terrible e inconfundible silbido, que alterna con otro de su compañero.


Entonces se desvanecen los demás ruidos de la noche y tiem- blan las gentes dentro de sus chinchorros, aterradas, esperan do entre las sombras con una angustia que el tiempo alarga, la luz del amanecer.


Por fin llega el día y los alimentos de toda la tribu son escondidos debajo de las tinajas, de las taparas y de las totu- mas, para resguardarlos del aire envenenado que Kanaima produce mágicamente esparciendo las sustancias de las plan- tas dañinas.


Y en cuanto el sol desaparece comienza de nuevo el terror a lo inesperado: a los ojos de fuego que pueden brillar en la oscuridad; a la sombra que se agiganta entre las sombras; al graznido del ave misteriosa que vuela por primera vez sobre los ranchos...


Vuelve a escucharse el silbido y los ojos de las gentes se agrandan y los oídos se aguzan y todo el cuerpo se tensa. Hasta que al fin, al cabo de pocas o muchas noches, algún indio se enferma y, tendido en su chinchorro, se entrega a la venganza que ya se cumplió, no sólo en su cuerpo que- brantado, sino también en su espíritu poseído, pues Kanaima le invade los sentidos y la mente, ensombreciéndole la vista y la voluntad y extendiéndole por el cuerpo el calor de la fiebre.


Aquella noche, aunque ya no se oyen los silbidos lúgubres, nadie duerme. Se apagan todos los fogones del poblado y en medio de la oscuridad entra el piache en el rancho del enfer mo y empieza a sorber por las narices una infusión de tabaco verde hasta quedar embriagado y como adormecido.


A medida que se le van borrando las cosas que lo rodean, nota una fuerza en su interior que lo empuja hacia arriba, y dando entonces un enorme brinco desaparece entre la tupida enramada de palmas que forman el techo de la churuata.


Después de un rato de completo silencio aparece de nuevo y se sienta en su banco tallado en figura de animal, desde el que golpea el suelo con las varitas y rollos de hojas que lleva en la mano, al mismo tiempo que canta rítmica y lentamente. En seguida se siente envuelto en un circulo de brillante resplandor, a cuya luz distingue a Kanaima sentado sobre el pecho de su víctima. Y con extrañas palabras que sólo él comprende, le pide que abandone a su presa.


Después de unos momentos de angustia, en los que sólo se escucha el rumor del viento por entre los árboles del bosque, Kanaima pronuncia su fallo, que es entendido única mente por el piache, el cual lo transmite a las gentes. Si con su conjuro ha logrado aplacar al espíritu de la venganza, el indio curará en el término de dos días. De lo contrario, morirá.


Aterradora realidad escondida en la selva, Kanaima es un peligro más que añadir al de las bestias feroces y al de la potencia arrolladora de la Naturaleza contra el hombre. Y los kamarakotos, los arekunas y los demás descendientes de los bravos caribes sufren hoy día en su carne el ataque de seres misteriosos envueltos en piel de tigre.


Muchos días, cuando los indios de la región de Kavanayén, en la Gran Sabana, tienen que cruzar el bosque para cazar o pescar en las quebradas, buscar miel silvestre, talar árboles viajar a otros poblados, hallan tendido sobre las trochas medio oculto entre los bejucos el cadáver descuartizado de algún compañero.


Cuando esto ocurre, los indios quedan sobrecogidos, sin- tendo a su alrededor la presencia de Kanaima. Se espesa el ey se nublan los ojos bajo la sombra de las palmeras, que aire de pronto parecen hostiles y desconocidas, y hasta el mismo silencio se vuelve amenazante.


El hombre muerto, con los miembros rotos y las vísceras abiertas, es el reto de Kanaima. La sangre derramada y socia de barro grita la violencia, y los indios retroceden para no pisarla, tratando de imaginar el ataque e intentando descu brir por las huellas qué garras, qué macanas o afiladas ha- chas fueron empleadas para cometerlo, porque el horror de la verdad sería menos espantoso que esta ignorancia y esta ausencia de rastro que todo lo envuelve, que penetra hasta los rincones más apartados de la selva.


Algunas veces, las víctimas de la venganza están todavía vivas, pero se niegan a explicar nada, y dicen solamente: -Kanaima me aporreó.


Así, ahora y mañana, Kanaima destruye la vida de los indios.


Cierta vez, una joven de Kavanayén encontró a su marido tendido en el chinchorro, con el cráneo aplastado y arrojando sangre por la boca. Y cuando quiso averiguar lo que ocurría, el hombre con- testó: -Fui atacado por Kanaima y no quiero que su venganza caiga sobre ti ni sobre nuestra hija. Sólo a mi padre o a mi madre puedo explicarles cómo me hirió.


Las palabras del indio entraron como carbones encendidos en los oídos de la mujer, que se llenó de temor y salió del rancho para avisar a las gentes del lugar.


-Kanaima ronda en el bosque, cerca de nosotros -les dijo-, y mi marido está escupiendo sangre, porque el mal espíritu se ha introducido dentro de él.


Al oir aquello, todos quisieron saber cómo Kanaima había herido al indio y se lo preguntaron a la mujer, pero ella no pudo aclararles nada y solamente les transmitió el deseo de su marido.

Entonces enviaron a un muchacho para que avisara a los padres del enfermo, que vivían en otro poblado, a una jornada de camino.


En cuanto recibieron al mensajero, los padres atravesaron el valle y se internaron en el bosque, separando con sus hachas la maleza y los bejucos, para vencer la reciedumbre de las ramas cruzadas y de la hierba altísima que por todas par tes los rodeaba.


Pero la espesura de las matas les cortaba el paso y se cerró la noche antes de que pudieran ver a su hijo, por lo que tu- vieron que quedarse a dormir en la selva.


Mientras tanto, en la choza del indio enfermo, su mujer y su hermana se asomaban por turno a la entrada del rancho, esperando ver aparecer a los padres en los umbrales del bosque y temiendo cada sombra, cada extraño rumor, los silbidos de las aves nocturnas y el chapoteo de los caimanes en el caño cercano.


El indio se movía constantemente en su chinchorro, sus- pendido entre los troncos de la churuata, con la piel quemada por la fiebre y la mente encendida de horribles visiones. De vez en cuando decía en voz alta:


-Nunca te hice ningún mal, Kanaima; ¿por qué te ven gas asi de mi?


Las mujeres le habían aplicado todos los remedios que co- nocían, sin conseguir ahuyentar a los malos espíritus de su lado, y al fin, atemorizadas por la presencia de la muerte y cansadas de luchar, se sentaron en el suelo del rancho con la vista fija en la fogata prendida bajo el chinchorro del indio que agonizaba.


La luz de las brasas proyectaba una danza de sombras contra las hojas de palmera del techo. De la oscuridad de la selva no llegaba ningún rumor.


Y de pronto se encendieron unas llamas ante la entrada del rancho y empezaron a caer junto al chinchorro del enfermo pequeños palos, fibras retorcidas de bejuco, piedras, barro... Al poco rato se murió el indio sin hablar nada más, y en seguida se apagó la lumbre del bosque y las mujeres oyeron espantadas unos pasos que se alejaban huyendo...


Puede también no ser Kanaima animal ni hombre y estar oculto bajo las peñas, entre las lagunas, en los picudos sa lientes de las quebradas, en la roca que se desprende del ce- rro, en el aroma mortal de la planta venenosa, en el roce de la araña mona, en la rama que cruje y en la luz que se en- ciende en la oscuridad; en el apagamiento repentino del sol tras la enramada del bosque, en el fango que se hunde bajo los pies, en el puente de troncos sobre el que se resbala al cruzar una torrentera.


Rómulo Gallegos lo vio como el mal espíritu de la selva, el que produce en la noche los rumores desconocidos y los silencios aterradores; el que deja caer los árboles sobre las caravanas de balateros; quien embrujó la mente fantástica de Marcos Vargas para arrebatárselo a la ciudad, hundirlo en la espesura de los troncos y perderlo entre la maleza y los be jucos...


Pero, además, Kanaima no está sólo en los árboles y en las rocas, en los ríos ni en las montañas, sino por encima de las cosas que rodean al hombre, como algo contra lo que na die se puede prevenir.


Este Kanaima es la venganza terrible de Tupán, el espíritu superior a los otros, que castiga a las gentes por medio del espíritu malo Yuruparí.


Yurupari cabalga sobre un extraño ser con alas, que silba como Irés el grillo y que tiene una enorme cabeza en forma de totuma, brazos tan largos que casi le llegan al suelo, cola de oso hormiguero, boca de oreja a oreja y grandes colmillos.


Guiado por el grillo, que es su compañero y espía, este monstruo arrebata a los indios que se hallan solos en la selva, los destroza y se los come, y apaga la vida de los enfermos que han dejado de ser protegidos por el irritado Tupán.


Durante la noche se aproxima a los poblados y entre las sombras apalea a los indios con su macana o los estrangula con la cuerda kanaimé de la venganza.


Kanaima no es un mito perdido en el tiempo. El paso de las lunas lo ha dejado presente e intacto entre las gentes y por el otro lado de los cerros que nunca han sido escalados. Envuelto en las sombras, conocido e ignorado, está detenido en los linderos de la más extraordinaria fantasía y la más cruel y brutal de las realidades.


Este es Kanaima, el mito caribe del remordimiento, del miedo a los fantasmas de las tribus vencidas, que alcanza desde la ligera sombra de una rama a la venganza de un dios. Tan tenebroso como la selva, tan largo como los ríos, tan grande como las montañas y ante cuyo solo nombre muchos indios han muerto.


María Manuela de Cora 

1972 Monte Ávila Editores 

Caracas 

lunes, 29 de mayo de 2023

El catolicismo popular en Venezuela



-La sobreposición de las dos estructuras religiosas es un fenómeno que caracteriza el catolicismo

popular tanto de los mestizos como de los afroamericanos.

-La estructura cristiana a veces camufla la estructura básica, inconsciente a primera vista. Pero

cuando se investiga este fenómeno más a fondo, la estructura fundamental se revela a los ojos

del observador.

-Las funciones que desempeña la religión para el pueblo humilde son las mismas que desempeñan los cultos africanos y los ritos de nuestros indígenas tribales.


 Por: Dra. ANGELINA POLLAK-ELTZ

La Dra. Angelina Pollak-Eltz, antropóloga graduada en la Universidad de Viena en 1964, especializada en estudios afroamericanos (su tesis doctoral em sobre los "Rasgos culturales afroamericanos en Venezuela") es Profesora de la UCAB e investigadora en el Instituto de Estudios Históricos de dicha Universidad. Sus principales publicaciones aparecen en las notas del articulo.


El catolicismo latinoamericano está caracterizado por un fuerte sincretismo religioso. Se habla de sincretismo cuando ciertos rasgos de la cultura propia se identifican con otros parecidos provenientes de otra cultura con la que se está en contacto. Es un proceso sicológico por el que una persona puede pasar con facilidad, consciente o inconscientemente, de una cultura a otra. La reinterpretación de elementos culturales antiguos en forma nueva tiene un efecto parecida al sincretismo: el contenido se altera, pero se conserva el valor sicológico (Herskovits 1948:3).

Tanto el sincretismo como la reinterpretación alteran las estructuras religiosas, Nuevas estructuras se imponen a las anteriores sin sustituirlas por completo. Son la base inconsciente de la religiosidad popular.


En Venezuela el sincretismo religioso tiene tres raíces:

-el catolicismo popular español, transplantado al Nuevo Mundo, con su ferviente culto a los santos,

los conceptos mágico-religiosos y la mitología de los indígenas, convertidos a la fuerza al cristianismo.

-las estructuras fundamentales y la orientación religiosa de África Occidental, con sus creencias, por cierto, algo fragmentadas, que ejercen, sin embargo, una influencia muy grande en las actitudes y conceptos religiosos del pueblo venezolano.


Con el tiempo, los rasgos ibéricos, africanos y autóctonos se amalgamaron. Por consiguiente, el sincretismo religioso se manifiesta en dos niveles distintos:


-en el culto a María Lionza y otros cultos semejantes, que abarcan creencias y supersticiones provenientes de los tres etnos que forman el pueblo venezolano, pero con énfasis en ritos mágicos dedicados a seres sobrenaturales que están fuera del ambiente del catolicismo o por lo menos en un nivel distinto.

-el catolicismo popular, cuya estructura se basa en estructuras antiguas africanas e indígenas, manteniendo al mismo tiempo un aspecto aparentemente cristiano. Se trata de una reinterpretación de la doctrina cristiana dentro de un margen diferente para que corresponda mejor a las exigencias del pueblo.

Por el momento prescindimos del culto a María Lionza, para ocuparnos en este breve ensayo solo del  catolicismo popular.

Para una mejor comprensión de las actitudes religiosas del pueblo venezolano es indispensable estudiar estas estructuras inconscientes para utilizar la terminología de Clarac de Briceño (1972)- de origen indígena y africano.


Las estructuras religiosas africanas

En el África Occidental, lugar de origen de la mayoría de los negros venezolanos, la estructura de las diversas religiones tribales son básicamente similar: El Ser Supremo, creador y suma autoridad, está por encima de los seres terrestres (animales en un nivel más bajo y hombres en un nivel superior),

Entre sus criaturas y Dios, y como intermediarios, se encuentran las divinidades: fuerzas de la naturaleza, personificadas, y dueños de los lugares geográficos.

El Ser Supremo, al retirarse del mundo después de terminar la Creación en los tiempos mitológicos, ha delegado y dividido sus poderes entre las divinidades. Los hombres no se acercan directamente al Ser Supremo, sino acuden a éstas para lograr determinados fines. No son ni buenas ni malas, sino que pueden prodigar sus favores al so les sabe tratar o desatar sus iras en caso contrario. Para lograr algo, se hace un pacto con la deidad, una promesa o un voto, que, al recibir al favor, es preciso pagarlo al pie de la letra. Se recurre a prácticas mágicas para Inducir a la divinidad a hacer lo que el hombre desea. El culto tiene esencialmente fines utilitarios. Se pide algo, se hace un trato, se dan las gracias por favores recibidos. No se adora a la deidad. Las fuerzas sobrenaturales son caminos para acercarse al Ser Supremo, a quien solo. se recurre en casos muy excepcionales. Cada divinidad des empeña un papel especial y bien determinado. Era fácil amalgamar la doctrina cristiana a esta estructura básica y así se pudo realizar el sincretismo entre las deidades africanas y los santos de la Iglesia Católica: surge un politeísmo dentro del margen de un monoteísmo básico.


En África cada persona tiene una divinidad protectora, en cuyo culto está iniciada y al que venera regularmente. Esto establece relaciones personales con sus obligaciones mutuas. La divinidad africana se convierte en el santo protector, que en Venezuela a menudo coincide con el santo onomástico La relación personal se refleja en la actitud de la gente que contrapone "mi santo" a "tu santo", como el africano contrapone "mi deidad" a "tu deidad".


En África los veneradores de cada divinidad forman una i fraternidad o secta religiosa. En América, los frailes españoles, para fomentar la devoción a los santos católicos, fundaron cofradías de negros libres y esclavos dedicadas al culto de un santo determinado, sin percatarse de que en el seno del estas organizaciones cristianas los miembros lograban conservar el culto a la divinidad africana con la que amalgaman al santo patrono. Así, involuntariamente, los misioneros con tribuyeron a la conservación de creencias y ritos africanos


En África cada pueblo tiene su deidad protectora, a la cual se dedica una fiesta anual. Esta divinidad se convierte en el santo patrono de la Iglesia Parroquial, al cual se le celebra una fiesta todos los años en su día onomástico. A menudo no es solamente el protector del pueblo, sino también una divinidad agraria que trae las lluvias y la fertilidad y así asegure el bienestar de los moradores.


Otro hecho importante: En África la religiosidad y la moral se encuentran en dos niveles muy distintos. No existe el mal absoluto, no existen demonios, no se cree en la retribución de ultratumba, sino que las faltas en el ritual o las transgresiones de los tabús son castigados aquí y ahora por las. divinidades. Para Incorporarse a un grupo de devotos de una deidad especifica no se requiere la adhesión a una moral especifica. Hasta cierto punto, notamos la misma actitud en la Iglesia Católica: se nace en el catolicismo y la Iglesia no exige una moral especifica, basta la confesión para lavarse de todo el mal. Los afro-americanos tienen las mismas actitudes: el código moral y el código religioso se encuentran separados. pero es indispensable llevar a cabo los ritos mágico-religiosos para lograr determinados fines.


Los africanos buscan el contacto directo con las divinidades a través del oráculo (adivinación) a través de un médium en trance o por el éxtasis ritual en ocasión de una fiesta en honor de la divinidad. Se busca este contacto muy personal en ritos y bailes frenéticos. Esta estrecha relación es muy característica en los sectores afro-americanos de Brasil y Cuba, pero es raro en el catolicismo popular venezolano, aunque aparece en ocasión de los bailes en presencia de la imagen del santo patrono o en ciertos ritos de sectas evangélicas que buscan este contacto a través del trance. Por cierto, la mediumidad ocupa un puesto de suma importancia en el culto a María Lionza.


Aunque hoy en día nombres de las antiguas deidades africanas, amalgamadas a los santos católicos, se han perdido, en la oscuridad, se notan rasgos africanos muy fuertes sobre todo en la veneración de San Juan en el tiempo de solsticio de verano y de San Benito durante la época de Navidad, o sea, del solsticio de invierno. No cabe duda que estos santos sustituyen a antiguas deidades africanas, asociadas a la fertilidad de la tierra y a la lluvia. Como los negros de África Occidental son esencialmente agrarios, el calendario agrícola juega un papel muy importante en determinar las fiestas para las deidades.


El culto a la tierra está ligado estructuralmente al culto a los antepasados, a los cuales se invoca para pedir fertilidad o bienestar. La fiesta de los Diablos en algunos pueblos de la costa venezolana re cuerda a los ritos de Egungun, los espíritus purificados de los antepasados, quienes vuelven una vez al año a la tierra para traer bienestar y fertilidad a los parientes vivos. Otro aspecto Interesante: Los africanos consideran que sus deidades tienen las mismas debilidades que tienen los hombres. Esta misma actitud se refleja cuando un devota de San Juan dice: "San Juan es muy atrevido, le gusta tomar un traguito" Entre los "rites de passage" africanos ocupa un puesta muy Importante la iniciación del neófito en el culto a su divinidad Este ritual simboliza la muerte de la persona iniciada y su resurrección a una nueva existencia más elevada al servicio de la deidad. Una analogía a este concepto se encuentra en los r tos de bautizo de las sectas evangélicas. La estructure as básicamente igual, solo el contenido religioso es diferente. En el catolicismo popular el bautizo es algo como un rito mágico que aleja las malas influencias. Los ritos fúnebres ocupan un lugar muy importante tanto en el ciclo de la vida de los africanos como en la de los criollos. Ambos realizan velorios en presencia del cadáver, durante las nueve noches después del entierro, a los cuarenta días o un año de la muerte. El último ritual significa la ruptura del duela y el despacho final y definitivo del alma de este mundo al mundo de los difuntos. Las analogías estructurales de los ritos africanos y los latinoamericanos son evidentes, aunque hay que admitir que nos encontramos aquí frente a un fenómeno de convergencia cultural, porque también en España existen ritos fúnebres muy parecidos.


Los africanos creen en la existencia de una doble alma. sombra protectora y fuerza vital. La fuerza vital desaparecerá después de la muerte o va al mundo de los difuntos y la sombra se convierte en espíritu que a menudo sigue en el mundo hasta que renazca en un niño de la misma familia. En el catolicismo popular el espíritu se convierte en alma errante a relación es muy característica de las sectas afro-americanas de Brasil y Cuba, pero es raro en el catolicismo popular venezolano.


Las estructuras religiosas amerindias

Volvamos a las religiones de los indígenas americanos. Las estructuras de las religiones autóctonas de nuestros antepasados no se prestan tan fácilmente a un análisis parecido, Por consiguiente, las estructuras cristianas sobrepuestas parecen menos transparentes que en el caso de los afroamericanos. Sin embargo, se notan ciertos Indicios de una estructura in consciente básica bajo las tradiciones cristianas, Las tribus venezolanas indígenas pertenecían a dos mundos distintos, cada uno con sus conceptos religiosos bien diversos: el mundo de los recolectores y cazadores y el de los pueblos agrícolas.

Los recolectores y cazadores veneran divinidades selváticas, dueños de animales salvajes y peces de los ríos y un un Ser Supremo, poco perfilado y retirado de la tierra. 

Los pueblos agrícolas veneran divinidades chtónicas. Casi siempre existe un héroe cultural, que enseñó al hombre la agricultura y el uso de ciertos elementos, y luego desapareció. También creen en divinidades bucólicas y dueños de ríos y lagunas. El agua ocupa un puesto muy importante en su pensamiento. La luna y el sol son venerados como seres divinos. Si existe un Dios Supremo, está muy alejado del mundo. Entre los seres divinos y los hombres están los sacerdotes (mojanes, chamanes, piaches) que desempeñan un triple papel: son los guardianes de las antiguas tradiciones y ejecutores de cultos dedicados a las divinidades, son adivinadores y magos y son médicos-curanderos.


Los cazadores tratan de aumentar el número de animales salvajes o peces por medio de ritos dedicados a los dueños de la naturaleza. Los agricultores tratan de aumentar la fertilidad de sus campos a través de cultos dedicados a las fuerzas sobrenaturales que controlan las fuerzas de la naturaleza: agua, tierra, etc. Para tales fines ambos recurren a prácticas mágico religiosas.


En algunos casos el sincretismo no es completo: los ritos "paganos" se asociaban solo exteriormente a marginalmente a las fiestas cristianas. Un ejemplo. es la Fiesta de las Turas, en Falcón. Se celebra el día de las Mercedes en septiembre, con misa en honor de la Virgen y con procesión con la imagen de la Madre de Dios. Pero en realidad se trata de una fiesta para dar gracias a las divinidades chtónicas, dueños y sanjuanes, quienes traen la fertilidad a los campos y ocasionan una buena cosecha. Se sacrifican los primeros frutos de los campos a los espíritus de la tierra y de la naturaleza, a menudo consagrados anteriormente en la Iglesia Católica. Otras divinidades chtónicas asociadas a las faenas agrícolas fueron amalgamadas a San Isidro Labrador, a quien los campesinos, sobre todo en los Estados Andinos, suelen celebrar una fiesta anual que tiene su puesto importante en el calendario agrícola En muchos pueblos de mestizos la fiesta del patrono de la Iglesia Parroquial coincide con una fiesta de acción de gracias por la cosecha o con una rogativa para conseguir la lluvia. Estas fiestas provienen de tiempos anteriores a la Conquista, pero han sido amalgamadas a las tradiciones cristianas, sin que los mismos campesinos sean conscientes de la estructura básica. El santo sustituye a la divinidad protectora. Así, por ejemplo, en La Parroquia (Estado Mérida) se celebra una fiesta anual en el día de la Virgen de la Candelaria (2) de Febrero), asociada a una parranda que representa diferentes actos de labores agrícolas en danzas ritualísticas. Se trate, sin duda alguna, de un antiguo rito agrario que obtuvo una nueva Interpretación por medio de la transculturación y el mestizaje.


En el Pueblo Llano, cerca de Santo Domingo (Edo, Mérida). los campesinos celebran una fiesta en honor del Niño Jesús durante la época de las Navidades, amalgamada a la veneración del "espuntón", una representación rústica de un personaje mitológico indígena, llamada Mapollón Linares. Por cierto, no es éste el nombre autóctono, que se perdió en el curso de los tiempos. Una fiesta parecida se celebra en Caigua (Anzoátegui), también en tiempo de Navidad.


Hemos dicho que las divinidades indígenas tienen personalidades mucho menos perfiladas que las deidades africanas. Así, tampoco las estructuras básicas saltan a la vista con tanta facilidad. Sin embargo, estas fuerzas sobrenaturales del mundo autóctono aún sobreviven bajo el aspecto de espíritus de la naturaleza, dueños, duendes, secretones y "san juanes", guardianes de bosques, ríos y lagunas, cumbres y páramos, que pertenecen menos al mundo del catolicismo popular que al folklore, aunque estos personajes tienen verdadera realidad para el pueblo humilde, al igual que los santos y las divinidades Inferiores. Los mitos no son cuantos a leyendas, sino son vividos y reales. Pertenecen al mundo cosmológico estas fuerzas sobrenaturales que influyen en la vida de los humanos. No son ni buenas ni malos. Hay que aplacar su Ira con sacrificios y obedecer sus leyes para lograr los fines deseados. Este concepto es idéntico al concepto africano. No existe el bueno absoluto ni el demonio.

CONCLUSION


La sobreposición de las dos estructuras religiosas es un fenómeno que caracteriza el catolicismo popular tanto de los mestizos como de los afroamericanos. La estructura cristiana a veces camufla la estructura básica, inconsciente a primera vista. Pero cuando se investiga este fenómeno más a fondo, la estructura fundamental se revela a los ojos del observador. Falta añadir que la gente misma no se da cuenta de estas estructuras básicas ni tampoco del hecho de que su religiosidad constituye una desviación de las normas cristianas. Des conocen el lugar y la tribu africana de origen. Ignoran los nombres de las antiguas divinidades. V no se dan cuenta de que éstas sobreviven en los santos. Se consideran católicos y fervientes devotos de los santos, a pesar de no frecuentar la Iglesia regularmente y de que no viven siempre conforme a los Diez Mandamientos.

Para una mejor comprensión de las actitudes religiosas del pueblo venezolano es indispensable estudiar a fondo estas estructuras Inconscientes, que estén asociados estrechamente con la vida del campesino y el ambiente natural en el que se encuentran.

Es también necesario estudiar las funciones que desempeña la religión para el pueblo humilde. Sin duda son las mis mas funciones que desempeñan los cultos africanos y los ritos de nuestros indígenas tribales. Los ritos no solo desempeñan funciones religiosas, sino también recreacionales (fiestas, diversión, baile), psicológicas (gratificaciones del ego, disminución de tensiones nerviosas y desplazamiento de la agresividad), económicas (ayuda mutua dentro del grupo, remuneración de los piaches que realizan curaciones o trabajos mágicos), sociales (refuerzo de los lazos de amistad a través del compadrazgo) y medicinales (curas mágicas o a base de hierbas con la ayuda de los santos). Un culto o una religión que satisface todos estos anhelos del pueblo será abrazado por la gente más fácilmente y tendrá un éxito mayor que un culto que se limita a satisfacer solamente las necesidades religiosas.

LITERATURA


CLARAC DE BRICERO, Jacqueline: "Concepción mágico religiosa en la comunidad andina La Pedregosa". Ponencia en el Congreso Internacional de Sociología, Caracas-Caraballeda. 1972. 

HERSKOVITS, Melville: "The contribution of Afroamerican studies to African historical research", American Anthropologlat XLV-4-1. 1948. 

GRUSON, Alberto: "Religiosidad popular e Iglesia como institución Ponencia en el Congreso Internacional de Sociologia, Caracas-Caraballeda 1972. 

POLLAK-ELTZ, Angelina "Vestigios Africanos en la cultura del pueblo venezolano, UCAB. Caracas. 1972 

"Cultos afroamericanos" UCAB Caracas. 1972 

"María Lionza, Mito y Culto venezolano UCAB. Caracas. 1972


lunes, 15 de mayo de 2023

EL CULTO A MARIA LIONZA

 


Africanías 

Año 1 - N. 03


Son muchas las interpretaciones que sobre el culto a la Reina María Lionza han dado personas vincula das a él, algún que otro diletante, poetas, filósofos, folkloristas, antropólogos, sociólogos, intelectuales de renombre internacional e investigadores de todo tipo. Algunas de ellas, marcadas generalmente por la concepción equivocada de que el saber de los antiguos procedía de una imaginería falsa, lo tildan de brujería a pesar de lo desacertado del término para tratar de definir las prácticas que concilia la teoría espirita con las leyes universales de la analogía y el magnetismo. "Tal como es arriba, así es abajo". "La materia es indestructible y únicamente sometida a transformaciones; otros, igualmente tergiversando los fundamentos de la doctrina que no conocen, lo califican de ocultismo o nigromancia; los más, creen en la proyección de una leyenda sustentada en las prácticas espiritas de los antiguos pobladores indígenas, que hoy se ha convertido en un mito pintoresco; todos, en su afán calificador olvidan destacar las partes positivas de un culto que definitivamente ha aglutinado a un gran sector de la población venezolana, que busca senderos diferentes para estimular los aspectos espirituales tan olvida dos por las estructuras impuestas por la sociedad actual.


Como no es el objetivo de esta publicación polemizar con unos u otros de los que han abordado el tema, para bien o para mal, hemos querido, partiendo de ganar a nuestro favor todo lo que se ha aportado anteriormente, hacer un análisis que en realidad deje algo que abone el terreno para posibilitar la interpretación del culto a esa entidad tan querida por los simpatizantes y practicantes de la obra: la Reina María Lionza.


Lo que más se destaca en el culto a la Reina María Lionza y a las Cortes Indias, es sin lugar a dudas el número de personas que día a día se suma a las manifestaciones que en las montañas del distrito Bruzual, cerca de Chivacoa, en Yaracuy, se realizan para demostrar el amor y el respeto, la veneración a antepasados que velan por la salud física y espiritual de los que asisten a ellas.


Como parte de un culto antiquísimo que el hombre ha dispensado a sus antepasados debe considerarse que forma parte del espiritismo, aunque presente características especiales dada la particularidad socio-cultural de los que la practican: a ello contribuye la tradición indígena y su sincretismo con el catolicismo imperante. Una de las teorías, a nuestro juicio, mejor sustentada, es la que busca los orígenes en la diosa Yara, a quien los indios de la zona centro occidental rindieron culto. Es muy probable que el culto a la Reina María Lionza haya surgido como la fusión del culto a esa diosa indígena que da nombre a la zona yaracuyana. Es posible que con el objeto de establecer analogías más favorables para las relaciones entre conquistadores y conquistados, los antiguos pobladores hayan idealizado la sincretización de esta entidad que aglutina a las razas en el mejor sentido, el religioso. Es ese sincretismo el que da pie a las controversias entre el origen autóctono o español de la Reina.


Debido a ese afán totalizador y aglutinador que se establece para armonizar las relaciones entre conquistadores y conquistados es que se origina la connotación de las categorías bueno y malo en la obra de la Reina María Lionza. Hay personas que dicen que la entidad espiritual de la Reina se presta tanto para hacer el bien como para hacer el mal, nosotros no creemos eso. 

La Reina María Lionza es un espíritu de mucha elevación al que no puede atribuírsele la opción de obrar para mal. Muchos hermanos han tenido la hermosa oportunidad de participar en sesiones donde la Reina ha bajado y dan fe de su bondad y elevación; su caridad y amor para con los que la veneran y estimulan su ascensión luminosa y toda la historia de milagros piadosos que es su obra evidencian que no puede ser una entidad que trabaje para mal o pacte sobre sus bases. Es posible que aquellas personas que refieren anécdotas de sus maldades se refieren a alguna otra entidad de menor elevación a la que se permita pasar por ella para completar la acción karmática de aquellos, que de un modo u otro pretenden alterar las leyes universales obteniendo para si, bondades  que no les pertenecen. Existe otra versión que relaciona a la Reina María Lionza como deidad las aguas; desde la más remota antigüedad el hombre ha rendido culto al agua ya como representación del nacimiento espiritual que conlleva el bautismo, ya partiendo de las virtudes terapéuticas. Los antiguos escritos de la obra atribuyen entidades protectoras a las aguas: las ondinas y nereidas, duendes celadores de las vibraciones magnéticas que le ha conferido la naturaleza. 


Esas conocidas virtudes de las aguas han permitido la diversificación de la zona donde se practica el culto hacia ríos como Agua Blanca en el estado Portuguesa y otros ríos de las zonas montañosas de Venezuela.


Altar a la Reina en el portal de Juana, en Quivallo. Se aprecian las ofrendas de velas, flores, frutas y bebidas.


Uno de los aspectos más relevantes por su autoctonía es la costumbre del uso del cocuy, aguardiente proveniente de las destilaciones del fermentos de las hojas de sisal, y el consumo de tabacos. Esa costumbre es originaria de las prácticas espiritas indígenas. Según parece tanto el cocuy como el tabaco son medios que aportan la energía necesaria para poder establecer comunicación con los espíritus asistentes.

No obstante muchas personas que leen el tabaco pueden ciertamente interpretar su ceniza tal y como lo hacían los "piaches caquetíos que practicaban, como en la antigüedad de todos los pueblos, el espiritismo.


En honor a esos antepasados in dios también se rinde culto a la Corte India, a la cual, en días festivos tales como las vacaciones de junio y julio, el 12 de octubre, Dia de la Raza, etc., se les ofrece bailes sobre brasas o bailes en candela, vidrios, y otros tributos. Es sorprendente como las mediumnidades que participan en esos bailes penetran danzando descalzos, al ritmo de, tambores, en los patios repletos de brasas o de vidrios y al salir del trance no presentan huella alguna de quemadura o cortadura.


Lamentablemente el centro fundamental del culto a María Lionza, Sorte, ha perdido, en parte, su carácter sagrado. Muchos son los que van a realizar las mismas actividades que realizan en las contamina das ciudades, impidiendo que aquellas personas que van a desarrollar labores de fe realicen sus trabajos tranquilamente. Esas violaciones son fruto de la degradación social en que vivimos, y del status moral que nos brinda esta sociedad difícil. No obstante son muchas las cosas hermosas que aún se ven en la montaña de Sorte.



El mismo joven que saltó de entre los presentes hacia las brasas. Puede apreciarse la transformación que sufrió durante el trance.  Posteriormente tuvimos ocasión de verlo y no había sufrido quemadura alguna.