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sábado, 7 de mayo de 2022

"La Montaña encantada"

 



Publicamos una transcripción que hicimos de un documento antiguo, de la pluma de Francisco Tamayo, botánico, escritor e investigador larense, dedicado además al estudio del folklore y el léxico venezolano, especialmente el de la región del estado Lara.  

Es en su obra "El signo de la piedra", donde encontramos el siguiente relato, donde refiere otra ubicación del palacio de "María Lonza" (distinto a la Montaña de Sorte) y con la particularidad de que en esta historia, tiene dos hijos. 



Francisco Tamayo (1968)

Universidad Occidental. Barquisimeto.

Las montañas están dispuestas como en anfiteatro abierto al noreste. En el seno está el valle con el mosaico leve de cañaveral, y el tono crispado de los cardones y de los cujíes. 

La sierra de La Portuguesa, está dispuesta del suroeste al sureste, la Sierra de Barbacoas al noroeste. En el resto de espacio van los cerros de cal, color blanco sucio y escasamente poblados de sarmentosos arbustos. 

Las altas montañas son fértiles porque allí caen abundantes lluvias. Están poblados de selvas vírgenes que a lo lejos tienen un tono azul porque ponen manchas        el follaje de los yagrumos. Allá arriba están las fuentes del río. Se inicia por pequeños manantiales de aguas límpidas y frías; por ahí y por ella se forman lagunas en donde tienen asiento los "encantos". Hacia San Quintín en Sarare, hay una laguna encantada con una gran serpiente que lleva en el dorso una gruesa macoya de paja; el ofidio es el "dueño" de la laguna y por ella se pasea al atardecer y cuando el día está lluvioso. Cerca hay otro "encanto" se trata de una gruta que posee una poza cristalina, pero en el recinto no puede hablarse porque el "dueño" se enoja y desata contra el visitante imprudente millaradas de bravas avispas. Para los lados de San Isidro, en Guarico, hay también una laguna, cuyo "dueño" es una enorme serpiente defensora de los lirios y las begoñas que nacen en las riveras. 

Los "encantos" lacustres son restos de antiguas creencias anímicas de los indígenas. 

Por la quebrada de El Chupadero hacia arriba, hacia la montaña, la corriente se abre campo entre peñascos abruptos y después de extiende en un remanso apacible. El lugar con su cascada, su lago y el tupido boscaje es asiento de otra leyenda, según la cual no se puede tocar el musgo y los helechos que cubren las rocas porque se corre el riesgo de quedar allí "encantado" para siempre al servicio del duende que es "dueño" del precioso paraje. 

Por esas montañas deambulan muchos duendes enamoradizos y vengativos. Las doncellas de la región temen andar por caminos extraviados, porque pueden ser objeto de persecución de uno de esos diminutos personajes. 

Una intrépida y valiente muchacha que se atrevió a transitar por allí acompañada de su menudo perro faldero, cuando en esto cruzó el camino un lindo guache color melado. Inmediatamente fue perseguido por el perro y enseguida por la niña; corrieron Dios sabe cuanto, pero el hecho es que fueron a  parar a la orilla de la laguna encantada donde el guache, acosado, degolló al perro de una tarascada y luego cayó al agua donde se ahogó. Fue un momento de dolor por la muerte del animal amigo y de temeroso recogimiento por la belleza del lugar y por la oculta presencia del duende. El chorro blanco de la cascada esparcía su música por todo el ambiente, los pájaros cantaban sobre los guamos, y en las peñas estaban los musgos y los helechos formando una cobertura como de terciopelo y encaje. Pero no era para quedarse contemplando esa enorme belleza, porque podía aparecer el duende y encantar a la doncella. Se echó atrás y emprendió la carrera para su casa donde apenas se podía referir lo ocurrido por el cansancio de la intensa carrera. la madre de la criatura, que era muy creyente, la rezó y la santiguó repetidas veces para librarla del hechizo. 

Todas las aguas de la montaña tienen su "dueño", y este interrumpe la fluccio´n de las mismas cuando así lo quiere; entonces es preciso ofrendarle tabaco, cocuy, carne y pan de tunja para que dé curso nuevamente al agua. No se puede echar suciedades en las quebradas porque se enoja el "dueño". Los niños que no se han bautizado no se pueden llevar al arroyo porque el misterioso personaje que anima las aguas "los deja exprimidos" luego de sacarles el alma. 

La reina María Lonza tiene su palacio en el interior de un cerro de la región. Se la describe de aspecto señorial y de prácticas bondadosas. Ella sabe dónde están los perdidos. Se le ofrenda cocuy, chimó y tabaco. Concede riquezas a cambio de los servicios del alma en sus dominios subterráneos. Tiene rebaños asistidos por las almas de sus protegidos. La Reina lleva corona y manto de oro. La solicitud de favores se hace por escrito, bajo sobre, y va acompañada de ofrendas; todo ellos lo debe llevar el interesado a una peña que existe en lo alto del cerro; después ha devolver por la respuesta que también será escrita. 

Para ir donde habita María Lonza se va por el camino de Villanueva, de Guarico, adelante más allá del Cacahual, en donde hay un cerro que se cubre de nubes cuando le duele la cabeza a la Diosa.

A cambio de las ofrendas concede una moneda de 5 bolívares que se va duplicando indefinidamente. María Lonza tiene dos hijos, varón y hembra respectivamente, los cuales suelen enamorarse de los visitantes de sexo contrario y entonces dejan a estos encantados dentro de los dominios de la Reina para llevar con ellos vida marital. 

La montaña era antes más selvática, pero se fue destruyendo el arbolado para plantar café y hacer conucos. Cada año hay menos selva y a la par van disminuyendo los ojos de agua y los manantiales. Sin embargo, aún cuando sean rastrojos conservan la belleza y lozanía de su vegetación. En los cafetales se cosecha la dulce legumbre de los guamos y la sabrosa pumarrosa. En el zarzal maduran las moras de ácidos frutos. En las sabanas se cosechan guayabitas sabaneras y las diminutas drupas del maíz de zorro. Ya en la selva se obtienen caimitos de carne blanda.

La gente de la montaña cree más en las supersticiones que en la religión pura. El culto de María Lonza lo heredaron de sus antecesor el indio; y le tienen fe porque en realidad hace milagros.




martes, 5 de octubre de 2021

NOTICIAS SOBRE EL MITO DE MARIA LIONZA



Francisco Tamayo 

Revista Nacional de Cultura 

Año XX - N 128

Mayo-Junio - 1958


DAMOS a continuación cuatro versiones referentes a este bello mito del folklore venezolano. La versión del Dr. Víctor Güerere agrega una nueva localización del culto de esta deidad aborigen que parece estar emparentada, si es que no se identifica completamente, con la Pacha Mama de los altos Andes peruano-bolivianos. 

En efecto, hasta ahora le conocíamos dos asientos o focos a dicho culto, uno en Lara y otro en Yaracuy; ahora se agrega el de Agua Blanca, en Portuguesa. Así vemos cómo se van ampliando los conocimientos referentes a esta apasionante vivencia de nuestro pueblo.


En Chivacoa, Yaracuy, se le rinde culto a María Lionza; en este culto actúa como sacerdotisa una señora pequeña y delgada llamada Rosa. Esta señora, cuyos servicios se solicitan previamente por los interesados, se traslada, seguida de los peregrinos, al cerro denominado Cerro de María Lionza, situado no lejos de Chivacoa, en cuya cima existe una cueva que es la morada de la "Reina María Lionza"; Rosa y su acompañamiento de devotos de la "Reina" recorren a pie la distancia que hay entre Chivacoa y la cueva; estos devotos provenientes de distintas regiones del país acuden allí para rendirle culto a María Lionza, solicitar sus favores o pagarle promesas.

Una vez ya en el santuario de María Lionza, Rosa por medio del hipnotismo, esto es, hipnotizando a alguna persona para que sirva de médium; si no hubiere persona adecuada, la propia Rosa entra en trance, y mediante un simple ayudante que previamente ha escogido entre los fieles, les da normas de actuación, y les provee recetas para resolver sus problemas y para cura sus males.


Uno de estos devotos de María Lionza me dijo en Caracas el 3 de agosto de 1957, que él no ha visto a la "Reina", pero que la concibe como una mujer que mide 1,63 a 1,65 m. de alto, de piel blanca, cara redonda, pelo muy largo, rubio y ondulado, ojos verdes.


En Chivacoa refieren que un guardia nacional que realizaba patrullaje forestal en el cerro citado, en compañía de dos guardias más, todos a caballo, vio a María Lionza cabalgando un caballo blanco, vestida de finas telas blancas; el guardia nacional la siguió hasta una cueva donde penetró seguida por aquél quien encontró grandes serpientes y fieras en el interior de la cueva, ninguna de las cuales lo atacó; permaneció allí extraviado, por largas horas, hasta que los otros guardias, guiados por las huellas, llegaron a la entrada de la cueva y de allí lo llamaron a gritos.

Francisco Tamayo

5-8-57.


LOS DON JUANES Y SUS CORTES


Duaca está surcada de quebradas y nacimientos de agua por el norte, por el noreste y por el sur; de ahí que tal vez, por inconscientes medidas conservacionistas de la imaginación popular, surgiera Don Juan de Guape con su corte de duendes, los cuales tienen como función especifica cuidar los bosques, los nacimientos de agua y los animales.

LEONZA


En Guape y en Guapito hay baños públicos que utilizan las aguas que nacen allí mismo (hoy esas aguas han disminuido notablemente); en consecuencia, hay mucha afluencia de gente. En tiempos pasados no era permitido dar muerte a las culebras que se encontraran en las cercanías de dichas fuentes, pues esto traería el disgusto de Don Juan de Guape y se secaría el agua.


Los duendes tienen muy baja estatura, hablan aniñado y usan enormes sombreros. Cuando es más factible encontrarse con ellos es en las primeras horas de la mañana, "por la mañanita", entre 5 y 7 a. m., o en las últimas de la tarde, pero esto no quiere decir que no aparezcan a cualquier hora del día, y más si la persona anda sola. Del encuentro con uno de ellos, si no se tiene la suficiente presencia de ánimo como para escapar rápidamente, se corre el riesgo de quedar "encantado", pues el duende le quita el alma, y este encantamiento se manifiesta por un estado de perenne éxtasis o atontamiento, que a la larga conduce a un debilitamiento general, con extrema palidez e hinchazón, lo cual sólo es curable mediante "ensalme", si se tiene la buena suerte de encontrar un brujo o bruja competente, que haga una buena "composición".

Tanto Don Juan de Guape como los otros duendes prefieren encantar niños, cuya alma pasaría más fácilmente a formar un nuevo duende.

Estos duendes son muy irritables, cualquier cosa basta para provocar su enojo, el cual se traduce en disminución del caudal de agua o enturbiamiento de la misma; entonces la gente no puede llenar las tinajas ni bañaderas.


La Reina Margarita.-

Esta tiene su "encanto" en las quebradas del Bracito, Barro Negro y Duaquita, al sur del pueblo.


Margarita es una mujer bellísima, de largos cabellos de oro, como también es de oro el peine que usa. Hace muchos años se le apareció a un próspero comerciante duaqueño y le ordenó que mandara pavimentar el fondo de la quebrada, orden que dicho comerciante procuró cumplir, no sin grandes pérdidas de dinero y de su salud mental.

En Perarapa, caserío cercano a Duaca, existe una laguna, hoy también muy disminuida, que también es propiedad de la Reina Margarita.

Caracas, marzo de 1957. Datos de Juana María Delgado, natural de Duaca,


EN POS DE FOSFATOS DIMOS CON EL CULTO DE MARIA LIONZA


Guiados por las informaciones suministradas por reproducciones del texto de Sievers, acerca de la existencia de un gran yacimiento de fosfato en Agua Blanca, sobre la Serranía del Pitiguado, en La Cadena de Portuguesa, nos dimos a localizar las cuevas de Los Jabillos, Guacamayo y Margarita. En la nueva carretera de San Rafael de Onoto a Agua Blanca, tres kilómetros antes de llegar a esta población, nos desviamos a la derecha, acompañados de un baquiano, hacia el sitio denominado La Cascada. Se trata de una bellísima caída de agua, quizás lo más bella que hayamos conocido en Venezuela. Cerca de La Cascada existe un chorro de agua y tomando un camino situado hacia la izquierda de éste, comenzamos la ascensión.

Después de una media hora de ascensión encontramos la boca de la cueva de Los Jabillos. Penetramos en ella y encontramos todo el piso cubierto de guano. Se nos dijo que se ha venido explotando y se explota actualmente dicho guano para el consumo local. Hicimos un recorrido como de cincuenta metros en el interior. Está poblada de murciélagos, con todo el piso de guano y las paredes de roca firme. Existen pocas estalactitas, casi todas destruídas por los visitantes. No vimos estalagmitas.

En el interior y en las cercanías de dicha cueva tampoco vimos los yacimientos de fosfatos de que habla Sievers. Comenzamos la búsqueda de las otras cuevas. Por los relatos que hacen los baquianos existen muy diversas cuevas en toda la zona, y de nuestra propia experiencia podemos afirmar que en las diversas colinas de la serranía del Pitiguado existen cuevas que aún no son conocidas ni han sido exploradas.

Se nos dijo que la cueva del Guacamayo es de difícil acceso y que éste se hacía especialmente difícil por la circunstancia de haber llovido. Desistimos de visitarla y nos dedicamos a localizar la cueva de La Margarita. Varias personas nos señalaron a don Pedro Soterano como la persona que conocía bien la ubicación de dicha cueva. Al llegar a su casa, en las afueras de Agua Blanca, nos encontramos con varios vehículos, casi todos matriculados en otros Estados.

Se nos dijo que don Pedro se encontraba desde el miércoles santo (era viernes santo) junto con un grupo de sesenta "hermanos", por el campo. Pero que no tardaría en regresar. Que tomásemos un camino hacia la izquierda y que con seguridad lo encontraríamos. Decidimos ir en su búsqueda. Avanzando por dicho camino nos tropezamos con Pedro Soterano hijo, y sostuvimos con él, más o menos, la siguiente conversación: 

-Oiga, amigo, a nosotros nos han indicado a su papá como la persona que conoce la vía para ir a una cueva denominada La Margarita, pero ya que lo encontramos a usted quisiéramos nos indicara la ruta que deberíamos seguir para llegar a ella.

-Ustedes están equivocados, por aquí no queda ninguna cueva.

-Nos parece imposible, porque todos nos han dicho que ustedes son los baquianos que llevan a la cueva, -No, debe ser una equivocación. Por aquí lo único que queda es el Palacio del Rey. ¿Quieren ustedes visitarlo?

-¿Un palacio? ¿Y de quién es ese palacio; qué tiene de particular?

-Eso es un secreto. Para podérselo decir se necesitaría que ustedes fuesen "hermanos". Además, yo les veo a ustedes en la cara que no creen, y no se puede llevar allá a personas descreídas, porque todos los que no tienen confianza y van, sufren un percance en el camino. Los espíritus se lo impiden.

 -¿Cuánto tiempo se necesita para llegar a la cueva?

-Al palacio, dirá. Figúrese que nosotros salimos de allí desde las doce y ahora que son las tres es cuando venimos regresando. Pero, ¿son ustedes iniciados? 

-No. Nosotros hemos venido porque nos han dicho que ustedes nos pueden llevar allá. Por eso le estamos pidiendo in formación.

-¿Ustedes traen ofrendas? Todos los que han venido, unos de Barquisimeto, otros de Ciudad Bolívar, y todas estas personas que pasan por el camino y que son hermanos, han traído sus ofrendas al Rey. Casi todos trajeron una caja de brandy. Y es muy particular que nosotros dejamos los litros allá destapados y el año próximo, cuando volvemos, el líquido está allí, pero el espíritu se ha ido. Pero como ustedes no son iniciados, podría dispensárseles la ofrenda.

-Nosotros no trajimos nada porque hemos venido de Ca racas a conocer las cuevas y no sabíamos nada de lo que usted nos dice. Pero si se tarda tanto para llegar allá, no podremos ir, porque ya es muy tarde y nosotros tenemos que seguir mañana temprano para Guanare. Pero díganos, ¿qué hay en esa cueva?

-Eso es un secreto. Además, yo no puedo hablar, por que sólo soy oficial y sólo mi papá, que es el jefe, podría hablar les sobre eso. Ahora, si ustedes quieren, yo los puedo llevar al Palacio de don Toribio que queda por aquí cerca y que podrían conocer ahora mismo.

Nos despedimos y seguimos adelante en solicitud de don Pedro. Nos encontramos con un anciano de aproximadamente sesenta años, mocho del brazo izquierdo, con una escopeta ter ciada sobre los hombros. Le dijimos el objeto de nuestra visito y nos dijo que por ser muy tarde no nos podría acompañar al Palacio, pero que si queríamos, al día siguiente podio llevarnos a la cueva.


Dijo que esa cueva es la morada del Rey Guaicaipuro, de la Reina, de Tamanaco, Tiuna y otros indios. Que es muy grande y consta de varios salones, algunos muy bellos. Que en su interior se oyen muchos ruidos producidos por los espíritus de los indios, los cuales algunas veces se enfurecen, y por eso les llevan ofrendas. Que se encuentran muchas estalactitas y que en el piso hay restos de recipientes indígenas destruidos por el tiempo, ya que, cuando se sacan, se vuelven polvo en las manos. Que ellos acostumbran visitar todos los años, durante los días de Semana Santa, la cueva, y que para esa romería venían muchas personas de Barquisimeto, Ciudad Bolívar, etc. Que él sabia que nosotros íbamos desde Caracas porque ya se lo habían comunicado. Que volviéramos en otra oportunidad, que él con mucho gusto nos acompañaba, y que si queríamos visitar el Palacio de Don Toribio, fuésemos hasta su casa.


Al retornar a la casa de don Pedro, éste nos hizo pasar, junto con unas veinte personas que lo seguían, a una pieza de la casa que forma una especie de santuario. Las personas que formaban la romería no eran campesinos. La pared del fondo. está materialmente cubierta de cuadros de diversos santos, hasta la altura del altar. Entre los santos se encuentra un cuadro de Guaicaipuro y otro de una india a quien llaman la Reina. Ambos gozan de igualdad con respecto a los otros santos. En una de las paredes del santuario, pero separados de los santos, se encuentran tres retratos de Simón Bolívar ornados con guirnaldas de papel. La mesa del altar está llena de paquetes de velas, litros de ron y brandy, agua colonia, jabón, tabaco y diversos paquetes de ofrendas de los visitantes. Frente a la mesa ha sido colocada una baranda en cuya parte superior nos indicó que cada uno de los visitantes prendiese una vela.


Luego de prender su propia vela, se persignó y en actitud sumisa se prosternó ante los santos. Al concluir dijo que podíamos partir, y preguntó si alguno de los presentes tenía alguna ofrenda. Uno tomó un paquete y se lo entregó. Nos dio un paquete de velas y partimos.


Caminamos como veinte minutos y llegamos a una quebrada que brota de la montaña, y la cual es de bastante caudal .Allí nos dijo que para penetrar en el Palacio debíamos pedir permiso a los Guardianes. Como el cauce de la quebrada no per mite el acceso al interior, a un metro de altura en la roca han abierto una oquedad que da a la quebrada en el interior de la roca. Ante esta oquedad se persignó nuevamente y después de rezar encendió una vela. Tomó un frasco de agua colonia del paquete que le habían entregado, lo destapó y roció la quebrada Tomó luego una mulita de ron del mismo paquete y siguió la aspersión. Luego le dijo al hijo que penetrara en la quebrada y que les prendiera una vela a los Guardias. Este se introdujo en la aquedad y nosotros lo seguimos descalzos por el lecho de la quebrada en el interior de la roca. El piso es de una piedra amarilla, el agua cristalina, el calor insoportable. Avanzando unos tres metros por el agua, prendimos las velas. Soterano hijo nos dijo que los espíritus apagaban las velas, lo cual sucedió al poco tiempo debido al enrarecimiento del aire. Subió un poco por una estrecha ranura y en lo alto prendió otra vela, que también se apagó Bañados en sudor salimos a la superficie.


Soterano padre dijo que ya podíamos penetrar en el Palacio, porque los Guardias habían dado permiso. Su hijo nos dijo que en un pequeño pozo que formaba la quebrada había estado hace poco la reina bañándose y conversando con ellos. Ascendimos un poco y llegamos a la boca de una pequeña cueva evidentemente descubierta por ellos y sin ningún interés. Muy cerca de la entrada se encuentra una cruz de madera con una guirnalda de papel. Allí se repitieron los rezos y las aspersiones de agua colonia. Al pie de la cruz estaban unos tabacos y unas monedas y restos de velas que habían sido encendidas. Allí se dejaron velas y nos dijo que podríamos seguir al interior.


Casi gateando penetramos unos cinco metros en un sitie muy oscuro y caluroso. En el confin interior se encendieron las velas que quedaban. Allí nos dijo- estaba la Virgen en la roca, y nos la señaló. Le dijimos que, pese a las luces, no veíamos nada, pero él se obstinó en señalarnos la cara, el cuerpo y las piernas. Evidentemente se trataba de un alucinamiento. Allí había también muchos tabacos. Se dejaron frascos de ron, de agua colonia y velas encendidas. En el piso había también unos cinco bolívares en moneda fraccionaria y unos collares hechos de monedas antiguas de Venezuela que habían sido horadadas. También había cartas. Una de ellas, que leímos, iba dirigida a don Toribio por un devoto, quien le pedía que le ayudara a sacarse un cuadro con seis caballos y que si obtenía la gracia le levanta ría un palacio digno de su memoria. Nadie nos dijo quién había sido don Toribio, ni a qué se debía el culto que le rendían. Agotados por el calor salimos a campo abierto.


Don Pedro Soterano nos dijo que algunas personas habían ido tullidas a ese palacio y que después le bañarse en la quebrada habían sido sanadas.


Así terminó esta excursión realizada el viernes santo, 16 e abril de 1954.

V. Güerere


MARIA LONZA


En el caserío Avispero, Municipio Guarico, Lara, dicen de María Lonza tal como la llaman- lo siguiente:

Es una señora como de 40 años, morena clara, pelo largo, negro y liso, más bien gorda que flaca, alta; es bastante seria, cara redondeada, sus facciones son como las de una mujer de los campos de Lara (no negra), es muy aseada, viste de blanco o morado, la cabeza suele tenerla envuelta en una tela blanca, burda como la del traje.


Vive en el cerro de El Llorón, en cuya cima hay casi siempre neblina o nubes. En este cerro existen bosques ricos en palmeras; la casa de María Lionza está en la parte media de la altura del cerro; se encuentra rodeada de sabanas; antes de la casa hay una gran peña en la cual habita una gran serpiente que sale al encuentro de quienes pretenden visitar a María Lonza, el visitante deberá dejarse besar de la serpiente y debe también dejarse hacer lo que ella quiera; entonces la serpiente regresa a su roca El visitante sigue adelante y llega a la casa de María Lonza, en donde lo recibe una hija de María Lonza, si el visitante es un hombre; o un hijo, si el visitante es mujer. Entonces le ponen de comer al visitante y lo ponen a dormir; a media noche María Lonza se presenta y despierta al visitante dormido. El visitante, quien para el efecto ha llevado una gallina grifa o riza, pan de Tunja, tabaco, perfumes y vino, le ofrenda todo eso y le pide bienestar y riqueza; ella le da un sajumerio" (sahumerio) y una moneda. Esta moneda será inagotable en manos del peticionario, quien dispondrá así de todo el dinero que quiera. Las ofrendas a María Lonza deberán repetirse cada 3 ó 6 meses; algunas personas lo hacen cada 8 días. El sahumerio se aplica a la ropa del visitante, quien deberá quitársela y entregarla a María Lionza para el caso; ella la trata y se la devuelve al adepto, quien en tanto permanece desnudo, en un cuarto oscuro en donde se efectúa todo esto, sin que el oferente haya visto a María Lonza, a causa de la oscuridad. Esto tiene lugar en el mismo cuarto donde él estaba durmiendo. Entre María Lonza y el visitante no existen relaciones sexuales, pero si la hija de María Lionza se enamora de ese hombre, o si el hijo se enamora de la visitante, según el caso, entonces, el uno o la otra deberán quedarse en la casa de María Lonza hasta que la hija o el hijo de María Lonza quieran, y llevar con ellos relaciones sexuales. María Lonza tiene pavos, gallinas grifas y palomas; no le gustan las vacas, ni los cochinos, ni otras clases de gallinas. Después del sahumerio María Lionza se presenta al oferente, y es entonces cuando éste la puede ver.

Uvenza de Yepes, 21 años, natural de Avispero, Guarico, Edo. Lara. 22-11-53.


lunes, 4 de octubre de 2021

La montaña encantada



Francisco Tamayo

El signo de la piedra

Universidad Occidental Barquisimeto 1968


Las montañas están dispuestas como en anfiteatro abierto al noreste. En el seno está el valle con el mosaico leve de cañaveral y el tono crispado de los cardones, de los cujíes.


La Sierra de La Portuguesa, dispuesta al suroeste y sureste, la Sierra de Barbacoas al noroeste. En el resto de espacio van los cerros de cal, color blanco sucio y escasamente poblados de sarmentosos arbustos.

Las altas montañas son fértiles porque allí caen abundantes lluvias están poblados de selvas vírgenes que a lo lejos tienen un tono azul donde ponen manchas el follaje de los yagrumos. Allá arriba están las fuentes del Río. Se inicia por pequeños manantiales de aguas límpidas y frías; por ahí y por ella se forman lagunas en dónde tienen asiento los "encantos". Hacia San Quintín en Zárate hay una laguna encantada con una gran serpiente que lleva en el dorso una gruesa macolla de paja; el ofidio es el "dueño" de la laguna y por ello se pasea al atardecer y cuando el día está lluvioso. Cerca hay otro "encanto", se trata de una gruta que posee una posa cristalina pero en el recinto no puede hablarse porque el "dueño" se enoja y desata contra el visitante imprudente millones de bravas avispas. Para los lados de San Isidro en Guarico hay también una laguna, cuyo "dueño" es una enorme serpiente defensora de los lirios y de las begonias que nacen en las riberas.

Los "encantos" lacustres son restos de antiguas creencias anímicas de los indígenas. 

Por la quebrada de El Chupadero hacia arriba hacia la montaña, la corriente se abre campo entre peñascos abruptos y después se extiende en un remanso apacible el lugar con su cascada, su lago y el tupido boscaje es asunto de otra leyenda, según la cual no se puede tocar el musgo y los helechos que cubren las rocas porque se corre el riesgo de quedar allí "encantado" para siempre al servicio del duende qué es "dueño" del precioso paraje.

Por esas montañas deambulan muchos duendes  enamoradizos y vengativos. Las doncellas de la región temen andar por caminos extraviados, porque pueden ser objeto de la persecución de uno de esos diminutos personajes.

Una intrépida y valiente muchacha que se atrevió a transitar por allí, acompañada de su menudo perro faldero, cuando ésta cruzó el camino un lindo guache color melado. Inmediatamente fue perseguida por el perro y enseguida por la niña corrieron, sabe Dios cuánto. Pero el hecho es que fueron a parar a la orilla de la laguna encantada donde el guache, acosado, degolló al perro de una tarascada y luego cayó al agua donde se ahogó. Fue un momento de dolor por la muerte del animal amigo y de temeroso recogimiento por la belleza del lugar y por la oculta presencia del duende. El chorro blanco de la cascada esparcía su música por todo el ambiente, los pájaros cantaban sobre los guamos, y en las peñas estaban los musgos y los helechos formando una cobertura como de terciopelo y encaje. Pero no era para quedarse contemplando aquella peligrosa belleza, porque podía aparecer el duende y encantar a la doncella. Se echó atrás y emprendió la carrera para su casa donde apenas podría referir lo ocurrido por el cansancio de la intensa carrera. La madre de la criatura, que era muy creyente, la rezó  y la  santiguó repetidas veces para librarla del hechizo.

Todas las aguas de la montaña tienen su "dueño" y éste interrumpe la fluxión de las mismas cuando así lo quiere, entonces es preciso ofrendarle tabaco, cocuy, carne y pan de tunja para que de curso nuevamente al agua. No se puede echar suciedades en las quebradas porque se enoja el "dueño". Los niños que no sean bautizados no se pueden llevar al Arroyo porque El misterioso personaje que anima las aguas los deja "exprimidos" luego de sacarles el alma. 

La reina María Lionza tiene su palacio en el interior de un cerro de la región. Se la describe de aspecto señorial y de prácticas bondadosas. Ella sabe dónde están los perdidos. Se le ofrenda cocuy, chimú y tabaco. Concede riquezas a cambio de los servicios del alma. En sus dominios subterráneos tiene rebaños asistidos por las almas de sus protegidos. La reina lleva corona y manto de oro. La solicitud de favores se hace por escrito, bajo sobre, y va acompañada de ofrendas; todo ello lo debe llevar el interesado a una peña que existe en lo alto del cerro; después a devolver por la respuesta que será también escrita.

Para ir donde habita María Lionza se va por el camino de Villanueva, de Guarico adelante, más allá del cacahual, en donde hay un cerro que se cubre de nubes cuando le duele la cabeza a la Diosa.

A cambio de las ofrendas concede una moneda de 5 bolívares que se va duplicando indefinidamente. María Lionza tiene dos hijos, varón y hembra respectivamente, los cuales suelen enamorarse de los visitantes de sexo contrario y entonces dejan a estos encantados dentro de los dominios de la Reina para llevar con ellos vida marital.

La montaña era antes más selvática, pero se fue destruyendo el arbolado para plantar café y hacer conucos.

Cada año hay menos selva y a la par van disminuyendo los ojos de agua y los manantiales. Sin embargo aún cuando sean rastrojos conservan la belleza y lozanía en su vegetación. En los cafetales se cosecha la dulce legumbre de los guamos y la sabrosa puma Rosa. En el zarzal maduran las moras de ácidos frutos. En las sábanas se cosechan guayabitas sabaneras y las diminutas drupas del maíz de zorro. Ya en la selva se obtienen caimitos de carne blanca.

La gente de la montaña cremas en las supersticiones que en la religión pura. El culto de María Lonza lo heredaron de su antecesor el indio y le tienen fe porque en realidad hace milagros. Pero milagros hace cualquiera el asunto es que se le tenga fe. "La niña convertida" hacía milagros. Era una mujer de carne y hueso. Vivía en Avispero. Hizo milagros mientras fue doncella, con el matrimonio "se dejó de eso" y no volvió más a hacer milagros, entonces paso hacer sencillamente la señora Felipa. En cambio hay mujeres que hacen milagros en la edad crítica, pues entonces adquieren poderes sibilinos y se intelectualizan.

"La niña convertida", tal cómo era conocida en la región, tenía un altar lleno de imágenes con velas y lámparas encendidas, en dónde oficiaba para impresionar a los devotos. Es una mujer rolliza y muy seria. Tenía conciencia y dominio de sí y de su profesión. Manejaba los campesinos a su modo y pasaba como irte intérprete de los santos.

 A este título recibí atributo de su clientela que venía de muy lejos a consultarla y pedirle favores. En cambio le traía animales domésticos dinero y toda clase de regalos. Los primeros en creer en esta mujer eran sus padres, Ño Rosendo y su mujer quiénes se hincaba nante ella y le pedían la bendición. Los demás creyentes asimismo puestos de hinojos le confesaban sus cuitas y sus problemas. 

Donde se vive en completo contacto con la naturaleza simple de las cosas, no es difícil identificar al hombre con la divinidad. Basta ser un poco más despierto y habilidoso y ¿por qué no? tener ese don de adivinación y curación que existe en muchas personas, aún cuando no se ocupen de ello.  Si a esa condición se agrega un poco de espíritu de persuasión, ya se pueden hacer milagros. En estos campos no hay malicia. Incluso La Niña Convertida era sincera. Ella creía en la veracidad y honradez de lo que hacía.

La majestad de la selva impresiona como un templo. Hay un misterio que sobrecoge en las columnas rectas de los troncos y en la penumbra del follaje. Después, hay un silencio en donde el menor ruido cobra una magnitud enorme. Se oye más limpio el canto de los pájaros, y las pisadas del más chico animal parecen que fueran las de una bestia muy grande. Hay tanta variedad en las formas de las lianas y de las hierbas: son tan diversas las flores y los frutos, hay tantos animales temibles e inesperados que el ánimo se mantiene en suspenso y amedrentado. No se ha terminado de salir de una sorpresa cuando surge el temor; de allí, se pasa a la admiración o al recogimiento. Y así de emoción en emoción, termina el hombre por quedar anonadado.

La religión del montañés resulta una mezcla del catolicismo con las reliquias del paganismo español y del indígena americano, influenciado todo ello por el ambiente de la montaña y de la selva.

En cuaresma no se puede cazar. Enviar mensaje no se puede buscar leña, ni tender el pan y está vedado bañarse porque quién se bañe se convierte en pez. En cuaresma anda suelto el diablo; el silbador y el hachador se encuentran a cada paso en la montaña. Durante la Semana Santa es malo fornicar. El viernes Santo no se hace ninguna clase de trabajo porque con ellos se le mortifican las llagas a Cristo. Las mujeres pueden cocer pilar y moler hasta el miércoles Santo las 12 del día; de ayer en adelante deberán abstenerse para no herir a Jesús. 

La selva tiene su fauna característica. El tigre, el león barreteado y la macaurel son los animales más temibles; la pereza, el mono y la ardilla los más graciosos; picure, lapa y venado los más comestibles; gallineta, paují y guacharaca son las aves más codiciadas por sus carnes; diostedé, tucán y arrendajo son los pájaros más hermosos; pero ningún animal como el "salvaje" u oso frontino.

Frecuentemente se le ve caminar en dos patas como los seres humanos; las patas delanteras se parecen mucho a as manos de hombre, y el sexo de los machos es semejante al de los humanos. Luego de cazado, todo se aprovecha, hasta os huesos y la manteca, pues los primeros sirven para darle fuerza a los niños raquíticos y la segunda los hace caminar cuando se aplica a las articulaciones. Pero lo más notable del salvaje no son los usos mágicos de sus órganos, sino la propensión que tiene este plantígrado a enamorarse de las mujeres encintas. Refiere la leyenda que en una ocasión estaba Ana Julia lavando en la quebrada, en estado de embarazo, cuando en esto vino un oso y la raptó; se la llevó a la copa de unos árboles altísimos en donde la alimentaba con frutas; allí la tuvo mucho tiempo como coyunta sexual, y para evitar que se escapara le lamía las plantas de los pies para mantenérselos "niñitos" o sea tan delicados que no pudiera pisar con ellos. Pasó el tiempo y ya los padres daban por perdida a la mujer, cuando unos cazadores acertaron a pasar por allí; Ana Julia no podía hablar de la emoción, pero entonces les tiró frutas desde arriba y los cazadores lograron verla; treparon al árbol y la bajaron, luego la condujeron a casa de su esposo en el vecino caserío. El oso no se conformó con su soledad y todas las noches iba a aullar lastimosamente a la puerta de Ana Julia, el marido de la mujer temiendo que se produjera otro rapto, lo mató.

Los campesinos tienen costumbres de antiquísimo abolengo y todavía las practican en los más apartados rincones, hacia Los Aposentos, Curumato y Mijino en el corazón mismo de la montaña. Así, por ejemplo, acostumbran echarle una fuerte cueriza a la esposa, en los ocho primeros días de casados, para que la mujer se acomode y sepa a que tenerse con respecto al marido.

En la temporada lluviosa frecuentemente pasan días en los que no se ve el sol, sino un solo llover a todas horas. Entonces arrequinta más el frío, hay una grave nostalgia en el paisaje y en el ánimo. Como siempre hay que salir a ver los animales domésticos, a buscar leña y vituallas, no queda más recurso que echarse al agua. El barro llega hasta las rodillas, y la humedad penetra en los huesos. Adentro de las casas, en la cocina, se apiña la gente para tomar un poco de calor, pero el humo de la leña mojada se mete por las narices y los ojos. En los patios y en las futuras de los ladrillos saltan presurosas las niguas que luego se hunden en los pies de los niños y de los cochinos; en las gruesas cobijas de dormir hay pulgas y cochochos. Otras veces son las drosófilas de la frutas maduras las que hostigan a los pacíficos campesinos, pues se les meten por la boca, ojos, narices y oídos. En el campo abierto atacan los jejenes. El tuntún y las lombrices minan la salud de los adultos y muchachos.


-Pedro se puso jipato de puro tuntuneao.

-Joseito echa los bojotes de lombrices cuando va al

monte a obrar.

-Juan María está patojo de tantas niguas que tiene; hay que sacárselas por rebanadas.


Por esta época no hay trabajo en las haciendas porque ya ha terminado la cosecha del . Los peones con el escaso jornal que ganan no pueden guardar nada, antes bien siempre están endeudados con el patrón. La misma cosecha de conuco, si lo hay, se consume en los primeros días del "verano", de modo que después hay que sufrir las necesidades del estómago. Son "los meses de la jambre"

-No es nada que uno aguante; lo que da lástima son los muchachos, -Apunta Pablo Antonio al pensar en las privaciones a que están expuestos sus hijos. A veces pasan todo el día con un cambur verde asado..

Raíces y cacería es la alimentación durante mayo, junio, julio agosto y setiembre. Ya en octubre se produce un poco de pira. La cacería es muy eventual; hay que vigilar de noche y a veces no se consigue nada. Los buenos cazadores imitan el canto de las aves cinegéticas para atraerlas y matarlas, o pasan horas inmóviles, durante la noche fría, en espera de una lapa o de un picure. Es el hambre que tiene imposiciones muy duras.


El sol de los venados pone luces violetas en las cumbres lejanas. De la selva, arriba, baja la neblina cubriendo el azul de la montaña misteriosa. Los azahares del cafetal esparcen un suave aroma por los callejones de las haciendas y por las empinadas cuestas de la serranía.

domingo, 29 de agosto de 2021

María Lionza, diosa bucólica que se venera actualmente en Venezuela.

"María Lionza, diosa bucólica que se venera actualmente en Venezuela. Sus sacerdotes le inmolan la virginidad de muchas niñas".



En: El Nacional
 27 de febrero de 1943

El distinguido profesor y naturalista venezolano señor Francisco Tamayo, pronunció en la tarde de ayer una interesante conferencia en los salones del Instituto Cultural Venezolano-Británico acerca del Mito de María Lionza, arcaica tradición que vive en la conciencia popular, a pesar de la oposición del clero y gobiernos.


El profesor Tamayo ha recogido impresiones personales de cuanto relato en su disertación y por eso sus son ajustadas en un todo a la realidad. 

"El Área de dispersión de la creencia en María Lionza, apunta el profesor Tamayo, abarca el territorio del Estado Lara, excepción hecha, quizá, de los términos de Carora; valle del Yaracuy hasta el mar; serranía de Nirgua;  Distrito Silva del Estado Falcón; zona norte de Portuguesa y Cojedes y más o menos mistificado, se extiende hasta Carabobo, Aragua, Guárico, Miranda y Distrito Federal. Es una teogonía indígena que comprende varios dioses venerados con cultos especiales por las gentes sencillas de los campos.


María Lionza es un dios bucólico que vive apaciblemente en la espesura de los bosques, en las aguas remansadas en las grutas llenas de misterio. Es dueña de los animales de caza de las plantas silvestres, de las fuentes, ríos, lagunas y lluvias de los cerros, de los vientos y de las nubes. Se la suele describir como una mujer hermosa que esta en su palacio  peinando sus largos cabellos con un peine de oro o recorriendo los campos usando como cabalgadura una danta. La reina María Lionza tiene otras deidades subalternas apellidadas Don Juanes que gobiernan el viento, el huracán, los caninos, etc. y espíritus como Francisquito, portero que vive en Yaritagua y vigila la entrada a la morada de la Reina. También se veneran, la Nina María, la Niña de la Palma, Juan el Grandote y otros.


Todas estas divinidades que parece extraño sean veneradas en la época actual, tienen sus sacerdotes de carne y hueso, educados especialmente entre los habitantes de las regiones mencionadas.


"A estos sacerdotes, apunta el profesor Tamayo, para iniciarlos en el culto, hay que regalarlos pródigamente: la primera ceremonia consiste en someter al novicio a un sahumerio de incienso, mirra y estoraque; la segunda consiste en fumarse un tabaco todos los días "al filo de la media noche lanzando el humo hacia los cuatro puntos cardinales e invocando a los espíritus para que les sean propicios y los acepten en la cofradía"


Hay una tercera ceremonia en la cual queda definitivamente consagrado el sacerdote y listo para saber el futuro, trasladarse donde quiera, poseer riquezas, curar enfermedades etc., etc.


Los sacerdotes son los conocidos "brujos" que andan explotando la credulidad de las gentes y cometiendo actos verdaderamente punibles como el que ocurre en el caserío Los Chucos, en el Estado Yaracuy, donde es frecuente el caso de que muchas mujeres ofrendan la virginidad de sus hijas a los sacerdotes o mojanes, en pago de promesas hechas a los dioses de las teogonías que se veneran, encabezadas por la reina María Lionza.


El conferencista relató admirablemente los orígenes de los bailes como la "Tura" hechos en honor de los dioses y relató la historia de otros dioses y espíritus que viven en la creencia popular. Finalmente leyó el profesor Tamayo una oración que venden actualmente en el mercado de Caracas, al precio de una locha, y cuyo texto es el siguiente:



 Por lo referido por el profesor Tamayo en su conferencia se trata de una religión autóctona formada por creencias negroides, influencias de astrología y orientalismo, una de cuyas ramas con sede en Caracas, como lo cita Antolínez, es la Gran Logia Tradicional Atlantes.